domingo, 22 de noviembre de 2015

SOBRE LA MARCHA: Tulipan

¡Si es que eres un auténtico tulipán!...y me volví. Sí, lo siento, pero me volví. Hice el mayor de los giros posibles con el cuidado cuando se va andando para no caerte. Con el tacón izquierdo, la almohadilla de los dedillos del derecho y giraaaaaado. Como recreándome en ese placer de saber que vas a encontrar lo deseado. Cada vez que lo pienso creo que me salió a cámara lenta. Me giré todo yo. Me lo hice con la cara y el cuerpo y sonriendo…Me di cuenta tarde de que no era a mí. Y sonreí. Supongo que fue una sonrisa que se fue helando conforme las décimas de segundo transcurrían y yo empezaba a ser consciente de la tremenda metedura de pata a la que me iba a someter yo solito. Una sonrisa llena de matices en tan solo unos pocos segundos, lo que va de la gloria al más absoluto de los fracasos: desbordada y luminosa, helada llegando a gélida y avergonzada y humillante. Y pensé a posteriori, aunque hubiera sido para mí, cómo tengo los egos de girarme ante un piropo. Coño con lo crítico que soy para esas cosas. Fueron décimas de segundo en el que no coordinas bien. Tu cabeza va por un lado pensando en lo que sea que pensara en ese momento; y tu cuerpo por otro, como si no perteneciese a ti. Tus pensamientos girando en la cabeza. Los oídos taponados por los pensamientos y sin haberme colocado todavía el ipod que si no hubiera sido la sordera total y en este caso la salvación, y la vista al suelo o a un horizonte indefinido y como el idiota que estoy hecho, entre lo que oí, la gracia que me hizo, la tontería de no controlar el medio, ahí estaba yo vuelto del todo, sonriente, delante de la mesa de donde había salido esa flor y buscando con la mirada a la dueña de la voz. A la dueña de ese piropo o requiebro o lo que fuera, que me había subyugado en el momento de oírlo y destrozado de la vergüenza, dejándome en el mayor de los ridículos posibles. Que sí, que no iba conmigo y me volví como si aquel requiebro de labios femeninos fuera para mí. Nunca y digo nunca, me han gustado los piropos o requiebros, es más, siempre me han parecido insultantes y agresivos para la mujer, por muy agradables o simpáticos que sean pero me han parecido siempre un quebranto hacia las personas. Así pienso. De esta manera y no de otra. Es más, puede llegar a ser insultante dependiendo de en qué condiciones...lo pienso y lo digo pese a que me he encontrado mujeres que me han oído que no están de acuerdo. Yo lo llamo agresión en toda regla...me volví a ver a la dueña del piropo a la dueña de esa voz y fue algo instantáneo ella cruzo la mirada conmigo en principio no entendiendo porque me volvía pero esa sensación le duró décimas de segundo lo que tardó en darse cuenta de su frase y de mi giro. Y rió, rió a carcajadas y yo me sonreí y me sonrosé...¡tulipán!