miércoles, 24 de noviembre de 2010

SOBRE LA MARCHA: Y llenarás las ondas de ruido

La radio soltaba sus notas musicales dando entrada a las noticias de las nueve de la noche en clara competición con la sintonía de la televisión que anunciaba exactamente lo mismo a la misma hora. Confundiéndose las dos sintonías y haciendo un esfuerzo de imaginación, casi se entrelazaban las dos músicas como si una, fuera consecuencia de la otra. Como una variación sobre el mismo tema, sin saber cuál de las dos era la raíz y cual la rama. Cuál el original y cuál la copia. En casa siempre se ha tenido la televisión en el salón, ocupando el mejor sitio de la casa y encendida. Cuando hablo de mi casa me refiero a la casa de mis padres porque la que comparto con el hombre que se dice mi marido, esa, no la considero ni mi casa ni nada mío. Aunque, bien es verdad, tampoco quiero que se la quede toda…En fin desde que la primera persona, hijo, hija o marido, entra en casa y antes de quitarse nada, se busca desesperadamente el mando de la televisión y ya no se suelta. Es un ritual. Una vez encontrado y conectado el canal, cada uno a su gusto ahí se queda, con el consentimiento tácito de todos. Aunque el resto no le interese para nada lo que ha impuesto bajo una dictadura férrea el amo del mando hasta que por un desgraciado descuido se lo quite otro cualquiera y entonces será automáticamente cambiado el canal. Así ocurre permanentemente en casa y yo ya he desistido de ver nada cuando hay alguien más que yo. Hace años que no se ve un programa entero. Creo que nos hemos metido en una espiral, que lo de menos, es lo que ponen sino el hacer lo posible por ser el amo del mando. Una vez pasado el ritual de buscar y encontrar el mando se empiezan a poner cómodos o como decirlo a buscar posiciones: el chico con las botas esas gordotas que no sé muy bien para qué se las compré, porque se puso tan pesado que no tuve más remedio. Pero me arrepiento porque parece un chico a unas botas pegado o que se las ha puesto encima de una escayola, tal y como llegan, siempre sucias, pero a veces mojadas o llenas de barro, esas botazas se ponen encima de la mesita. Tiene el detalle de apartar las cosas que le molestan orillándolas a la otra esquina justo para que quien venga un tanto despistado le dé y se vaya todo al suelo. Como estoy tan harta he puesto el cenicero tan horroroso que me regaló mi suegra, tan mona y delicada ella, tan detallista la pobre. Pero eso no se rompe nunca. Empiezo a pensar que está maldito. La niña, también un tanto descuidada en sí misma, vaya, para consigo misma, se tira materialmente en el sofá y se abandona hasta que la llaman por teléfono que solo en ese momento reacciona de su letargo y es capaz de levantar el culo a unas velocidades desconocidas en la casa. Qué decir de mi gandul, ese llega tan cansado todas las noches que no puede, en eso no me quejo, ni articular palabra. A ese le descalzaba la imbécil de su madre todas las noches. La llamo imbécil no porque sea mi suegra, sino por la humillación que aguantaba con las bestias que tenía en casa. Yo desde luego no lo he hecho nunca…bueno tal vez muy al principio cuando toda la casa y nuestros cerebros estaban pintados de rosa. Cuando no había más muebles que la cómoda y la cama. Bueno y una mesa camilla que servía para casi todo. También él me traía el desayuno a la cama los sábados y los domingos se bajaba un rato antes de que yo abriera los ojos, a comprar los churros y el periódico y nos quedábamos en la cama el resto de la mañana: digamos que aprovechando el tiempo…Nos daba la juventud, la ilusión y los sueños, para esas cosas y para muchas más…
Mientras que en la cocina siempre nos ha gustado tener la radio. La verdad es que si hablara en singular sería más exacto. La radio me deja pensar, cerrar los ojos y prestar más atención en lo que dicen. Las voces que tienen cada uno de ellos. Me gusta también cómo lo dicen y en los anuncios me gusta revivirlos como si estuviera viendo la tele. Es esa forma de fantasear que no quiero perder a pesar de que el tiempo pase. Llegado el momento de las nueve de la noche, cuando ya todos estamos en casa, a mí me anuncia mi radio la hora de la cena y como en una larga lazada melódica desde el salón, oigo de lejos la sintonía del otro aparato y me emociona el cálido abrazo de las notas en el largo pasillo de la casa.

sábado, 6 de noviembre de 2010

SOBRE LA MARCHA: Casi el sueño perfecto

Cruza las piernas una y otra vez con movimientos compulsivos. Se muestra nerviosa aunque seguramente no lo está. Tan solo es una pose. En un primer momento él, que está sentado justo enfrente de ella, mira su movimiento rápido, justo, preciso, casi certero como el de un ave a punto de ejecutar una presa, pero pronto decide seguir con la mirada perdida en los dibujos que desde hace un rato le está regalando el suelo. Otro cambio rápido de piernas como llamando su atención, advirtiéndole, como te despistes te lo pierdes, Que se fije, se tiene que fijar. Así, despacio y cada vez un poco más. Que se concentre para ver en directo lo que tantos y tantos hombres vieron o más bien intuyeron, en el cine y que el moreno de enfrente como siga así se lo va a perder y eso que se lo voy a servir en bandeja de plata, en vivo y en directo. ¡Ah! y sin más aliño que la propia piel tal y como deben hacerse estas cosas…No me cabe duda de que se trata de un imbécil integral, no se entera de nada por más cruces de piernas que hago, cada vez a mayor lentitud, está claro que me he tropezado con el imbécil de la mañana. Ahora parece que trata de fijarse más, Ahora parece que está más concentrado. Se lo voy a subrayar. Si lo llego a saber me lo pinto de fosforito… ¡Ya! ¡Por fin! Acaba de parpadear dos veces. Ha cerrado los ojos fuertemente una vez, seguida de otra más suave y ya no va a ser capaz de quitar la vista de encima. Voy a dejárselo ver unos instantes para que se deleite…y…arriba esa pierna. Ahora parece que el pobre lo debe de estar pasando muy mal. A ver hasta dónde es capaz de llegar. Pero yo me lo estoy pasando en grande para ser tan temprano. Y ahora otra vez…un ratito…y aúpa mi pierna bonita. Está perdido en un mar de dudas. Se desasosiega y mira a los somnolientos que tiene sentados a su lado como para hacerse con algún cómplice, pero a esas horas de la mañana cada cual está tratando de rebuscar entre sus sueños algún significado o simplemente, en esa corta vigilia que existe entre la cama y el trabajo, esforzándose en no olvidarlo. El del moreno de enfrente parece que ha sido un tanto erótico y que con la ayuda del traqueteo del metro aparece para hacer del trayecto al trabajo, la continuación del momento feliz que le ha brindado la noche. Esboza una sonrisa pero sin poder compartirla con nadie. Ya lo ve, todo el mundo está en lo mismo menos la chica que tiene enfrente y que tan solo ha cruzado una mirada con la suya cuando ha levantado la vista del libro que a tenor de su concentración parece tenerla subyugada sin poder pegar ojo. Solo eso.

domingo, 24 de octubre de 2010

SOBRE LAMARCHA: En Guadix con el tatarabuelo

Enseguida, en cuanto llegó y puso los pies en el suelo de lo que hubiera podido ser su tierra natal y de lo que había sido la tierra de sus antepasados, exhaló un suspiro de alivio como si durante todo el camino desde Madrid hubiera aguantado la respiración. Respiró tres veces tomando fuertes, excesivas, bocanadas de aire lugareño, volvió a exhalar por tres veces y una vez hecha esta operación dio un gran grito de júbilo con los puños apretados mirando al cielo. A muchos paseantes les hizo girar sus cabezas y a los que estaban más cercanos, un respingo de susto. Todo su cuerpo quedó impregnado de ancestros como si hubieran venido a darle la bienvenida y de paso, alguna que otra reprimenda cariñosa por su tardanza en visitarlos. Sintió ganas, una vez que quedó libre de las bolsas de viaje, limpio de sudor con una buena ducha y lleno el buche con las primeras viandas lugareñas en el primer bar que se encontró justo en la misma plaza dónde se hospedaba, de visitar los sitios que había leído una y otra vez en el periódico semanal que había fundado su tatarabuelo, José Requena Espinar en el último cuarto del siglo diecinueve. A pesar del tiempo transcurrido, más de un siglo, o a lo mejor por esa razón y como si de una guía turística actual se tratase, no tenía duda alguna de que la mayoría de aquellos sitios debían de seguir en pie. Su desaparición no entraba en su cabeza. Su valor histórico no era cuestionable. Pero en ese viaje no iba buscando eso, sino hacer realidad la cantidad de historias que arrastraban sus calles y casas, sus parques y rincones y de las que había oído contar a la familia tantas y tantas veces. “No se te olvide pasar por donde la pipera Fita en la plaza de las palomas, que ya la pobre no estará porque era algo mayor que nosotras, pero que seguramente alguno de sus hijos se habrá quedado con el negocio. Y por supuesto no dejes de ver por fuera y por dentro, que no se te va a pegar nada, la catedral. Bueno - estiraba los brazos todo lo que podía como para abarcar o abrazar las piedras de la catedral – a nosotras, tan pequeñas como éramos, nos parecía tan grande todo aquello como la de la mismísima capital, que solo habíamos visto en fotos postales de las que se hacían antes. ¡Dios mío! cuántos golpes en las rodillas nos habremos dado con los cantos de los reclinatorios y cuántas veces nos habremos desollado por las piedras del suelo correteando por los pasillos en plena misa, con esos ecos secos que producían nuestros gritos"... Pero lo que sin lugar a dudas quería y casi había sido el motivo del viaje era la visita a la tumba de su tatarabuelo muerto en la primera década del siglo veinte. Había visto su nicho en internet a través de un blog que alguien, no anónima pero sí desconocida, había colgado y que le había abierto las ganas de ir a ese cementerio y presentar sus respetos a ese trozo de piedra y nada, que debía de ser después de un siglo. Pero para él era como un símbolo, como la única explicación de tanta cabezonería de andar jugando con las palabras sometiéndolas a sacrificios tal vez del todo innecesarios desde su más tierna infancia. En fin algo que nunca había hecho antes, ya no por los allegados conocidos contemporáneos que a esa edad no eran pocos los que iban llenando los agujeros, si no por sus propias creencias de que en definitiva no es nuestro cuerpo lo que queda cuando deja de respirar. Su idea de inmortalidad, de la resurrección de los muertos y la vida eterna, le sonaba muy lejano, a curia mala, tanto o más, que la fecha del fallecimiento de su tatarabuelo. Decía que le había tomado un cariño especial pues no paraba de leer todo lo que había escrito en su, seguramente pequeño semanario para una, por aquél entonces, pequeña localidad de la sierra granadina. Pero lo que sin duda sentía era una obsesión exacerbada aunque bien fundamentada por conocer algo más de sí mismo: El Accitano se llamaba. Lo que sin duda le parecía lo más curioso del tema es que nunca había estado menos de acuerdo con alguien en su concepción de la vida, en su sentido espiritual, pero seguro que su tatarabuelo y él hubieran pasado grandes veladas juntos, al lado de la lumbre, con un vaso de vino en la mano escuchando durante largas horas las palabras de un hombre sabio, sobre lo divino y lo humano, que de todo sabía ese gran señor…

jueves, 7 de octubre de 2010

SOBRE LA MARCHA: No siempre es lo que parece

Me aburro soberanamente: Me aburro de ver, de oír, de sentir, de ir y de volver, todo tan rutinario, todo tan marcado. No sé cómo la gente de mí alrededor no lo ve, o no lo oye, o no lo siente. Sencillamente no se cansan de la vida que llevan o es que lo llevan con tanta dignidad que no soy capaz de darme cuenta. Pero a mí me parece que es como que la historia no va con ellos. De una cosa estoy convencido y es que debe de haber gente como yo, que siente lo que yo siento, que sufre por las cosas que yo sufro y que aguanta lo que yo aguanto a diario. En todo caso no puedo creer que se esté completamente solo en este mundo. Así que, amigo, que sientes lo que yo siento y que no puedes quedarte impasible, dime algo, hazme una señal, muéstrate como amigo y échame una mano. Hace años que nos atacan con tanques y nosotros les respondemos con piedras. Hace años que utilizan armas que no he visto jamás pero que he visto su capacidad de destrucción. Esas armas que alguien ha diseñado y alguien ha construido y que tienen una gran capacidad de matar, aunque ellos se escuden en la defensa del enemigo y demás eufemismos para tapar la realidad. Deben de tener armas muy sofisticadas que pueden manejar desde el sillón de su casa viendo una película del oeste, castigando a su hijo por no meterse en la cama cuando se le dice y apurando las últimas gotas del licor que un colega ha mandado burlándose de todos los controles. Y todo a pulso de botón. Hay zonas, por lo general las más próximas a la franja de separación, ahora muro de hormigón de bastantes metros de altura, que están totalmente destruidas, que no queda piedra sobre piedra y que mi única diversión es acercarme lo más pegado que me deja el sentido común, escalar los escombros de una de tantas casas y tratar de ver más allá de lo que la vista me alcanza, la otra zona, la zona que nos aniquila, la zona que nos odia tanto como para no dejar ni uno solo de nosotros vivo: hombres, mujeres, ancianos y niños. Sin hacerle asco a la palabra masacre. Y me pregunto el por qué de que esta tierra valga más para ellos que casi para nosotros que somos los que vivimos en ella desde hace cientos de años. Ceo que en otras tierras lejanas habrá gente como yo, que sufra como yo. Que sienta lo que yo siento y que se aburra soberanamente de estar siempre en el mismo sitio. Oyendo lo mismo, contemplando la destrucción de mi mundo y pensando en lo que se hará mañana…Mientras tanto hay un hombre en coma, desde hace tantos años que ya ni me acuerdo de él, que entró como un poseso, en desbandada, como queriendo solucionar lo que para ellos siempre ha sido un problema, pasando por las armas a dos numerosos asentamientos, organizando un escándalo a nivel mundial y el mundo no le castigó nunca. Solo la vida que en tan pocas ocasiones se acuerda de castigar a alguien, fue capaz de dejarle fuera de juego momificándole en vida, eternizando su desaparición como castigo a lo que nunca debió de hacer. Lo triste es que todo sigue igual, aunque a veces parezca lo contrario, porque no siempre es lo que parece…

miércoles, 15 de septiembre de 2010

SOBRE LA MARCHA: Y yo sin desayunar...

De la misma manera que Nadal coloca las botellas en el campo, el personaje coloca los tres bolígrafos, uno de cada color, en fila, sin perder ni la verticalidad y la horizontalidad. Siempre con su capuchón en la punta, los que descansan sobre la mesa y con el capuchón en la trasera el que trabaja. Este se ve profundamente atenazado por todos los dedos que quedan casi blancos, sin sangre, de lo que aprieta y esa fuerza se ve claramente reflejada en el papel que casi se ve taladrado. La tinta de cada bolígrafo demuestra que al interfecto le gusta más escribir en azul que en negro. Las notas tomadas en rojo, tienen más importancia, que las que van escritas en azul. Las que van escritas en negro tienen algo más de importancia que las escritas en azul pero bastante menos que las que lo hacen en rojo. Las notas en azul subrayadas en negro son menos importantes que las que se subrayan en rojo. Y así sucesivamente. Es decir y por deducción lógica la máxima expresión en cuanto a importancia es el color rojo subrayado en rojo. Es metódico, es circunspecto, es silencioso. Se sienta en la silla como con ganas de pasarse largo tiempo consultando los libros de la pequeña biblioteca. El aspecto es desaliñado, casi sucio, la barba cerrada y negra de una semana, el escaso pelo ralo y con el aspecto de no haberse llevado agua jabonosa durante algunos días. Los vaqueros negros sin cinturón que lo sujete y por ello descolgados. Una camiseta blanca de las que se utilizan en la costa o para estar en casa con un mensaje publicitario. Los zapatos son mocasines en negro despellejados en la puntera, no veo el remate del talón, pero lo imagino. En fin el aspecto en general es de persona que sugiere casi sentimiento de pena. Aunque nunca se sabe, el aspecto engaña, en no pocas ocasiones ese sentimiento se ha vuelto contra mí y me ha supuesto desengaños. Así que no diré nada al respecto. Sí, en cambio, la apariencia es de un hombre de los que se dicen de gran riqueza interior. Muy metido en sus papeles. Muy metido en sí mismo y con cierto miedo cuando se dirige a ti para pedir algo. Son de los que prefieren no hablar para no meter la pata. Siento curiosidad por ver las notas que está tomando. No tanto por lo que pone, que será técnico y no entenderé, sino más bien de cómo lo pone. Si la formación de las notas tiene algo que ver con su sistema, con la estructura de su cabeza. Me levanto, paso detrás de él y no veo nada. No quiero ser descarado aunque a la vuelta iré más despacio y lo veré. No me puedo quedar con la curiosidad. Me las imagino como efectivamente veo que son: pequeñas, pequeñas en exceso o excesivamente pequeñas, muy pegadas unas a otras no queriendo desaprovechar el papel y como escribiendo solo para él y sin ninguna ganas de compartir los secretos que va desenmarañando de los libros que de cuando en cuando se lleva a la mesa. Lee, asimila y después y con el libro cerrado escribe lo que ha leído. Esa es la diferencia entre copiar cada palabra y poner ese esfuerzo que requiere la lectura inteligente…hace más de dos horas que está y no ha parado. Está concentrado sin perderla en ningún momento: supongo que eso serán horas de entrenamiento porque yo me desconcentro con una mosca. Se ha levantado a mear ¡qué descanso! Vuelve escoge algún libro de las estanterías y empieza de nuevo, aunque esto último, en pocas ocasiones. No ha parado de tomar notas y con tanta fruición que me da la sensación de que se lo quiere llevar todo esta mañana. Ya podría dejar algo para otro día. Pero me da que es de los que aprovechan el viaje ya que ha venido hasta aquí. Y yo sin desayunar…

jueves, 9 de septiembre de 2010

SOBRE LA MARCHA: El cajón de los papeles perdidos

Se quedó atascada. Siempre, en su ya dilatada vida, le había pasado esto mismo. El ímpetu de unos días contrastaba con los siguientes de absoluta indolencia. No había larga continuidad. Nunca la hubo y eso fue su gran fracaso. Esa cabeza que estando al cien por cien podía dar mucho de sí, se quedaba como seca, como sin ideas, en cuanto se retorcía por lo más nimio. Siempre fui de la opinión que más que quedarse sin ideas conseguía, no sé cómo demonios lo hacía, aletargarlas en alguna parte de su cerebro y allí permanecían hasta el siguiente brote impetuoso, o lo que la familia creía que era lo aparentemente lúcido. Esas ideas tan brillantes salían de su letargo a borbotones y hacía sorprender a propios y extraños. Una y mil veces era lo mismo, durante muchos años de su dilatada vida. Obras inacabadas por sus lagunas, obras inabarcables por su desmesura, obras que dormían semanas o meses enteros el sueño de los justos en el cajón de sus papeles perdidos que era su cabeza. Se daba cuenta. Ya lo creo que se daba cuenta, aunque a nadie decía nada. Tan solo una vez me dijo en el más absoluto de los secretos, que para ella recuperarlos, era como reverdecer, era volver a vivir después de un largo sueño, era como un brote de primavera recién estrenada, como si de una planta se tratara de las muchas que adornaban sus ventanas y que le daban el color, el olor y la fuerza que le eran tan necesarias para su propia subsistencia. No era cosa de tomárselo a cuento. Tan solo necesitaba algo de vida a su alrededor, sus perros, sus papeles y unas cuantas plantas le eran más que suficiente. El día que se quedó atascada, palabra dicha por uno de sus sobrinos más pequeños, fue a verla para darle un beso y notó que aquello que era el cuerpo de su tía no me movía como siempre acostumbraba, con un abrir y cerrar de ojos, corrió lo más rápido que pudo por ese largo pasillo hasta que llegó jadeante y con el poco aliento que le quedaba soltó, la tita se ha quedado atascada. Los mismos ojos que se cerraban al contacto del ruido del beso, esos mismos fueron los que se perdieron el último beso dado. Nadie se atrevió a cerrárselos.

jueves, 26 de agosto de 2010

SOBRE LA MARCHA: El aparato

El no lo sabe pero tu único pensamiento está en la compra que vas hacer mañana, ya está todo decidido. También sabes que a posteriori, como siempre te pasa, te llenarás de remordimientos, te arrepentirás por el pecado cometido pero como afortunadamente, dios lo perdona todo, quedarás limpia de todo mal y tu pesar será más liviano y encima tendrás la compra hecha. Aunque dentro de tu ser sabes que es una bobada que no significa nada, pero hay un algo que te reconcome. Sabes que el daño lo harás y que quién la hace la paga. Pero por otro lado piensas que la cosa no es tan grave. Tienes ganas de comprarte el artilugio y probarlo y si es verdad lo que se dice, aliviarte. Si consigues la misma marca y el mismo modelo de aparato que te dijo tu amiga Conchita pues te pasará lo que a ella que no se separa de él y que lo utilizarás cuando quieras sin tener que dar ningún tipo de explicaciones a nadie. Y que una vez que te relajas y le coges el gustito te lo llevas a todas partes, aunque, eso sí, bien escondido. Pero te asalta el pudor y cierta vergüenza. En fin irás por partes y serás discreta. De momento lo del bolso ya se verá. Claro a él no se lo vas a contar pero sí justificar el dinero que te vas a gastar y le dices, como jugando, que el aparato es pequeño pero que para grabar conversaciones sin que nadie lo sepa será suficiente. Te vas a convertir en una espía, comenta socarrón y tú que no estás para muchas bromas te sale tu vena literaria y le das una clase magistral de lo poco o nada que se notará lo suyo frente a todos los que nos espían con cámaras, con los datos que manejan de todos, tanto en el trabajo, como en el banco donde les dejas la nómina que te pagan, como en las compañías de seguros, como en hacienda y como esas cámaras callejeras que todo lo ven con ojos viciosos, puestas por los ayuntamientos para protegerte, a la vuelta de cualquier esquina. Te verá alguien, en ese mismo momento o después de unos cuantos días si tienen que comprobar algo raro que haya pasado por donde tú pasabas. En los bancos y en las tiendas todo el mundo puede grabar tu imagen y difundirla sin permiso y tú, además de no poder quejarte, no podrás hacer lo mismo. Responde aceptando el pequeño juego que se ha establecido. Y piensas que nunca serás para él, si era eso lo que pretendías, nada original. Aunque digas que tú le vas a dar un uso digamos artístico, que sacarás de allí notas para después poder volcarlo en alguno de los personajes y poner en sus bocas las palabras dichas por cualquiera. Y llegado el momento, en el peor de los casos, me excusaré delante de la policía o del juez. No trataré de captar la mejor de las conversaciones, ni la más sesuda, ni la más graciosa. Sencillamente bastará con captar el ambiente, el tono de voz de la persona cazada y lo que diga tendrá su importancia pero también su modulación, su estado de ánimo. Tus grabaciones se llenarán de groserías, conversaciones sin sentido, como si lo viera. Replica sarcástico él. Con tus colegas del barrio que no paran de decir chorradas desde que les ves hasta que te vas o se van. Y lo poco que saques de esas mentes tan brillantes e ilustradas, te servirá, eso te lo aseguro, para hacer tu propia parodia nacional, si es ese el fin que pretendes. ¡Cuánta enseñanza en tan preclaras cabezas! Y te lo regalarán, porque son así de generosos y la mierda no hay que negársela a nadie. Y si no para qué o para quién vas a utilizar toda la información recogida. Si lo que quieres es dejar en evidencia a la gente grabándola por sorpresa, me parece de lo más ruin y que no se ajusta a lo que yo podía pensar de ti, cuando tú has sido una persona generosa y limpia toda tu vida. Perdona que te lo diga pero no te pega nada. Estaré como de costumbre equivocado. Bueno anda que no se te puede contar nada, porque no entiendes nada y haz el favor de escuchar la radio o apágala que no estás oyendo nada de lo que dicen y deja de dar lecciones de moral, que ya te vale, y conduce con los cinco sentidos o con los que tengas o te queden, después de tu sermón paterno filial…Se quedó callada como para coger un poco de aire y ya no dijo nada más. Pensó. Di lo que quieras, esbozas una sonrisa en los labios. Mañana seguro que estaré más relajada después de la compra y de lo que me ha dicho Conchita que se puede hacer con eso...que ganas tengo de probarlo…

viernes, 13 de agosto de 2010

SOBRE LA MARCHA: Tía Eusebia

El run run de todos los días. El mismo soniquete en su timbre de voz estridente. Llena de decibelios casi inaguantable para el oído humano. Agudos, muy agudos, extremadamente agudos, en su cuello fino, largo y blanco, como agujas de apunturar arrojadas por manos infantiles sin orden ni concierto a cualquiera de los viandantes que pasan por la calle. Frases sin sentido de pensamientos un tanto demenciados abordados con una cara frenética. Personas que no quieren pasar por la acera y cruzan peligrosamente jugándose el tipo. Ella, la niña pequeña, se altera y ríe y se le atipla más la voz. Y cuanto más ríe más se altera, y cuanto más se altera más risa le da y no puede parar. Podría romper el vidrio de los escaparates. Sabe que da miedo o que por lo menos asusta. Pero es inofensiva y la mayoría de las personas son del barrio de toda la vida y la conocen bien. Casi la protegen y la arropan cuando alguien no conocido se enfrenta a ella o maldice y amenaza con llamar a la autoridad. Ella, la niña pequeña, escapa corriendo y se protege detrás de alguien a quién conoce. Es la niña pequeña del barrio pero con los cuarenta de largo cumplidos. Los comentarios de los más viejos del lugar que conocieron a sus antepasados recuerdan los sustos que se pegaba la chiquilla por la aparición de gente en su casa que venía de visita a ver a tía Eusebia. Personas que daban terror o que a ella le causaban terror. Gente enferma con desmesurados rasgos en su fisonomía tan desagradable para ella, que se escondía dónde nadie podía verla. Aunque a veces la tía Eusebia la llamaba para que viniera a saludar a esa gente tan buena que la quería conocer. Y se tapaba los oídos para no oír nada. Todos los días a la misma hora tenía gente para tomar el café con pastas y todos los días a esa hora era la hora del terror. Un día se encontró con una persona cuya deformidad en la cara era tan exagerada que acabó perdiendo el conocimiento durante tanto tiempo, que el doctor que la vino a asistir decidió mandarla al hospital infantil y como si de un milagro se tratase abrió los ojos y vino en sí en ese mismo instante. Todo tan raro…la voz que ya de por sí era un tanto aflautada se convirtió como en alfileres para los oídos. La gente empezó a no poder soportarlo y la mandaban callar siempre que empezaba hablar y eso la volvió callada y huidiza. Ella, la tía Eusebia, era así de buena para con esa gente pero no supo nunca el terror al que tenía sometido a las personas que vivían en esa casa. Sobre todo a la niña pequeña…y ante alguna de las quejas siempre decía “Dios es bueno, para con los buenos.” “Es todo poderoso y lo ve todo y estos pequeños sacrificios los valora mucho”. Ella, tía Eusebia, se creía premiada con un buen puesto en el cielo de los mejores a la derecha de Dios Padre. Pero ella, la niña pequeña, ahogaba todos sus excesos, sus traumas, sus penas, dando voces desde que despertaba hasta que se apagaba agotada de tanto vocear. Increpaba y señalaba su casa con el dedo índice a cuantos paseantes se acercaban y enseguida señalaba al cielo diciendo ella, la tía Eusebia todo lo ve con los ojos de Dios. Ella le quitará el puesto de Dios y se lo quedará todo. Sí, ella, la tía Eusebia. Y salía corriendo dando gritos y enloquecida…

sábado, 17 de julio de 2010

SOBRE LA MARCHA: El disolvente

Acomodándose en su sofá, con la respiración aún descontrolada, el mando de la tele pulsado con el dedo gordo dejando pasar los programas rápidamente, sin pensar en los porrazos que ha tenido que repartir para que se fueran de una puta vez. Para que se disolvieran y dejaran de dar por saco. Nunca había tenido que disolver una manifestación de mujeres ¡joder! pero la técnica había sido la misma. Todo se aplicaba como decía el reglamento con independencia de quién fuera el receptor. Palabra que empleaba con cierta frecuencia porque le hacía cierta gracia por su semejanza a la palabra que utilizaba su abuela cuando se refería a la radio. Igual algún compañero suyo pensó como él, que todo iba a ser de distinta manera. Un poco más chillonas, eso sí, pero con el casco no se oye demasiado los gritos. Por lo demás exactamente igual. En plena contienda a cada golpe deseaba que se fueran a su casa cuanto antes y que dejaran de gritar y de armar la algarabía que tanto le importunaba y que era la consecuencia de que la cabeza se le cargara tanto que ya no pensaba en lo que hacía. Cuando la presión del cráneo era tan brutal que el dolor le llegaba a la boca en forma de náusea, acababa repercutiéndole en todo el cuerpo. Entonces enloquecía y se descargaba un poco con los porrazos, a todo lo que se moviera. Pero nunca se le pasó por la cabeza que la crueldad convertida en fuerza bruta llegara a herir severamente a ninguna de ellas.
-Con la presión que soporto a diario encima tengo problemas con Eva en mi casa. Pues mucho lo voy a sentir pero lo que hay dentro son mis cosas y lo que Eva se haya dejado olvidado seguramente ha sido a mala leche para poder volver y recordarme lo cabrón que he sido y lo mal que me he portado con ella.- Estaba decidido a dejar las cosas de Eva, en el mismo sitio donde ella lo había dejado aunque se tirara años, a no ser que en un impulso lo acabara tirando al contenedor de la basura. No le daba la gana cambiar tan radicalmente de vida como ella le había propuesto para continuar con su relación. Así que una vez hecha esas reflexiones, se dispuso a hacer lo que veinte años atrás empezó haciendo y que a fuerza de repetir una y mil veces ya no era capaz de dejarlo. Se quitó la ropa y se quedó en calzoncillos que es como más cómodo decía que estaba. Se acercó a la cocina y se llenó el vaso con una cerveza helada, llenó un cuenco con algún fruto seco y se encendió la televisión segundos después de haber dejado el vaso espumoso en la mesa y de haber cogido seguidamente el mando, de hacer una ligera presión del dedo gordo y hacerse el milagro. Dejó el cuenco al lado del vaso para poder empezar a degustar el manjar.- Siempre acabo dejando el mismo programa que si no hace los veinte años si por lo menos doce o trece que ponen lo mismo en la misma franja horaria. No me aburre, son noticias que han pasado en España en el día y con suerte, ponen lo de esta mañana a ver si me reconozco. Supongo que le irá bien a la cadena y a mí me viene bien no solo porque el programa me gusta si no porque de alguna manera me centra, me hace sentir seguro. Pero Eva eso y otras muchas cosas no las ha entendido y ha dicho basta y me ha dejado tirado, indefenso e inseguro pero yo no voy a dejar de hacer lo mismo que llevo haciendo más de veinte años porque se haya encaprichado o aburrido o lo que sea que se le pase por su cabeza de chorlito. Ya volverá…Mi mundo me da el equilibrio que necesito para seguir haciendo lo que hago enfrentándome a esa gente que lo único que sabe hacer es concentrarse, organizar líos para que no tengamos más remedio que arremeter contra ellos para que se disuelvan. Pero no aprenden y cada poco insisten y yo estoy harto y lo único que quiero hacer es llegar a casa y descansar viendo la tele. Pero ni eso me dejan ya. A ver si no tarda mucho Eva y me prepara algo de cenar que tengo hambre. No creo que tarde demasiado…

sábado, 10 de julio de 2010

SOBRE LA MARCHA: Pis

Se despierta sobresaltada con la vejiga llena, a punto de estallar o esa es la sensación que tiene, pero decide cerrar los ojos y tratar de encontrar el sueño perdido en segundos. Conforme van pasando esos segundos empieza a sentirlo irrecuperable. Pero lo intenta. Pasa un tiempo tal vez exagerado en su cerebro somnoliento y comprueba abriendo un ojo que no ha sido para tanto. O sí. No recuerda bien desde cuando lleva despierta, le parece un siglo pero el reloj no engaña, tan solo treinta minutos desde el desvelo hasta ahora mismo, también desde este mismo segundo lo puede considerar insomnio. Lo cierto es que no le interesa ni la noche, ni el sueño, ni Cristo que lo fundó, solo quiere levantarse y echar el líquido que le oprime. Pero hace demasiado frío como para levantarse. Hace demasiado frío en esa casa sin calefacción, desde que se estropeó la caldera y el técnico recomendó cambiarla. El cabronazo del casero siempre anduvo dando largas pero cuando parecía que se decidía por fin, la primavera se echaba encima y ya no hacía falta, hasta el próximo otoño-invierno que volverían a hablar de lo mismo y así durante cinco largos años. Se apaña con estufas por casi toda la casa pero le sale excesivamente caro y ya se acabó eso de gastarse lo poco que le dan de sus trabajos tan precarios en calentarse, además pasa la mayor parte del día en la biblioteca de la universidad y tan solo va a casa a dormir. No aguanta tanto frío. Ella es de sangre caliente, de sangre andaluza. Piensa, dibujando una sonrisa exagerada en los labios, que si todo el pis se saliera de la vejiga se inundaría el colchón como un río desbordado, como un tsunami. Remolona, se acerca al cuarto de baño dando saltitos cortos como para pisar lo menos posible el suelo helador. Sus pies siempre han estado fríos o por lo menos, que ella recuerde, desde que llegó a estos parajes. Ahora ya solo tiene que levantarse la camiseta larga hasta los tobillos y sentarse a mear, como siempre. Pero esos actos que no se piensan, que se hacen de una manera tan autómata, resultan a veces tan penosos considerando todo lo que tiene que hacer para aliviarse; para aliviarse de lo que sea, psíquica o fisiológicamente. El vello de sus muslos se eriza al contacto con la taza desnuda de tapa y aro. La loza es como sentarse en un bloque de hielo y se dice una y mil veces que esa es otra de las tantas cosas de las que el casero hace oídos sordos desde hace también mucho tiempo. Y recuerda que desde bien pequeña no podía dormir con ninguna prenda que le oprimiera ni un poquito a lo que por supuesto incluía las bragas. Su madre que la obligaba a ponérselas con escusas varias, que si los bichos, que si no había que dejar nada al aire, que si se cerraban todas las puertas y las ventanas de la casa a la hora de dormir para que no entrara nadie sin avisar, que también esas puertas había que cerrarlas por el mismo motivo a lo que la niña hacía gestos de no entender qué tenía que ver las puertas y ventanas de casa con dormir con o sin bragas, por lo que nada más darse la vuelta la madre ella tiraba de bragas hacia abajo y dormía tan a gusto, sin apreturas. Todas las mañanas su madre al despertarla para ir al colegio, no daba crédito al encontrarse con ellas en el suelo. Desde bien pequeña…Es bastante tarde pero conseguirá conciliar el sueño y tiene claro que, si no se la olvida, a una hora que determinará en su momento, dejará de tomar líquido para aguantar de tirón la noche.

lunes, 28 de junio de 2010

SOBRE LA MARCHA: El atasco

Me revienta estar parado en un atasco durante un tiempo indeterminado. Haciendo nada. A veces escuchando la radio. Cambiando de emisora por si alguna cuenta lo que está pasando en esta carretera. Ninguna. Cambiando de dial: de música inaudible a noticias inaudibles, de chistosos por obligación a eruditos de cualquiera de los temas que surjan. Apago y pienso en la jornada que queda hasta llegar por la tarde, más bien noche, a casa. Descarto que esto sea una mala premonición del día que me espera. Confío en que la mañana y la tarde no tengan nada que ver con atascos de oficina, atascos de reuniones, atasco de papeles, atracones de comidas de trabajo…Por hoy, aunque solo sea por hoy, el único atasco que sufriré será este, no me apetece ningún otro. Ese pensamiento me anima. Me pregunto, cuando soy consciente del hecho, para qué tengo agarrado el volante con las dos manos si ya hace un buen rato que no nos movemos del sitio. Miro a mi alrededor y la verdad es que se ve un poco de todo, pero la mayoría, sigue con el volante agarrado, como si se fuera a escapar. Del resto prefiero omitir dónde tienen sus manos o más bien sus dedos. Trato de relajarme soltando el volante y dejando caer los brazos. Pero en ese momento el de delante como si se hubiera dado cuenta que había dejado unos centímetros de más con el inmediato anterior avanza y lo deja arrimado en exceso, o lo que yo considero que es excesivo y que no hace falta tanto. Pero esa maniobra me obliga a que yo tenga que hacer lo mismo, sobre todo porque el conductor del coche que me sigue ya está haciendo gestos con la cara y con las manos para que no deje esos centímetros que tan caros son en estos momentos. Será un accidente, aunque espero que algo leve, sin importancia, sin heridos pero lo justo como para taponar toda la carretera. Ya se sabe, en cuanto caen cuatro gotas y se moja un poco el asfalto, se organizan estos pollos. Habrá sido el gilipollas del coche blanco que estaba adelantando a todo el mundo por la izquierda y por la derecha, haciéndose su carrera particular, esquiando en el asfalto hoy lunes a las siete de la mañana. Jodía policía que no está nunca cuando se la necesita, para escarmentar a estos listos y chulos que por tener un buen coche se creen con más derecho que el resto de la población. Y que haciendo gala de su poderío y su descerebro se habrá comido a otro coche nonagenario. Siempre pasa lo mismo. Al final son estos los que provocan la llegada tarde a los trabajos y el absentismo y bajas laborales: cervicales jodidas, brazos rotos, golpes en la cabeza y un largo etcétera. Y estos además serán los jefes, o sus hijos, de alguna de las empresas que meterán algún correctivo al empleado que haya llegado tarde al trabajo por culpa del atasco.

jueves, 3 de junio de 2010

SOBRE LA MARCHA: La Pota

Le salían por su boca trocitos desmenuzados del alimento ingerido pocas horas antes, a bocanadas y con gran esfuerzo: Nunca había sido fácil para él potar o por lo menos no tanto como a la gente de su alrededor que según decían lo hacían con una facilidad admirable, sin ningún esfuerzo y de tirón. Por el contrario él tenía la sensación de que se le iba a dar la vuelta al estómago, que los ojos se le iban a salir de las órbitas con cada andanada y que las lágrimas fluían como no recordaba, ni de pequeño. Además en el momento más álgido tenía la sensación de asfixiarse de tan seguido que le llegaban, como oleadas descompensadas sin ritmo. Una arcada y la siguiente y la siguiente y la siguiente. ¿Cuándo se respira en esta circunstancia si no te da tiempo? y golpeaba el suelo con los pies descalzos para sentir otra cosa que no fuera el asqueroso ruido saliendo de su boca abierta y estrellarse indiscriminadamente contra cualquier cosa, pero sobre todo para avisar a sus pulmones que debían de reaccionar antes de que se les olvidara cumplir con su función y ocurriera la fatalidad. Mira que dio vueltas y más vueltas a esa jodida mahonesa. Mira que cuando la probó no le dio buena espina pero se la jugó y perdió y estas eran las consecuencias. De momento solo había hecho su aparición el vómito pero esperaba con cierto pavor la aparición de la cagalera y la fiebre seguidamente o con anterioridad o todo a la vez. Aunque no sentía ningún otro síntoma que la acidez en la boca y la amargura en la boca del estómago. Esa sensación de no haber acabado y que dudas si otra tarascada como la de antes podrás soportarla. Y esos segundos que se tiene de respiro se emplea para planificar, en el caso de no haber terminado, el cómo se va a afrontar la nueva oleada. Y al final cuando llega el cepillo de dientes a hacer su labor de limpieza y el enjuague bucal con el elixir para tratar de eliminar cualquier amargura en la boca, te viene el recuerdo del restaurante que se había pasado por el forro las medidas básica sanitarias. Que por supuesto de volver nada y que por lo menos hasta que el recuerdo perdurara se pensaría si denunciarlo o no…Mierda otra arcada…

miércoles, 26 de mayo de 2010

SOBRE LA MARCHA: Broncabroncanes

Broncabroncabroncabroncabroncabronca/nes ahí están los disputados senadores peleándose como muchachotes en el cole. Aporreando las mesas, pataleando como niños enrabietados. Les dejaba un ratito con el hermano Rafael o en su defecto con el hermano Eduardo preceptos de disciplina. Iban a saber lo que es un castigo por mal educados y por su mal comportamiento. Ellos, mis hermanos, así se les llamaba, tan disciplinados con esas cabezas tan bien puestas en el único pensamiento posible por aquella época: El Señor que todo lo ve y la virgen María madre de todos. Con sus buenas costumbres, las buenas formas, la limpieza, no chillar, no hablar más de lo que sabes y te corresponde...Todo echado a perder. De nada les ha valido la educación que muchos de ellos han tenido. ¿Y ellas? Pues lo mismo: En buenos colegios de monjas, educándose de la misma manera y ¿para qué?. Hermanados todos, asistiendo a misa de doce los domingos y confesando y comulgando y ahí están ellas luchando por sus machotes y riéndoles las jocosidades: Cuánto más salido de tono más gracia. Ahí están nuestros representantes...Y yo propongo que dimitan todos. Que no quede ni uno. Que haya una hecatombe, una mala gripe y a tomar viento fresco todos ellos. A ver, que no desaparezcan de la vida, pero que se dediquen a la contemplación de todos sus males y que penen por ello. Esas elecciones generales, con las urnas vacías, como lo soñaba Saramago en su Ensayo sobre la lucidez. ¡Qué gran título para esa historia!... Esos bancos yendo por las casas a mendigar un préstamo con toda clase de facilidades: Señor, todo cuanto esté en nuestras manos para satisfacerle. Ya sé lo que estoy pidiendo la luna de día y el sol congelado, pero me pregunto qué pasaría. Que sí, que sí que es una entelequia, pero permítaseme soñar y ser grosero que de todo se aprende con esta clase de políticos. Además y a estas alturas no me queda más remedio…ver en la bancada cómo se comportan con nuestros votos, votos que les hemos prestado para que hagan un buen uso de ellos y lo mal gastan de esa manera. Cuando veo este comportamiento dejo de creer en lo único que me quedaba y es en el sostenimiento de esta farsa tal vez como mal menor. Y cuando veo los asientos vacíos no puedo pensar en que están trabajando en comisiones o en sus despachos, pienso que sencillamente no están porque no hay bronca y se aburren como ostras. Pero coño ganan dinero y ese dinero se lo he proporcionado yo con mi voto…pues a lo que vamos que se queden las urnas vacías y que se les abra a todos la bocaza pidiendo perdón por el daño tan indiscriminado que han hecho a la mayoría de la población. Pero no, ahí siguen, ahí siguen los disputados senadores en el senado haciendo de diputados. Ladrándose, interrumpiéndose, no dejando hablar a nadie cuanto más ruido menos se oye y además puede parecer que más razón llevamos. Ahí están los pobres cincomileuristas pasándoselo en grande tirándose bolitas de papel, haciendo ojitos a la morena de enfrente que por más que llevo casi dos legislaturas persiguiéndola, no traga. Y mira que me esfuerzo hasta la he invitado en los descansos para tomarse un café…yo sí que hacía que cambiara de opinión con un café y un bollo y…A ese pedazo de tío que, a pesar de la cabeza cómo la tiene de perdida, tiene un culo que lo flipas. Le dejaba hacer lo que quisiera. Y es que en todos los trabajos se habla en corrillos, con la gente más afín y dices y cuentas y comentas. O sencillamente lo piensas. Y a esa gente pues le damos cada cuatro años la posibilidad de seguir haciendo ojitos a la morena o de mirar el mismo culito que con ese traje que nos trae (me traiciona el subconsciente), en esta legislatura, tan entallado está que lo flipas…huy que tonta ya lo he dicho…Y es que es un asco ver como nadie empuja, todo el mundo tira: Europa tira de los gobiernos, los gobiernos tiran del pagano, la oposición tira del gobierno, y los sindicatos y la patronal, y los bancos y el Banco de España y hacienda de todos. Y no es verdad que haciendo la rueda inversa saliera, como sería preceptivo que cada uno empujara para mejorar. No, nunca sería: Hacienda empuja al Banco de España (Bueno supongo que entre ellos se entenderán) a su vez el Banco de España empuja a los bancos (bueno esto también) que los bancos empujen a la patronal (bueno esto…seguro que también) que la patronal empuje a los sindicatos (esto también pero para hacerles caer) que los sindicatos empujaran al gobierno (bueno una buena huelga general a lo mejor daría un buen empujón para hacerle caer)…y sin acabar la rueda me estoy dando cuenta que aunque sea para mal empujar seguro que todo el mundo empuja. Y es que en verdad en verdad os digo que la jodienda, con metáfora y sin ella, no tiene enmienda y que empujando y empujando alguna cosa se va inflando…Esto sí que es así. Me tendría que haber buscado otro verbo para que todo me cuadrara, como en un principio había pensado, pero ni esto soy capaz cuando me meto en estos temas. Tal vez hubiera sido mejor emplear el verbo ayudar y ahí sí que sí. A lo mejor no en su totalidad, ya que excepciones siempre hay, pero me hubiera cuadrado mejor porque a la hora de empujar depende de para qué estamos todos dispuestos pero lo que es ayudar ni dios echa una mano…Al final encontré el mejor verbo...

viernes, 14 de mayo de 2010

SOBRE LA MARCHA: Acción - Reacción

Al final y después de tantas y tantas quejas por mi parte, han conseguido lo que querían: Hacerme chaleco cuando yo iba para jersey. Sí como lo oyen, no se rían ni pongan cara extraña. Además sé quien ha sido la causante de mi desdicha: Una camisa. La frívola y asquerosa camisa de un color rosa brillante que seguramente iba destinada a cubrir el torso de un marqués o de un conde o algo así porque si no, no me explico el alto grado de protección que tenía. Era su jactancia, su pavoneo su desmedida hacia los demás. Estoy convencido que ha sido ella la que me ha hundido en la miseria. Impertinente, soberbia y además chivata…Os cuento…La idea era que yo iba a ser un bonito jersey de algodón, me estaban confeccionando unas manos suaves y delicadas, pero cuando apareció la odiosa camisa, flamante ella, con su cuello bien pequeño y dos ojales diminutos para que cupieran en sus diminutos botones de terciopelo rosa un poco más oscuros. No, no tengo nada contra ese color pero al ponerla al lado de mi costurera se entretuvo en amargarme la existencia. Se reía de mí cuando me estaban haciendo. Ella se sentía un trapo especial, cuidado, limpio, hermosa puesta sobre la desmesura de un maniquí asexuado, sin brazos, que me pareció una mala premonición para mí y mis estúpidos deseos. Mirándome como con aires de suficiencia, como si yo fuera un espejo o su espejo. Utilizándome, unan vez colgado de una percha de alambre en un soporte metálico con prendas a mi alrededor pero bastante apartadas de mi lado. Ella, contoneándose, pavoneándose, irritándome hasta la extenuación, retándome con sus ojos irónicos y con la expresión del cuento espejito sucio y maloliente quién es la maravilla de entre todo este asqueroso montón de trapos Tal vez este jersey que hay ahí colgado y que más bien parece que se le ha ido el alma al cadáver que portaba. O yo, inigualable, brillante, pulcra, sublime, celestial…hasta que no pude contener mi ira y con mucho esfuerzo me alargué como pude hasta tocar al muñeco propinándole un colleja con la manga, suavemente pero lo suficiente, como para tirar el maniquí con tan mala o buena suerte que fue a parar a un cubo lleno de restos de comida de los empleados. Y así, en un momento, romper su sueño inmaculado. A continuación el encargado oyendo el ruido producido por la caída se llevó las manos a la cabeza, debería ser muy importante la jodida camisa porque después sin lógica humana aparente pareció encontrar la solución a tamaño desaguisado, quitándome las mangas y dejándome como un chaleco ridículo de algodón y condenándome a cubrir sin taparlo del todo a la camisa que consiguieron limpiarla y dejarla como nueva y que luciera aún más con mis mangas cortadas. Me quedé con la duda si nada tuvo que ver la caída de la camisa con los cortes de mis miembros, tal vez ya estaba pensado mucho antes, tal vez por esa razón estaba en ese perchero metálico con ropa más bien echada a perder y tal vez yo era una prenda de ese montón. Pero no me digan que mi desgracia no parece consecuencia de mi propia inconsciencia, o de una ira humana desbordada. Aunque es mejor pensar que así es la vida de amarga para quien cree que no se puede defender y se revuelca en su propia desgracia, tan mal visto, como el pavoneo absurdo de la camisa. He aprendido que las malas reacciones aunque vengan como consecuencia de una peor acción se cotizan más a la baja. Y además que el que nace con la flor en el culo le sale todo bien aunque intente lo contrario. ¡Ah! y viceversa…

viernes, 7 de mayo de 2010

SOBRE LA MARCHA: Debería de estar prohibido y más…

Debería de estar prohibida la desidia por el tiempo que te quita de vida.

Las series americanas con las risas enlatadas, porque sencillamente son ajenas a toda lógica: Una risa dirigida es lo más absurdo de este mundo mi risa es lo más libre que tengo y es lo que más me libera y me distingue del semejante. La risa nos une pero no nos apelmaza, nos hace cómplices pero cada uno a su manera. La risa identifica a las personas en mi mundo, las huellas dactilares a la policía. Una sonrisa ilumina el rostro. Una risa libera el cuerpo oprimido y castigado y te aleja de lo cotidiano, te hace más humano.

Los tintes de pelo por lo mal que queda cuando va creciendo.

Las lentillas de colores porque dejas de ser la persona con tus propios ojos para convertirte en alguien que no eres y además porque no se debe engañar a nadie de esa manera.

Los coches tan caros y los que pueden correr a tope, porque llenas de envidia a los demás, solo valen para correr en circuitos cerrados y no valen para las carreteras convencionales.

Los límites de velocidad en lugares absurdos porque en otras zonas más lógicas no existen ninguna limitación.

Las personas a las que solo les importa joder a los demás que es la mitad de la población en detrimento de la otra media.

Los que siempre desean alcanzar lo más alto porque casi nadie llega y se crea una sociedad de frustrados.

Los competitivos porque se acaban cansando de su propio pulso y porque casan a los demás de tanto medirse, porque estar siempre y en todo lugar en primera fila es un sufrimiento que no soporto y si no son los hermanos de los que siempre desean alcanzar lo más alto son primos hermanos y algún parentesco les une además con las personas a las que solo les importa joder a los demás.

Los que están pendientes solo de su culo porque no hay nada más bonito y natural que el culo de los demás.

El IVA que nos hace a todos iguales en el pago de las cosas cuando hay una desigualdad manifiesta en los bolsillos de cada cual.

Los deudores sencillamente porque todos deberían de poder pagarlo todo.

Los acreedores sencillamente porque todos deberían de poder cobrarlo todo.

Deberían estar prohibidos los bancos por el poder que les confieren los gobernantes, la patronal y el resto de la población. Todos hacemos importante a entidades que juegan tan solo con el dinero de los demás, lo mueven como si de marionetas se tratara, lo esconden y lo hacen aparecer como el mejor de los magos, lo manipulan como si de alimento se tratara y al final como quien no quiere la cosa se llevan crudo unas ganancias que nadie sabe explicar (yo no me explico tanta) y sin apenas arriesgar (eso cree este tonto). Y cuando vienen mal dadas queremos que papá estado nos solucione las cosas y lo hace, excepto a sus trabajadores (funcionarios), (queda demasiado feo a los ojos del resto que son muchísimos más votos) que en época boyante les sube su sueldo que (no se nota) y en las más bajas le congelo la (no se nota). Y así siempre, como si realmente fuera la solución a los problemas del país, seguro que para los ojos de los demás sí ya que a todos se les ocurre lo mismo.

De aquellos que se han llenado los bolsillos durante años y que no lo han repartido con nadie se lo han quedado para ellos solos y que ahora algunos, que se lo han gastado también todo, quieren ayuda del estado y ¡joder maldita sea! habrá que dárselo para que creen empleo digo yo.

Los que nos creemos que hacer una euroespaña más trabajadora y sin tanto desempleo, lo haríamos nosotros con la gorra si nos dejaran.

Los que creemos en la existencia de la palabra euroespaña.
 
Los que creemos en la existencia de un pueblo llamado Iberia

Y además se admiten sugerencias…

domingo, 18 de abril de 2010

SOBRE LA MARCHA: Por hablar cuando no se debe a quién no se debe

Correspondió a su intensa mirada con una gran sonrisa. Era la primera vez que una mujer le obsequiaba con una enorme gracia llena de pulidos dientes blancos y grandes. Nunca había sido fácil para él el sexo femenino y ahora a punto de cumplir los cuarenta y demasiados, como decía a todo aquél que le preguntaba su edad, sentía dentro de sí como que algo se estaba acabando y su preocupación era, que lo hacía a pasos agigantados. Era el momento de hacer el último esfuerzo para conseguir conquistar a una mujer, para que lo que le quedara de vida la pudiera compartir con alguien, y no como hasta ahora. Durante unos cuantos meses se dedicó a recopilar información, a leer libros de autoayuda y lo que él llamaba libros de experiencias ajenas: tardó en confesarlo y cuando se decidió, lo hizo a quien no debía. Lo de experiencias ajenas no era más que un eufemismo: libros de amor, novelas de amor, cantidad de acepciones para decir lo mismo, eso sí siempre o en su mayoría de grandes autoras. Siempre lo había considerado literatura de baja estofa dirigida a un tipo de lectoras típicas, como señoras mayores que tan solo les quedaba el recuerdo de sus pieles tersas y sus instintos juguetones y dispuestas para el amor a sus maridos en los personajes de las novelas o de mujeres desesperadas que nunca habían sentido tantos impulsos como ahora en su decadencia y que su insatisfacción quedaba cubierta con esos grandes amores a la postre tan cercana a sus ilusiones, o inclusive, a personas de baja o poca intelectualidad que para pasar sus ratos quedaban ausentes con cualquier cosa que les contaran en cualquiera de los libros y que con su dedo índice, iban pasando las líneas despaciosamente para no perderse y que con cierta frecuencia, debían hacerlo retroceder para volver a empezar cualquier frase que les hubiera resultado un poco más complicada de entender, como cualquier niño que empezara con su primera cartilla de lectura. Durante unos meses trabajó en su estudio leyendo todo lo referente al amor. Cómo enfrentarse a situaciones límites, como corresponder con cierta amabilidad y tacto. Aunque la caballerosidad ya no se estilara tampoco quería caer en ella abriendo y cerrando puertas a destajo, cediendo el paso a las damas, dejándoles el asiento, como se decía en uno de aquellos libros de ayuda. Pero leyendo en profundidad uno de los manuales que más interés despertaron en él, sacó muchas cosas que a priori no le parecieron disparates y que no solo entendió, si no que le pareció que podía llevarlo a la práctica sin mayores problemas, siempre y cuando se dieran las condiciones. No le parecieron que denigrara la condición de la mujer o a lo mejor no sabía precisar bien dónde estaba el límite de la vulgaridad o del machismo. El amigo tan curtido, tan presuntuoso, tan fantasmón, cuando se enteró de lo que estaba tramando le aconsejó que lo dejara pues eso le podía llevar a confusión. Que la vida era otra cosa. Que si las mujeres no todas eran iguales y que los hombres tampoco, que tal vez los instintos más básicos sí que podrían generalizarse, pero que poco más y a partir de ahí fue todo un alarde de fantasía llena de medallas por todas las conquistas que a lo largo de su vida había disfrutado, en fin lo de siempre y lo que precisamente menos necesitaba, eran las bravuconadas mentirosas del primer imbécil. Toda la culpa era suya por no saber tener la boca cerrada. De eso era precisamente de lo que había tratado de huir, para eso tenía en su haber no sé cuántas horas de lectura llenas de amores prohibidos, incestos, pasiones desatadas, y mucho morbo para apartar el aburrimiento de las parejas. Morbo desarrollado en la imaginación de la gente en lugares públicos al albur de cualquier mirada o su búsqueda en unos grandes almacenes a una hora punta de clientes. Pero vamos colega, que has perdido miserablemente tu tiempo leyendo payasadas de gente que seguramente ni sepa lo que es el temita, y hacía un típico gesto muy masculino. Tú lo que tienes que hacer es venirte una noche de juerga conmigo y verás lo que vas a aprender. Y se iba dándole un cogotazo, torciendo su boca y elevando sus ojos al cielo, como incrédulo de que hubiera gente con esos problemas a estas alturas del siglo veintiuno y que además tratara de solucionarlos como se lo había contado. Y se alejaba esbozando una sonrisa y gritando - hazme caso y tira toda esa mierda que yo te voy a enseñar todo lo que no sabes - con una chulería que ya hubiera querido para sí el mismísimo Bogart. Será posible que sea tan gilipollas de habérselo contado..Será posible que haya tanto patán suelto por el mundo…se preguntó una vez que asumió la humillación en su cada vez más desnuda nuca.

jueves, 8 de abril de 2010

SOBRE LA MARCHA: Desistiré

Desistiré de aparentar lo que no soy y lo que a la postre nunca he sido, por mucho que me haya esforzado en lo contrario. Desistiré de querer alcanzar lo imposible, de ponerme cotas demasiado altas para no frustrarme permanentemente. Procuraré relajarme y trataré de hacerme la vida más cómoda. Quise tocar lo difícil sin darme cuenta que lo fácil estaba más a mi alcance y que lo disfrutaría más y mejor. O por lo menos más veces. Aunque dicen que conseguir o tan solo tocar lo difícil, es más sublime. Atrapado por la gente de mi alrededor, alentado a veces, denostado otras, me enajené y me dejé seducir por el oropel del éxito posible: ahora sé la imposibilidad del caso. Como también sé muchas más cosas que cuando la sangre fluía de manera alocada por todos lo tubitos venosos del cuerpo y escupía al corazón pelotazos de rica sangre juvenil con mucha adrenalina montada. Ahora sé más…sé más de las personas que solo jalean a los demás para que sean los que den la cara por ellos: La cobardía les impide obrar. Ahora conozco un poco más al género humano o a esos seres que se afanan por perfeccionar sus ridículos sin mirarse de vez en cuando al espejo. Desistiré de pensar en el daño que infiere la gente fatua con sus lenguas voraces, ¡con el daño que me hacía antes! He aprendido y me alegro de haberlo hecho. Ahora sé cosas, cosas que pasan y cosas que pueden pasar. Me prevengo del mundo para que me deje de hacer tanto daño. Desisto y abandono.

lunes, 5 de abril de 2010

SOBRE LA MARCHA: Haz de tu vida un tiempo perdido

Tienes el sillón tronchado del tiempo que pasas en él. Horas y horas sin hacer nada de provecho, solo descansando, y me pregunto de qué estarás cansado. Y como si ya no te quedara nada por hacer, como si ya lo hubieras hecho todo, como si ya hubiera acabado tu vida y estuvieras esperando la muerte, me miras con aire de incomprensión: todo lo que te digo te parece de marciano. Y me tengo que ir ante tu pasividad. No lo entiendes pero me descompongo cuando te veo tirado, con las piernas bien abiertas y el dedo en la nariz o directamente en los mismísimos, sobándotelos bien, entonces me dan ganas de darte un buen ostión pero solamente te hago el comentario jocoso “se te van a quedar como pasas” Claro de la misma manera que me dices cuando te regaño eso de “mira paso de todo lo que me digas” y entonces protesto airada, “que pasas, pero de que puedes pasar tú, de qué puedes pasar”. Y te lo sigo diciendo y te lo repetiré una y mil veces como si fuera un rezo repetitivo, una letanía, aunque sepa que por un oído te vaya a entrar y por el otro te vaya a salir y señalándote con el dedo termino airada, “como pasas se te van a quedar de tanto tocártelos” conversación estéril ante el lumbreras que permanece tirado en el sillón. ¡Es que le da igual lo que le digas! Y es que no puedo remediarlo, se me llevan los diablos cuando le veo tirado, con la televisión puesta viendo una y mil veces la misma serie, riéndose de los mismos chistes americanos y se me encoge el alma y me lleno de preocupación por si a lo mejor le falta un hervor, por si nació antes de tiempo y salió demasiado crudo, como sin hacer. Dudo, y la duda me ofende a mí misma. Pero otras veces me sorprende su capacidad de asimilación, su rapidez de entendimiento y de contestación. En eso sí que tampoco has salido a mí, casi más a tu padre. Yo siempre he sido lenta. He ido despaciosamente por la vida, pero nunca he descansado, nunca me he sentado a contemplar paisajes porque pensaba que esos mismos y muchos más bonitos me los iban a contar los libros de lectura. Y pasaba horas leyendo, devorando un libro tras otro sin descanso. Entiéndelo, ahora te veo tirado sin nada que hacer, solo alienándote con esas series y no sé bien dónde tienes la cabeza y sufro por lo que yo creo que es tiempo perdido, y pensando que como no mejores cuanto antes, te quedará demasiado tiempo que poder perder y creo que no hay derecho a que hagas eso con tu vida o sí…

domingo, 28 de marzo de 2010

SOBRE LA MARCHA: Un día cualquiera

Onésimo salió de su casa aparentemente tranquilo. Parecía un día cualquiera de oficina, café con los compañeros, unas cuantas risas, otras cuantas riñas, alguna insolencia de algún recién ascendido y, cómo no, alguna humillación incongruente del jefe. En tantos años de mismo trabajo, en tantos años de sentarse en la misma silla y utilizando los mismos o al menos parecidos artículos de oficina nunca había sentido la amargura de la pérdida de tiempo. Cuántos años era los que tenía, cuántos eran los que le quedaban por delante y cuántos para el dorado jubileo. Cuántos de ellos los había perdido abandonado a la desidia….cuando salió de casa parecía un día normal pero algo dentro de sí había cambiado. No iba a permitir más el insulto, la humillación, los malos humores y los malos tratos del jefe. Que no hubiera culminado con su mujer, las noches que a las mañanas siguientes venía con ganas de organizar algún tinglado con cualquiera que se le pusiera por delante sin motivos aparentes o buscándole tres pies al gato, eso para él se había acabado. Su dignidad como persona y como trabajador había colmado el vaso de los años aguantados y no pensaba volver a consentir los desplantes, las iras desproporcionadas sin motivos aparentes. Es más, ni aunque tuviera razones y se llenara de ellas, nada justificaba los malos modos solo por el hecho de estar por arriba en el escalafón laboral y seguramente social. Eso sí esperaba no equivocarse y saltar como siempre le había pasado a contratiempo en el peor momento posible. De ese día aparentemente tranquilo como si fuera un día cualquiera de los muchos que habían pasado iguales no iba a pasar. Acercándose ya a su puesto de trabajo decidió que ya se le ocurriría algo más adelante en su futuro tan desalentador…tampoco era cuestión de comerse la vida de un bocado cuando había tenido tanta paciencia durante tantos años…

jueves, 25 de marzo de 2010

SOBRE LA MARCHA: Oremus

Ceniza a la ceniza, polvo al polvo. Las cenizas al cenicero y los polvos a la polvera. Curas que decís estas cosas. Curas que encendéis los polvos. Que confundís unos polvos con otros. Que mezcláis, que picáis, que saboreáis, que lo usáis como hombres de carne y hueso que sois. Hombres que decís no ser. Hombres que decís lo que no se debe hacer y hacéis lo que no se puede decir. Que vuestra santa voluntad es santa porque sois curas, así lo bendecís. Curas que hacéis lo que os la gana. Que guardáis para vosotros las cosas ricas de la vida porque por la lógica que estudiáis bien sabéis que aquí se acaba todo. Que la vida eterna no existe. Que la vida es tan efímera que os da miedo perderla como a cada quisqui, y que por esta razón y no por ninguna otra se debe de vivir a tope o por lo menos lo máximo que se pueda y se sepa. Que es demasiado vulgar hacer lo que hace el vulgo, que es más fácil decir todo lo que hay y no hay que hacer, pero a los demás. Que lo vuestro sí que es una profesión redonda y que solo vosotros sabéis porque lo habéis aprendido y entendido que es la única, única como la mejor manera de vivir la vida. Experimentando todo, porque el perdón es para el pecador más impío para el pecador absoluto y vosotros solo sois el brazo ejecutor, el engaña bobos, los sumilleres de la vida. Sois listos los lleváis siendo desde que se fundó la empresa hace, según la historia, por su puesto sagrada, algo más de dos mil años y sigue como nueva con algún que otro tropezón. Algo tiene que haber a vuestro favor ya que no os ha desgastado el poder. Seguiréis enriqueciéndoos, seguiréis chupando de las arcas del Estado hasta que alguien (el día queda aún lejano) diga que ya está bien que como cualquier empresa os tendréis que autofinanciar con el dinero de vuestros socios. Pero no sucumbiréis por lo menos en otros dos mil años porque frente a las vicisitudes que os planta la vida, o los hombres de la vida, ahí estarán vuestras sotanas, siempre preparadas para seguir escondiendo las pelotas de los niños en los recreos, agitando mentes necesitadas de alguien que le escuche por una limosna en el cepillo de la iglesia para la calefacción, y así una y otra vez, asustando con el infierno, con el fuego eterno que es algo más descarnado, con las paranoias aprendidas de curas a curas durante tanto tiempo y que siempre ha dado el fruto deseado y a vueltas con la misma canción de amén así sea y con el ángelus, arrodillado en cualquier parte que pille, a las doce en punto del medio día.

lunes, 22 de marzo de 2010

SOBRE LA MARCHA: Casi el sueño eterno

Mantengo en todo el cuerpo el olor a fritanga de ese condenado bareto en el que, nada más entrar, me ha tirado un poco para atrás su denso olor. Pero por consejo de un compañero de trabajo que me lo recomendó vehementemente como uno de los mejores garitos para picotear y teniendo en cuenta que este personaje se jacta hasta la saciedad de conocerse casi todo el espectro hostelero de Madrid ciudad y alrededores: he ido. Fuimos. Al entrar no me me di la vuelta, ganando la calle para poder respirar a algo más que a humo de tabaco y a frituras varias, de milagro. Aguanté el tirón del deseo y el del brazo de Sandra que con su fina pituitaria le dio una sonora arcada, mal llamado en nuestro argot oficinero, arcahón. Su entrecejo arrugado pegando las dos espesas cejas, que es uno de mis fetiches, una a la otra y esa mirada inquisitorial, no dejó lugar a dudas de que esa podía haber sido una noche de velas y polvos y que con toda seguridad se iba a convertir en un combate de grasa y anti grasa en la ducha peleando, con la esponja en una mano y el fairy en la otra y frotando fuerte como ella sabe frotar además de días sin volver a pisar otra cosa que no fuera una cafetería y la cocina de casa para comer y cenar. Largos, diría que eternos días de recuerdos dolorosos, quejas insoportables y alguna fina ironía rayando en el sarcasmo más cruel de Sandrita. Tengo que decir en honor a la verdad que no todo fue tan desagradable. La comida quitando las famosas frituras de la casa, que de ninguna manera íbamos a consentir aceptar, las demás recomendaciones del camarero fueron decentes. En fin, se ha de entender que por un mínimo sentido de la lógica no podíamos sumar más grasa y más olor a lo que nosotros casi potamos y que el plato especial de la casa se lo podía ahorrar. Lo demás estaba bastante bien. El vino hizo el resto y aunque no hubo manera de acabar esa noche como toda persona racional la hubiera acabado sí dejó un recuerdo amable y un olor imperecedero a fritanga…En la televisión echaban una pelu antigua de esas en blanco y negro y así recostados reposando la grasilla nos llegó el sueño……

martes, 16 de marzo de 2010

SOBRE LA MARCHA: Dejé de querer

Durante toda mi vida había escuchado a mis mayores decir que llegando a una cierta edad era raro encontrarse bien más de dos días seguidos. Que el tiempo además de agotarse para cada uno, agotaba por su cadencia cansina y machacona. Y que había que cuidar y darse cuenta de cada segundo que pasaba. Cada día es único como también son únicos las cosas que te pasan, lo bueno y lo malo, lo agradable y lo desagradable. Todo se agota, nada es eterno, por eso ni lo bueno puede ser tan bueno, ni lo malo tan malo. Diciéndome estas cosas, en la cama del hospital tratando de que no enloqueciera por lo que ella sabía y yo trataba de no enterarme para protegerme de lo inevitable: ella tan entera y yo tan vulnerable. Y entonces tu mano cogía la mía como queriendo, a través de la piel insuflarme razón, tranquilidad y algo más de la vida que se te iba escapando del cuerpo: desvanecido el aliento, secos lo labios y en los ojos las últimas lágrimas. Yo te hubiera dado gustoso la mitad de la vida que a mí me quedara con tal de tenerte un poco más a mi lado. Un poco más del sosiego y la tranquilidad que tú me proporcionabas y un poco más del cariño que tiempo después de haberte marchado no logré encontrar en nadie más. Me decían que era yo el que no dejaba entrar a nadie en mi mundo. Que me había convertido en un ser solitario revestido de un caparazón, de una coraza infranqueable ante la ternura de los demás. Posiblemente será así hasta mi fin. Pero yo no quiero más manos que las tuyas. Yo no quiero más aliento, más palabras, más amor que el tuyo. Dejé de querer, como dejé de escuchar, como dejé de mirar y de existir. Me aislé en mi mundo tratando de acordarme de todo aquello que me habías dicho durante tantos años y que no era capaz de recordar.

sábado, 13 de marzo de 2010

SOBRE LA MARCHA: Delibes

Murió dejándose por el camino muchos años vividos y una obra extensa. Murió viejo y enfermo como debe de morir uno. Murió lleno de palabras, lleno de frases, plena su cabeza de imágenes, de historias castellanas. Hojas de un libro no escrito, páginas pasadas llenas y páginas futuras no escritas por los siglos de los siglos. Trazando el camino a los futuros para que sean ellos los que sigan tintando hojas. Se cansó de escribir y decidió partir para descansar como tantos otros. Se cansó de ser y de estar. Y provocó que se lo llevara cualquier cosa, una enfermedad, el olvido de respirar, el cansancio propio y ajeno. Se lo llevó una palabra entrecortada, un artículo mal articulado, un adverbio equívoco, un sustantivo esquivo, un adjetivo contradictorio, una exclamación o tal vez un gerundio con poca enjundia. O se dejó llevar o acompañar por los ladridos de los perros a la caza de una pieza, persiguiendo señoritos hasta colgarlos de un árbol, engatusando a politicastros para que engatusen a los demás, o persiguiendo hasta agotar a los más creyentes. O tal vez todo ello a la vez. Se lo llevó la vida ayer mismo, pero sus personajes, sus contundentes personajes se quedarán para siempre entre los vivos, para todos, para los nacidos y para los nonatos y durante generaciones leerán cinco horas con Mario o los santos inocentes o el hereje y así parte de su obra si no toda. Ya no habrá más Delibes. La vida dejó que se lo llevara la muerte. Como siempre pasa.

domingo, 7 de marzo de 2010

SOBRE LA MARCHA: El frenazo

Cada frenazo del metro los pocos viajeros que hay en cada vagón son desplazados violentamente. Las miradas se cruzan interrogantes pero nadie dice nada. Solo se espera. Otro acelerón seguido de otro frenazo. Parece como si los mandos los hubiera cogido el hijo del conductor con su pequeño culo medio apoyado en los muslos de su padre agarrado como un poseso a los mandos del tren: criaturita vibrante, excitada, exultante de alegría: Padre orgulloso profiriendo carcajadas por las monerías del niño. ¡Y es que Carlitos tiene unas cosas que para qué! Y el tal Carlitos tronchándose igualmente de risa y encantado con el trabajo de papá que más que un trabajo siente que su padre está jugando entre raíles, vagones, luces de colores, largos túneles y viajeros de verdad, con trenes que se cruzan unos con otros, en un parque de atracciones de mayores. Se respiran momentos de pánico que salen en forma de alaridos de las bocas de las personas más sensibles otros igual de asustados tratan de guardar las formas hasta saber qué es exactamente lo que pasa. Pero en el fondo todos sienten el temor de la catástrofe que en cualquier momento puede estallar. No era acaso motivo de mayor preocupación los frenazos si no los acelerones: en esos momentos y con el tren galopando lo que se espera es que el sistema de frenado funcione y como mal menor unas pequeñas contusiones y nada más. El sentirse estampado en el final de la línea contra el muro de contención de trenes o contra los bolardos del final de la estación empiezan a desquiciar a los pasajeros…a veces el pensamiento único existe. A veces el terror también…

domingo, 21 de febrero de 2010

DEL CUADERNO DE NOTAS

3 de Noviembre del 89
De momento y sin que a lo mejor sirva de precedente le estoy echando fuerza de voluntad al asunto y aquí estoy todos los días luchando, gozando, trabajando en el solitario oficio de escribir. Quiero escribir. No quiero dejar de hacerlo. Solo quiero trabajar en lo que yo considero como el trabajo más importante...Algo parecido debí pensar cuando contaba con quince años de edad y escribí un relato que me supuso la pérdida automática del curso y la expulsión voluntaria del colegio y de los estudios y me dedicaron al trabajo como la única alternativa a los estudios y como lo que era, como un castigo. Un castigo que recibí, gustoso, porque el colegio y su trajín de estudios y de salir tarde por las tardes y vuelta a casa a preparar las lecciones del día siguiente no me iba nada bien. No me dejaba margen para dedicarme a lo que para mí, en esos momentos de enfermo adolescente, donde te juegas el futuro sin saberlo, lo más importante que podía hacer era escribir. En fin los errores en la vida son duraderos y se pagan demasiado caros. El trabajo no era duro y sobre todo que no había que hacer nada una vez salías de él. El resto de la tarde libre hasta el día siguiente. Plena felicidad, algo de dinero en el bolsillo para tabaco y cañas y escribir todo lo que se me antojara hasta cansarme. La decisión de la primera novela o sacar el curso estaba tomada. Ahora lo sé: El tiempo limpia de impurezas el cerebro. Me equivoqué de mes o de año. Hubiera sacado el curso y me hubiera puesto a escribir lo que hubiera querido en las largas vacaciones de las que disfrutábamos todos los años sin excepción. Me dediqué en cuerpo y alma a sacar adelante aquella magnífica proeza de inventar una novela. En mi inconsciencia me lo pasé bien. Conforme la construía me iba interesando más. Estaba involucrado, volcado hacia esa idea. Me obsesioné. Las clases pasaban intentando construir los personajes o sacándolos de cualquier enredo. Sintiéndome manipulador de vidas, de sentimientos. Siendo el dueño y señor de los tiempos, de los lugares, de la acción, de su felicidad o de su mal destino o incluso de su muerte. A mí me iban a hablar de Dios, esos curas…La novela la terminé justo en el momento en el que recibía el bombardeo de suspensos nunca dados a ningún alumno. Todo un éxito...

sábado, 20 de febrero de 2010

SOBRE LA MARCHA: La cosa

La llave entró en la cerradura y giró sin dificultad. Si no era esa mi llave, entonces había bombines iguales que se podían abrir con llaves distintas. Del mismo modo se debe suponer que encontrándome tan perjudicado por la ingestión excesiva de alcohol no me di cuenta de nada. A la mañana siguiente intentando aliviar los efectos tan agresivos de la noche anterior y tumbado en el sillón, me llamó la atención el llavero que colgaba de la llave que estaba puesta en la cerradura de la puerta de mi casa. No era mi llavero. En mi vida había tenido un llavero igual que ese. Era una especie de cabeza grande de conejo o de oveja. Grande y pomposo. Blanco-sobado. Me acerqué a la puerta para constatar o para cerciorarme que aquello no era producto de mi imaginación ahogada por el güisqui. Era. Era oveja, grande, pomposa, blanca y sobada. Me dirigí a la habitación y a pesar de no ver ningún bulto aparente tiré de las sábanas hacia fuera de la cama a ver si la dueña de aquél espantoso objeto estaba plácidamente durmiendo en pelotas sin mi consciente permiso, no tanto por hacerlo en pelotas, que yo también lo hacía, sino por hacerlo en mi cama. Joder no había nadie. Aún, hubiera podido explicarme que la llave se la hubiera dado a la persona con la que me hubiese enrollado a sabiendas de que iba a pillar un buen pedo, que la hubiera puesto en su espantoso llavero y que al traerme a casa se la hubiera dejado colgada en la cerradura…En el cuarto de baño…entré y tampoco había nadie. Joder no puede ser. Todo un enigma para los estudiosos de los misterios. Sonaron unos golpes fuertes en la puerta de entrada y que me alarmaron tanto que pegué un ligero brinco, lo suficiente como para tirar un buen trago de café en la alfombrilla del baño, por supuesto de un color blanco impoluto. No sé qué hora era y aunque no debía ser muy pronto, sí lo suficiente como para golpear las cosas de esa manera tan, tan alarmante. Lógicamente abrí y allí estaba mi ex Eva que se había dejado las llaves puestas y venía a recogerlas. Eran de ella. Empezaban las cosas a tomar forma, como a encajar. Yo allí en pelotas en el descansillo del piso, con la puerta medio cerrada como queriendo ocultar a alguien ¿coño a quién?, con la taza de café en la mano tratando de taparme la cara de bobo, mirándola a los ojos con cierta curiosidad como no creyéndome esa aparición y toqueteando el asqueroso llavero para sacarlo de la cerradura y dárselo a su legítima dueña…porque claro con la trompa que traías ayer cualquiera te hubiera dejado tirado durmiéndola en el felpudo de casa pero por respeto a tu hijo no lo hice aunque me arrepiento. Coño de todo me arrepiento y es que soy gilipollas ya me lo decía Pili (su amiga íntima: una víbora), este en cualquier momento se te presenta con la lágrima floja y tú que la tienes aún mucho más floja le dejas pasar y se te apalanca. No seas imbécil y hazme caso por una sola vez en tu vida. Y mira solo te digo una cosa.- Esto ya lo decía con el dedo amenazante y muy cerca, demasiado cerca.- Para cuando venga de trabajar espero no verte por aquí y a ver si te olvidas de esta dirección o es que siempre coges el mismo taxi cuando estás borracho. Y a ver si haces más caso a Luisito cuando estás sereno y puede disfrutar un poco de tu pensión que hace unos meses que no sabemos nada de nada. Y tápate esa cosa que te vas a resfriar. Me echó tal mirada de... como de...cómo diría yo...de desdeño tan cruel que en un acto reflejo el resto del café cayó a mi cosa y al felpudo pasando por los dedos de los pies antes de que la taza fuera al nuevo lugar para ser tapada. El café, menos mal, estaba frío después de tanto quebranto. Sin duda era mi ex casa, mi ex mujer, mi ex cama y mi ex mundo. La llave de la casa estaba sin duda en mi manojo de llaves que las tendría al retortero y que también sin duda habría abierto con ellas. Pero no me acuerdo. Que fácil resulta todo cuando hay un buen razonamiento. Ves estoy aquí porque me trajeron mis piernas. Entré en la casa que ha sido mía hasta hace bien poco y me quedé pillado cuando vi la monstruosidad que colgaba de la cerradura. Solo eso y lo demás una estupidez…

miércoles, 10 de febrero de 2010

SOBRE LA MARCHA: Noche mágica

Son las cinco y media de la madrugada del día de Reyes y no consigo conciliar el sueño. Algo me lo ha perturbado: un sueño, un mal sueño...Salgo pitando con el coche hacia un pueblo cercano en busca de mi hija que entre sollozos me llama al móvil diciéndome que le han robado su coche: las dos de la mañana. En el cuartel de la policía local nos indican que ha sido retirado por la grúa para dejar paso a la caravana de Reyes Magos. Que si fue debidamente anunciado con cartelería al efecto, que si hay que leer los carteles que se ponen. Y que de ahora en adelante las farolas de ese ayuntamiento no solo sirven para alumbrar sino que hay que leer los bandos del ayuntamiento y las prohibiciones de la policía local: la farola del aparcamiento de una estación de autobuses que normalmente se va con el tiempo suficiente como para leer, charlar y tomarse un café mientras que llega el autobús...que si queremos retirar el coche hay que abonar la tasa de retirada de la grúa y la multa correspondiente por la denuncia de la policía. Total que unos doscientos euros de vellón como regalo de los Reyes Malos. En fin aguantar estas cosas en un país que se declara aconfesional, cuando se sabe que los reyes son un engaño, una filfa para los niños, un roto espectacular para los padres que se ven inmersos en el engaño. No debería de pasar estas cosas en un país civilizado...Después de mil y unas palabras para tratar de convencer...nadie es responsable...retiramos el coche abonando la cantidad solicitada dándole las gracias a la policía por cumplir tan escrupulosamente la legalidad vigente...esperando que midan por el mismo rasero a todos los ciudadanos sin excepción y que el cumplimiento de esa obligación, la de recaudar, no les nuble el proceder por lo que se supone que están y sirven: ayudar a los ciudadanos arrestando a los malos y protegiendo a los buenos. Qué decir de ese alcalde que parece ser el culpable de estas y otras cosas en ese municipio tan bonito que era cuando pequeño y tan mal desarrollado de mayor. Terminé deseándole lo peor a ese ser que, en contra de lo que se pueda pensar, no es una mala enfermedad. A esos cabrones los que más les puede joder es que se arruinen. Me desvelé a las cinco y media de la mañana de Reyes. Todo un sueño...

sábado, 6 de febrero de 2010

SOBRE LA MARCHA: El listo más tonto

El que te cree más tonto de lo que eres es porque se cree más listo de lo que es...Lo tenía que decir. Hay un tipo en el trabajo que, en cada sitio seguro que hay un tipo igual o parecido, no solo se cree más listo que nadie si no que lo proclama en cuanto puede. Es el más listo de su especie laboral y además su listeza le llava a estar por encima del bien y del mal. Su ámplia gama de hechos despectivos para con los demás demuestra su versalitidad como cabrón, como hacedor de daños morales, fué, en su momento, el jefe de los cabrones pero en la actualidad no tiene mando en tropa...permanece agazapado, al acecho, espectante. Es un espanto verle por los pasillos lentamente arrastrando los pies, con las manos metidas en los bolsillos mirando con aire de suficiencia a un lado y a otro, provocador. Apucherando los labios como queriendo dar besos a todos los que menosprecia, lentamente con una cadencia cansina entre paso y paso. No teniendo ninguna prisa. La mayoría piensa, que no dice, que tiene la velocidad y el aspecto del que no tiene nada que hacer. Es un claro candidato a ser asesor, sesudo, asexuado, sin trabajo. Es penoso ver cómo las personas se dejeneran enajenándose. Hay que ver cómo es la mente y los malos tragos que nos hace pasar...

miércoles, 3 de febrero de 2010

SOBRE LA MARCHA: De lluvia nada

Y decían que iba a llover. Nada más lejos de la realidad. hace un sol de alucinar para las fechas en las que estamos. Y dicen que cada vez son más fiables las predicciones. Será verdad, no seré yo quién lo discuta, pero hoy desde luego se han lucido. Salgo forrado de casa para combatir ese frío intenso que iba a dejar vacío de viandantes Madrid y tengo el sol radiante pegándome en toda la cara y me tengo que desprender de gorro, bufanda, guantes y porque es exagerado quitármelo todo. El autobús lo sustituiré por una caminata hasta el trabajo como si fuera primavera. Y no me tomo una cerveza porque no es la hora pero como siga haciendo esta temperatura a la salida del curro me la tomo en una terraza, que alguna habrá. La gente no pierde ripio y si ve que hay clientes que demandan silla a la intemperie pues se les da silla y mesa a la solana del invierno. A gusto del consumidor. Y una cerveza con la jarra helada como a cuarenta grados. -Pero Manolo no necesitas nevera para tener las jarras tan frías. Pues la cerveza me la sirves también del tiempo que a mí tan fría no me gusta. -Mira que eres raro Alfonso tomarte la cerveza pedorra. -No creo que esté tan pedorra como tú dices pero ya sabes que no soy capaz de meterme ese líquido helado en el cuerpo. La prefiero así...Manolo se va a atender a otros clientes porque tampoco la conversación da para más...el sol no tiene mucha fuerza pero está ahí. ¡Qué gusto!

viernes, 15 de enero de 2010

Del cuaderno de notas

5 de Noviembre del 89
En esta vida siempre se necesita buscar sustitutos para no sentirse desamparado. Pero la vida en sí misma no tiene sustituto. Se vale ella sola para hacer la gran puñeta o arreglarte todos los problemas que puedas tener. No sabes nunca por donde te va a venir el mal o el bien. Puedes intentar obligar un poco tentando a la suerte, luego la espera... Una espera larga y cuidada con meticulosidad como quien está cuidando el sueño de un niño. Quién puede esperar algo de la vida sin darle nada a cambio. Sin darle un poco, solo un poco de sufrimiento. Lo mismo a veces con ese poco se conforma la vida y echa una mano. Otras veces, las más, no hace ni caso, como si todo lo que dijeras o hicieras se fuera por el sumidero del lavabo: esfuerzo baldío. Y se te ocurre engañar haciendo cosas que nunca hiciste y que nunca harías en condiciones digamos normales, como si fuera fácil ocultarle algo a la vida y te engañas a ti mismo y haces como si hubieras conseguido no compartirlo con nadie: dueño absoluto de tu secreto…Llega un momento en que te cansas de esperar. Es demasiado larga la espera para el que desea hacer muchas cosas y no consigue centrarse en nada. Acaso sea demasiado osado pensar que se te debe algo por todo el sufrimiento que tú le has dado. Pero en realidad cuesta tanto, o tal vez, somos tantos a repartir que a algunos no nos toca nunca. Demasiada demanda para tan poca oferta...