domingo, 22 de noviembre de 2015

SOBRE LA MARCHA: Tulipan

¡Si es que eres un auténtico tulipán!...y me volví. Sí, lo siento, pero me volví. Hice el mayor de los giros posibles con el cuidado cuando se va andando para no caerte. Con el tacón izquierdo, la almohadilla de los dedillos del derecho y giraaaaaado. Como recreándome en ese placer de saber que vas a encontrar lo deseado. Cada vez que lo pienso creo que me salió a cámara lenta. Me giré todo yo. Me lo hice con la cara y el cuerpo y sonriendo…Me di cuenta tarde de que no era a mí. Y sonreí. Supongo que fue una sonrisa que se fue helando conforme las décimas de segundo transcurrían y yo empezaba a ser consciente de la tremenda metedura de pata a la que me iba a someter yo solito. Una sonrisa llena de matices en tan solo unos pocos segundos, lo que va de la gloria al más absoluto de los fracasos: desbordada y luminosa, helada llegando a gélida y avergonzada y humillante. Y pensé a posteriori, aunque hubiera sido para mí, cómo tengo los egos de girarme ante un piropo. Coño con lo crítico que soy para esas cosas. Fueron décimas de segundo en el que no coordinas bien. Tu cabeza va por un lado pensando en lo que sea que pensara en ese momento; y tu cuerpo por otro, como si no perteneciese a ti. Tus pensamientos girando en la cabeza. Los oídos taponados por los pensamientos y sin haberme colocado todavía el ipod que si no hubiera sido la sordera total y en este caso la salvación, y la vista al suelo o a un horizonte indefinido y como el idiota que estoy hecho, entre lo que oí, la gracia que me hizo, la tontería de no controlar el medio, ahí estaba yo vuelto del todo, sonriente, delante de la mesa de donde había salido esa flor y buscando con la mirada a la dueña de la voz. A la dueña de ese piropo o requiebro o lo que fuera, que me había subyugado en el momento de oírlo y destrozado de la vergüenza, dejándome en el mayor de los ridículos posibles. Que sí, que no iba conmigo y me volví como si aquel requiebro de labios femeninos fuera para mí. Nunca y digo nunca, me han gustado los piropos o requiebros, es más, siempre me han parecido insultantes y agresivos para la mujer, por muy agradables o simpáticos que sean pero me han parecido siempre un quebranto hacia las personas. Así pienso. De esta manera y no de otra. Es más, puede llegar a ser insultante dependiendo de en qué condiciones...lo pienso y lo digo pese a que me he encontrado mujeres que me han oído que no están de acuerdo. Yo lo llamo agresión en toda regla...me volví a ver a la dueña del piropo a la dueña de esa voz y fue algo instantáneo ella cruzo la mirada conmigo en principio no entendiendo porque me volvía pero esa sensación le duró décimas de segundo lo que tardó en darse cuenta de su frase y de mi giro. Y rió, rió a carcajadas y yo me sonreí y me sonrosé...¡tulipán!

jueves, 29 de octubre de 2015

SOBRE LA MARCHA: El regalo (VI)

Se levantó de la cama con parsimonia. Se puso los zapatos de tacón y se acercó a él. Ramón seguía sus movimientos con cierta curiosidad. Tenía un poco nublada la vista después de haber ingerido prácticamente la botella de cava. En una elevación rápida de su pierna, Natalia sorpresivamente, le puso el tacón afilado en el pecho desnudo. Y le dijo con una voz seca. Como te muevas, te voy a hincar el tacón en el pecho. Él, atónito, no lograba entender qué era lo que estaba pasando. No sabía qué responder y solo hizo un gesto de cabeza afirmativo. Es todo lo que se le ocurrió. Sintió como su pecho cedía a la presión del afilado tacón. Emitió un grito agudo, casi en el mismo tono que lo hacía Natalia cuando él le hacía daño y le cubrió un manto negro de temor hasta ahora desconocido para él. Trató de incorporarse pese a la presión que ejercía, pero notó que sus fuerzas le fallaban y que su voluntad, la falta de ella, le dejaba postrado casi clavado en aquel asiento tan estrecho e incómodo. Acertó a pensar como para alejarse de la realidad, que aquello no era ni asiento ni nada y en ese mismo momento sintió todo el dolor concentrado en su cuerpo.  No sabía cuánto tiempo llevaba allí mal sentado o entre sentado y tumbado. A tenor de lo que le dolían los huesos debería de ser bastante...Miró a su mujer y no le pareció Natalia, su Natalia, a quien siempre había amado a su manera y que ahora no era la misma, se había transformado en una de esas mujeres que en algún momento él había idolatrado tras verlas en las películas, tan admiradas por todos, tan enérgicas, tan duras y dulces, con un carácter que las hacia ser seres superiores y con unos cuerpos que no había hombre que se las cruzara por aquellas avenidas tan grandes en Nueva York, o Chicago, o San Francisco y que no se volviera. Y a él, le atraían tanto ese tipo de mujer y tantas veces había fantaseado con ellas...Pero era Natalia, su Natalia, la que le estaba haciendo daño en el pecho. La que se estaba portando como una mujer de esas películas. A la que veía con los ojos inyectados en sangre y con una rabia que no llegaba a entender. El cava, pensó, el cava me ha sentado como un tiro. Pidió suplicante con un hilo de aire, que le dejara de pisar, que le iba acabar haciendo daño y que le dejara levantarse. Fue en ese momento cuando escuchó un ruido raro como si cediera algo en su cuerpo y segundos después dejó de sentir. Le subió un regusto de sangre a la boca y entendió que Natalia, su Natalia, había pisado con más fuerza su pecho y notó como ese tacón entraba en su carne desgarrándola. No le dolió solo se dejó llevar y notó cómo sus órganos, cada uno de ellos, iba dejando de funcionar. Los párpados no los podía cerrar. No le respondía nada. Le inundó el silencio...Natalia se descalzó el zapato hundido dejándolo de muestra para que cuando vinieran, no le hicieran demasiadas preguntas. Pero eso sería mañana, cuando amaneciera, mientras tanto necesitaba dormir, tan solo dormir un poco  más tranquila.

sábado, 10 de octubre de 2015

SOBRE LA MARCHA: El regalo ( V )

Quiso volver a poseerla pero ya sin tanta necesidad. Se levantó del camastro y la invitó a tomarse la copa de cava que todavía estaba sin abrir encima de una mesa pequeña cuadrada apostada en la ventana de la estancia. La tocó con la mano para comprobar la temperatura y la sacó de la cubitera. No le importó a pesar de lo mojada que estaba y arrugó un poco la cara en señal de desaprobación ante la temperatura del vidrio. Se entendió por el gesto de ir a quitar la cápsula y el entramado metálico que abrazaba al corcho, que parecía que había aguantado el líquido lo suficiente como para ser bebible. Natalia aún perturbada por el castigo que le había infringido aquél ser que a veces parecía adorable y otras el mismo demonio y con una amargura en su boca y dolor en el alma, al ver lo que hacía, entendió y pensó en lo peor. No quería que la volviera a rozar: no lo aguantaría, prefería que acabara con ella de una puta vez, que no la confundiera más, que no solo sufría su cuerpo y su mente sino que le deterioraba el alma que siempre había tratado de proteger como lo más valioso de su ser. No un alma religioso e imperecedero, sino un alma con sangre, con cuerpo, con sentimiento, con dolor, con amor. Un amor que ya no sentía como suyo como si su alma se hubiera ido a otro cuerpo. Y esa manipulación y esas maneras por supuesto no eran nuevas si no al contrario. Cuántas veces se había dejado envolver. Ahora piensa en el engaño a la que le había sometido y se sentía tonta y torpe, se sentía manipulada y sucia...esas putas formas se decía recriminando su pasividad ante tanta evidencia. Toma una copa de cava. Y respiró haciendo una pausa ensayada. Y no quiero un no como respuesta, dijo Ramón en un tono casi festivo. Sabes que no me gusta el cava. He dicho que no admito un no como respuesta. Anda no seas tonta e inténtalo, hazlo por mi. Le tendió la copa casi llena a la vez que el tren hacia un movimiento en zig zag muy suave pero lo suficiente como para que se derramara un poco de liquido en su mano que le llenó de ira y no pudo contenerse. Y con mucho desdén, una vez que Natalia había aceptado echar un sorbo, se la arrebató y de un trago desapareció el líquido sobrante, que era casi todo, en su boca, en su garganta, en su sangre. Volvió a llenar la copa de Natalia hasta arriba e hizo el mismo gesto de desdén y su boca se volvió a llenar, y su garganta, y su sangre y la copa ahora vacía se llenó una tercera vez y una cuarta y una quinta, hasta que en la botella no hubo nada más que el recuerdo de alguna burbuja...
Quiso escapar pero no pudo, o no sabía cómo, era grande el temor, demasiado miedo, demasiado terror. No sabía, tal vez le había dejado hacer durante tanto tiempo que había perdido la noción. Mi culpa se recriminaba, es todo culpa mía y se preguntaba cómo podía ser posible, que no le viera ahora de la misma manera a como le había visto siempre. Tanto había cambiado  o había sido así siempre y no lo había visto. Tal vez ¿El tren? ¿El hastío? ¿La desesperación? ¿Tal vez la última y definitiva desilusión?…¿Qué podía hacer? 

domingo, 30 de agosto de 2015

SOBRE LA MARCHA: El regalo ( IV )

No le dio tiempo a Natalia a salir del aseo, tan estrecho pero tan bien aprovechado y con tanto detalle, con su picardías de estreno, sintiéndose bella para su Ramón y desapareciendo todo atisbo de esa humildad que mantenía con su propio cuerpo y que su cabeza no era capaz de asumir, sobre todo desde que cumplió la cuarentena, cuando notó las manos de Ramón que le cogían de sus muñecas pinzándolas como si un policía le hubiera puesto unas esposas y las hubiera cerrado con premura para que no escapara. En décimas de segundo se notó volteada en aquella cama, boca arriba, perdiendo la noción del espacio y desgarrada del picardías regalado con el corazón desbocado con Ramón encima....Cuando terminó de agitarse cayó como extasiado, bufando, al otro lado de la cama dándole la espalda después de lo que quiso creer que era un ligero beso de buenas noches dicho entre cortadamente. Supo Natalia que nada podría hacer si no era dar un portazo a su vida. Nunca dejaría de recordar aquella gota de sudor brillante que recorrió su pantorrilla cuando era manipulada desabridamente y que reclamó su atención para no desmayarse con una luz en el interior de la gota reflejo de la luminaria de la salida de emergencias que había encima de la puerta y que hasta ahora le había pasado totalmente desapercibida, cuando la penetraba sin pedir el permiso necesario, sin casi una caricia o un beso para entrar y en esa gota de su poro se le congeló en su corazón, cuando fue consciente que no era una noche de amor, que no le había preparado una noche de amor en un coche cama vía París, sino que era otra más de locura, de desilusión, de martirio y la dejó sin sentir nada durante todo el recorrido que Ramón hacia agitando su cuerpo acompasadamente dándose a su propia satisfacción. Ella como en innumerables ocasiones le dejaba hacer y aunque ese día tan especial en ese compartimiento del tren que tan sorprendentemente le había regalado por su cumpleaños no pudo participar, como ella ansiaba, de los primeros contactos, de las primeros caricias suaves en las zonas que previamente sabía que Ramón y que intuía que a cualquier hombre le excitarían. Deseaba, ese día tan especial, haberlo hecho mucho más especial para los dos pero nunca Ramón había admitido más que los besos de rigor en los sitios de rigor de su mujer. Algún que otro gesto de cariño pero nunca de amante cautivador y entregado a su mujer. Eso Ramón lo entendía de otra manera. Su mala educación no lo concebía. Y ese día de su cumpleaños como cualquier otro día lo puso una vez más en práctica. Tal vez fue ahí y no en ningún otro momento cuando Natalia se dio cuenta de la perdida irremediable de Ramón y comprendió que posiblemente fuera lo mejor para los dos. Fue ahí cuando se dio cuenta de que Ramón solo había sido un sueño soñado una y mil veces para convencerse que no se había equivocado en esa elección que se hace a lo largo de la vida y que puede ser un castigo perpetuo si no se ponía fin cuanto antes a tamaño disparate. Nunca admitiría de ninguna manera que Natalia le hiciera prácticas exclusivas que considerara más de profesionales y que en definitiva para eso estaban y para eso se ganaban la vida y no así su mujer...  

domingo, 2 de agosto de 2015

SOBRE LA MARCHA: El regalo (III)


Un coche cama un sueño hecho realidad. La habitación, o el vagón o como se llame está muy cuidada, hasta el último detalle. Una botella de cava encima de la mesa y  este hombre que me ha sorprendido. Estoy todavía que no me lo creo. Y es que él es así. En muchas ocasiones, lo confieso, me decía a mí misma, que aunque me tuviera enfadada tenía que dejarle si él me lo pedía, ya me entienden. Y me lo pedía siempre, llegué a pensar que eso le ponía a tono y que le gustaba verme enfadada y luego pedirme relaciones. la verdad es que al principio me ponía enferma pero le dejaba, le he dejado durante todos estos años y a veces me ha pesado infinito. Otras veces me convencía que dejándole dormía toda la noche y me dejaba en paz y esa mañana se levantaba temprano y contento y se iba al trabajo casi sin despertarme. No fallaba, el momento de ponerse el abrigo y salir dando un portazo seguida de su voz echando un joder o un me cago en la puta, por cierto muy frecuentada esta frase en su boca y supongo que solo en su boca, como de haberse dado cuenta tarde y el portazo es inevitable. Habría que verle con el abrigo a medio poner, con la cartera en una mano y la bolsa del almuerzo en la otra, de la cajetilla de tabaco sacándose un cigarrillo presto a encenderse el segundo de la mañana y el encendedor como haciendo juegos malabares. En fin, así es inevitable el portazo o que algo salga medianamente bien. Que porqué lo sé, porque lo sé. No es que me lo esté imaginando, es que un día ya no tuve más remedio que levantarme y mirar por la mirilla para ver qué era lo que pasaba en el descansillo ese tiempo de espera  del ascensor y claro es lo que digo es imposible que en esas condiciones algo le pueda salir bien. Pero él es así. Pero cuando se pone tierno es que no puedo y mira que lo intento pero es que le veo tan deseoso y me digo que no quiero ser brusca y que le dejo tan solo una caricia. Pero luego es solo un abrazo y luego un beso y ahora otro con lengua y su cabezón que se da cuenta y se despereza y claro una no es de piedra y aunque estemos enfadados pues me convence y es que se me cae la baba y claro que si se pone a jugar el pezón izquierdo que si ahora el derecho que si los dos y que ya que estamos pues lo acabamos. Aunque al principio estuviéramos, he dicho enfadados, pero no era del todo enfadados. Era casi un pelín cansados y al final siempre merece la pena...Luego tengo dudas si es bueno dejarle o decirle que no es siempre cuando él lo quiera o cuando él lo necesite, que a lo mejor yo no estoy de humor o en condiciones. Pero bueno siempre ha sido así y ahora me resultaría difícil tratar de enmendarle la plana. A veces me da mucha rabia pero aquí sigo dando vueltas por la salita que tiene el vagón tan mono, todo tan bien puesto que da cosa sentarse o abrir el cava, aunque en cuanto lo vea Ramón, lo primero que va a hacer es abrirlo, veremos a ver como acabamos esta noche, supongo que bien porque no estamos ni enfadados, ni cansados, si no al contrario…

lunes, 13 de julio de 2015

SOBRE LA MARCHA: El regalo (II)

Volvió a la habitación y apareció con esos papeles en la mano y conforme avanzaba por el pasillo iba mirándolos y la cara en segundos se le iba transformando en, no entiendo qué es esto, esto era lo que quería que viera, rareza, sorpresa y por fin alegría. Una leve sonrisa primero y una amplia sonrisa se le fue agrandando en su cara. Pero Ramón si son unos billetes de tren. Estás completamente loco cariño y además en coche cama, la ilusión de mi vida. Ramón te has pasado mucho. Ahora entiendo el picardías que me has comprado es para que me lo ponga en el tren no. Pero cuándo nos vamos y adónde. Eran tantas las preguntas que se agolpaban en su garganta, que no podían esperar respuesta, a si que Ramón tuvo que pararla con un beso. Cuando la notó más relajada le dijo anda ve a prepararlo todo que salimos esta noche. Qué salimos esta noche, la noche de hoy pero te has vuelto rematadamente loco y cómo no me lo has dicho si no he preparado nada claro que como iba a preparar algo si no sabía nada y tú también tendrás que preparar tu ropa. Mira me acabas de atacar, ya no sé ni lo que hago, ni lo que digo. A Ramón le hacía mucha gracia ver a Natalia tan descontrolada con lo que era de ordenada para sus cosas y para las de Ramón. En sus actos y en su cabeza era todo orden decía que lo necesitaba para vivir que sin el orden ella se sentía muy perdida. Avanzó con ella agarrada por el pasillo hasta llegar a la habitación y la empujó suavemente a la cama con algo de resistencia. Ramón por favor no seas tonto que ni son horas, ni es el momento. Pero que no son horas para qué exactamente. Pues para esto no te hagas el tonto que sabes lo que digo porque sabes lo que estás haciendo. Ya trataba de zafarse de sus brazos sin demasiado éxito. Ramón insistía pero mujer ahora déjame que termine de hacerte el tercer regalo es que eran tres y no dos. Anda Ramón haz el favor que ya te he dicho que no son horas. Esta noche en el tren, que si no pierdes fuelle. Esas palabras aflojaron los brazos de Ramón que se vio vencido por la negativa de Natalia y ella al notarse más suelta consiguió zafarse de él. Hacía días que andaban un poco de morros y ahora tal vez por tanta sorpresa junta, tanta excitación de todo tipo, no era capaz de concentrarse en la suerte del amor. Además puede llamar a la puerta cualquiera y no es plan yo no estoy tranquila y sabes que para estas cosas necesito esa tranquilidad. Mira lo hablamos esta noche que ahora tengo muchas cosas que preparar. Y se levanta y se sale a quitarse el camisón negro de raso tan brillante y que le hace muy gracioso a su cuerpo de ya no tan joven. Ramón desconcertado y con algo de calentura se enfada y dice en un tono de voz lo suficientemente alto para que Natalia le oiga. Y de qué quieres que hablemos esta noche si puede saberse. Se levanta de muy mala gana de la cama y busca y rebusca en los bolsillos de su chaqueta el paquete de tabaco y se lleva a la comisura de sus labios un cigarrillo y vuelve a hacer la misma operación pero esta vez buscando el encendedor. Y lo encuentra en el bolsillo contrario al del paquete de tabaco y enciende el cigarrillo y exhala un humo que parece no acabar nunca y otra calada larga y otra aún más fuerte y otra fuerte vaharada de humo denso, que parece que le envuelve en una nebulosa y le permite tranquilizarse por momentos...

domingo, 5 de julio de 2015

SOBRE LA MARCHA: El regalo (I)

Apoyó en el borde de la mesa del salón, no con demasiado cuidado, lo poco que le quedaba al cigarrillo para consumirse. No le importaba que la mesa de madera natural tuviese unos cuantos manchones negros de otros tantos cigarrillos apoyados de la misma manera y olvidados hasta consumirse. La madera que soportaba todos esos castigos era muy gruesa y de un color que nueva, era como amielada y que en el transcurso del tiempo y de las abrasaduras de cigarrillos le habían hecho ennegrecerse. Había adquirido el aspecto de mueble quemado y solo quedaba el vestigio de aquel color original, en las patas que soportaban la pesada carga del tablero. Se podía contar por decenas las picaduras abrasivas que tenía no quedando ningún hueco limpio de quemazón. Natalia se llevaba las manos a la cabeza y no podía comprender cuál era el motivo por el que Ramón utilizaba el canto de la mesa como cenicero de urgencia si la casa estaba plagada de ellos. Cuál era la razón o el porqué lo hacía sistemáticamente, sabiendo que a ella le ponía de los nervios, y a pesar de tanto tiempo juntos, lo seguía haciendo. Ramón entró en la casa con algo más en la mano que con su sempiterno cigarrillo. Era un regalo para ella. No se había olvidado de su cumpleaños. A pesar de sus manías recurrentes y malditas decía ella, le quería. Le debía de querer demasiado porque a veces la superaban. No lo llevaba del todo bien, aunque trataba de aparentar lo contrario. Haz el favor de dejar el cigarrillo en un cenicero antes de darme el beso por favor que un día vamos a salir ardiendo. Ardiendo me tienes a mí le decía Ramón cogiéndola de la cintura y atrayéndola hacía sí para inmediatamente darla un beso en los labios. Ella sin querer hacer ningún daño siempre ponía cara de no querer. Hacía algún tiempo que los besos de Ramón solo le olían todos a tabaco, a ceniza, a cenicero y era una acto reflejo de rechazo lo que hacía sin querer. A veces Ramón no le daba importancia e incluso eso le incitaba más a tontearla, a bajar su mano al culo y apretarla un poco más con la consiguiente queja de Natalia. Anda haz el favor de apagar ese cigarrillo de una vez Ramón a veces pienso que no tienes conciencia. Bueno respondía Ramón quieres que lo apague antes de darte mi regalo o después. Tú eliges pero sabes la memoria que tengo y como vaya a apagar el cigarrillo antes lo mismo se me olvida dártelo. Anda pesado dámelo a ver que se te ha ocurrido que te temo más que a un nublado. Y entonces Ramón con el permiso de Natalia se entregaba en cuerpo y alma al regalo olvidándose de dicho cigarrillo que se consumía en la mesa como tantos otros. Llegó a decir a manera de guasa, por si le hacía gracia a Natalia, que la mesa se había hecho adicta y que necesitaba echarse unas caladas de la toba que le dejaba para que lo aprovechara. No había manera con él pensó Natalia, pero hoy y ahora no es plan de enfadarse por la misma cosa de todos los días y además después del detalle del regalo iba a quedar como muy poco valorado. Le pidió que se lo pusiera y ella entró en la habitación no tanto por la vergüenza de quedar desnuda frente a su hombre, sino más bien por pura coquetería. Prefería vérselo puesto antes de enseñárselo a Ramón. Ella era así. Tenía no obstante mucho, casi demasiado sentido de la vergüenza y eso era un defecto que siempre la había limitado para muchas cosas en su vida y la provocaba no sentirse nunca realmente relajada. Salió con el picardías negro transparente y aunque procuraba no estar demasiado provocadora, y no hacer demasiadas posturitas y caminar por el pasillo sin contoneos, el picardías y ella misma eran un todo que a ramón le provocaban una excitación incontrolada, Aunque ya había entrado en una edad preocupante según ella misma decía, era una mujer guapa que siempre se había conservado bien pero sin que hubiera hecho ella nada por estarlo sencillamente le venía de familia. Ningún mérito se atribuía a ese respecto. Salió de la habitación una vez que se vio ella agradablemente, incluso sorprendentemente bien. Cruzó el pasillo rápidamente como para ser vista lo menos posible y se abalanzó a los brazos de Ramón que trataba en vano de quitar la nueva mancha negra de la mesa. Joder niña que guapa estás no y que bien te sienta y que sexy a la vez que la alcanzaba  o trincaba como él decía, con la mano la cintura y la apretaba contra él y buscando su boca para besarla. Pero déjame que te vea un poco más que apenas ha sido como un visto y no visto. y ella, sí, ahora me miras lo que quieras pero déjame que te de las gracias. Me gusta mucho pero tal vez un poco atrevido, insinuó coqueteando. Pero vamos a ver Natalia si esto te lo voy a ver yo solo. No lo va a ver nadie más porque entre otras cosas le arrancaría los ojos. No había nada más en la bolsa o no te ha dado por mirar a ver si estaba el precio, lo digo porque había otra cosita que completaba el regalo. Pues no me he dado cuenta he notado papeles sueltos pero me han parecido propaganda…

domingo, 26 de abril de 2015

SOBRE LA MARCHA: El Funeral

Jacinto Contreras cumplía los años el mismo día de su muerte. Y por más que le doliera los cumplía año tras año, sucesivamente, como todo el mundo, con la cansina cadencia de doce meses por año. Aunque él durante setenta y nueve veces más, hasta que la vida se aburrió y dijo basta, como acostumbra la vida a decir desde siempre. Era un faltón, insolente y deslenguado. Se pitorreaba con tanto descaro de sus paisanos, que muchos dejaron de hablarle por no sentir la vergüenza de verse acribillados por su verbo agudo en el momento más inoportuno y, sin embargo, no poder arrearle un buen golpe en esa bocaza que era lo que se merecía. Pero la ponzoña que alguna mala gente escupe a la buena gente y hiere tanto, que a veces es capaz de quedarse impregnada durante años. Y el tiempo no logra hacer olvidar ni perdonar. Y se quedaban con las ganas de arrearle y con la hiel en la boca. Alguno más harto era capaz de murmurar entre dientes la sin razón de la media hostia del tío ese y los más débiles aconsejaban a los que perdían el control eso de…déjalo estar que ya se aburrirá…que ese solo está buscando que alguien le meta una buena paliza para organizar el lío…Y el resto pensaba  que aunque no  mereciera la pena, en cuanto pudieran y se pusiera a tiro, le inflaban a hostias. La que se podía montar si alguien le ponía la mano encima podía ser fina: Jacinto procuraba no ponerse demasiado en peligro y si era preciso buscaba la protección del que tenía obligación que no ganas, de hacerlo y en algún momento de hecho requirió el servicio de los números de la guardia civil y estos se lo hicieron saber a la gente.
Estando a su lado y prestándole un poco de atención, daba la impresión de que le habían dado mucho más de sí sus años que a todos los de su quinta juntos, que no eran pocos, en el pueblo de viejos en que se había convertido en pocos años. Tan bullicioso antaño y tan abandonado ahora por la juventud que escapaba como huyendo del propio demonio. Era el que más “de todo” había hecho, el que más “de todo” tenía e incluso al que más cosas desagradables le habían pasado nunca. Y resultaba en sus palabras tan convincente, que nadie se atrevía a poner en duda los discursos de Don Sabito, como le acabaron llamando. Hasta predijo que él sería el primero de todos ellos en morir. Esa afirmación le entristecía tanto que se ponía a llorar y la lástima de verlo provocaba en la gente mayor interés y se acercaban un poco más. Incluso el más osado de todos hasta le preguntaba el por qué decía lo que decía. Entonces Jacinto Contreras respondía o bien con un insulto o bien con una patada a la buena fe de la gente…a mi lo que verdaderamente me jode es no poder veros muertos a todo...y se echaba a reír de un modo exagerado agitando extremadamente los brazos en forma de molino, en medio de la espantada general.
En este momento se encontraban de funeral en la iglesia mirándose de soslayo los unos a los otros. Repasando los malos momentos que les había hecho pasar el Sabito y a la vez pensando quién sería el próximo en acompañarle.
Se consideraba un hombre feliz y sin embargo la gente que le conocía más, aseguraba que esa afirmación tenía un vestigio de soledad, de autoprotección y de complacencia ante su cruda realidad. Su infelicidad empezaba por él mismo y por su comportamiento un tanto despreciativo de cara a los demás. Nunca había sabido cual era la medida entre el sentirse feliz con lo que a uno le ha tocado vivir e intentar dar envidias y enredar a todo el que podía. Pero eran muchos los que le hacían corro para escuchar sus historias. Historias que a buen seguro nadie creía del todo pero que sin duda entretenían a la mayoría del auditorio. En lo que todo el mundo estaba de acuerdo era en su especial manera de ser y de contar. Siempre fue un hombre un tanto especial. Ya de niño, sus padres se lo repetían una y mil veces con ese tópico que cada padre emplea para su propia conveniencia. !Por Dios que niño más especial eres para todo¡ Acompañado de un coscorrón o un cogotazo: Es el legado de la historia. Pero ahora y en la hora de su muerte con los ochenta cumplidos que no vividos, ese tópico quedaba realzado y todo el mundo que asistía y velaba su cuerpo lo pensaba pero nadie se atrevía a decir...
¡Un hombre especial hasta para elegir el día de su paso a la eternidad!. Así empezó a sermonear el cura Don Paco, o el "Pacurilla" como se le conocía en los círculos más críticos del pueblo, haciéndose eco del pensamiento popular, señalando la sencilla pero a la vez señorial caja mortuoria que el propio finado había dispuesto cuando se supo morir. Y que ahora descansaba sobre un catafalco inestable hecho con toda la buena fe pero con la austeridad que siempre proclamaba, como su verdadera religión, por el sacristán, hombre que velaba por la iglesia en el sentido más amplio de la palabra. Muchos de los allí presentes se mostraban preocupados por si se fuera a caer. Uno le decía al otro, menos mal que este ya no se mueve porque si no se daría la hostia que nadie se atrevió a dale en vida. Y esbozaban de soslayo unas sonrisas que a veces se acompañaban con una especie de hipo reprimido que hacía volverse a la fila inmediatamente anterior. Decían las lenguas viperinas, que el nombre de Paco se lo pusieron sus padres porque les parecía el nombre más apropiado para que el niño se encarrilara por el buen camino: Camino de la curia romana. Todo un reto para esos padres. Otros decían que en verdad le pusieron Ladislao pero que cuando el niño ya con uso de razón y una vez tomada la primera comunión le confesó a su madre su intención solemne de dedicarse a los demás. Eso quiero hacer yo le dijo. Desde ese mismo momento se decidió que se llamaría Paco. como si fuera su nombre artístico. Y esa madre se sintió tan orgullosa dónde la hubiera, por el sentido de madurez del que hizo gala, su primogénito y único hijo. Ella decía que estaba orgullosa de su primogénito: Pero señora no diga usted eso que parece que tiene usted una docena de hijos, cuando es el único que te tiene. Ella alzaba la cabeza y orgullosa inhalaba los momentos como si fueran aromas que el Señor le había mandado. Y cuando los médicos le diagnosticaron al niño, no sé qué cosa de los huesos y le dijeron que no iba a levantar más de un palmo del suelo, aplaudió malignamente la decisión celestial de hacerle pequeño para que le fuera ajustado el nombre con la profesión y que no tuviera tentaciones carnales que le llevaran por el mal camino. Pero allí en lo alto del púlpito se crecía, sus sermones eran doctos, brillantes y cargados de metáforas que los fieles apenas entendían pero que valoraban precisamente por la amalgama de latinajos que metía entre frase y frase. Cuanto más denso y menos inteligible fuera, mejor, más trascendente. Como les pasa a las medicinas que cuanto más cuestan más curan -Ha debido de ser muy importante lo que ha querido decir Don Paco porque no le he entendido nada, menos que nunca.- decía una señora a la salida de la iglesia y su compañera agarrada del brazo asentía - y muy interesante- a la vez que expresaba su admiración - ¡Ha estado francamente bien¡. -¡Que bien habla este cura! decían otros. - Y en todos se notaba el signo de la ignorancia en su estado de gracia. Y es que este tipo de cosas siempre han impresionado. Se le veía hasta más alto que los monaguillos que trataron en vano de averiguar si se valía de algún poyete para aparentar o era sin más el efecto óptico del púlpito pegado a la media columna o era que levitaba como le sucedía a Santa Teresa por la gracia de Dios. Si el púlpito por si mismo y allí pegado a la columna, como si le hubiera salido una giba, sin cura ni nada, impone, con cura, mucho más aunque este sea Don Paco. Don Paco tenía mucho que contar de su amigo Jacinto tanto que no sabía por donde empezar. Se conocían de chicos y se puede decir que había habido de todo en su amistad pero lo significativo del caso era lo distintos que eran uno del otro. Si el uno iba para cura el otro para diablo. Tan distantes, tan distintos en pensamiento, en palabra en obra y también en omisión como a veces le recordaba el mismo Paco a Jacinto. Tal era así, que mucha gente pensaba que la relación de amistad no podía durar mucho más allá de cualquier improperio de uno para que fuera devuelto por el otro doblado y que empezara una guerra que los más pesimistas decían que hasta podía ser decisiva para uno de los dos. Craso error ahora y en la hora de su muerte nunca se pusieron de acuerdo en quién iba a morir primero. - Yo a lo máximo que llegaré si mueres tú primero, es a emborracharme durante la novena que se le reza a los muertos para que penes, con perdón, tus penas en el purgatorio. Será mi canto y pero esto no te lo prometo te hago una misa que será la única vez que me veas entrar aquí, si es que estás en algún sitio viéndome como les dices a los que te gusta tanto engañar. Nunca pudo imaginar que fuera el cura el que le sobreviviera y que el verdugo fuera su amigo el cura que ahora y de cuerpo presente tuviera que aguantar como un fiel más el sermón que se disponía a darle: eso sí, cómodo. Como decía Paco el hombre propone y Dios dispone querido Jacinto a lo que Jacinto respondía, todo un canto al antojo de tu Señor, querido Paco.
“Hermanos en Cristo, nos hemos reunido un día como hoy para despedir a un amigo del pueblo, a un hermano que lo era de todos nosotros Jacinto Contreras.”
- Espero que seas breve...
“ En estos momentos de dolor tan intenso por la, aunque esperada, no por ello menos dolorosa, desaparición en su estado físico, en su estado material, como a él sin duda le gustaba decir cuando hablaba de estos temas, ya que nunca nos dejará, pues estará siempre presente en nuestras memorias.Y hacía una larga pausa que más bien parecía que había acabado. De repente gritaba irritado. Y porque del mismo modo que Dios nuestro Señor está ahora mismo con él, también estamos nosotros, aunque ya no le podamos ver, aunque ya no le podamos nunca jamás oír. Agachaba compungido la cabeza. Nunca dejará de estar a nuestro lado aunque él no lo quiera. Y le asomaba una risa malévola como si esas palabras las hubiera escupido el mismísimo diablo.
Así me gusta Paco Dios a mi lado y no yo al de él. Me halagas…

 

jueves, 9 de abril de 2015

SOBRE LA MARCHA: Pequeña Morenita


Ha empezado a llover. Después de tantas semanas sin caer una gota de lluvia, de la sequía obstinada, el cielo se ha oscurecido y el viento ha empezado a arreciar. Todo apunta a una gran tormenta de verano. Mamá ha ido a recoger la ropa tendida, como una loca, parecía que le iba a dar algo, y en un santiamén, estando las dos cuerdas a reventar, quedaron vacías y temblonas. Y todo en un pispas. Y me preguntaba si mamá tenía algo de mágica por lo rápido y bien que hacía las cosas. A su lado todo parecía fácil. El tendedero se halla en la azotea dos pisos más arriba de donde nosotros vivimos y consiste en dos cuerdas colgantes, colgaderas o colgonas, nunca supe porqué mamá las llamaba cada vez de una manera diferente, de lado a lado de la pared .…Todo ha quedado en un agüilla de nada, parecía el fin del mundo a tenor de la oscuridad tan profunda que se había hecho a las cuatro de la tarde pero otra vez, como en estas últimas semanas han caído del orden de cuatro gotas por metro cuadrado, como dice el hombre del tiempo por la radio, y con eso ha sido suficiente para dejarnos a todos con las ganas y a algunas, a Juani la vecina, con la ropa tendida, más sucia que limpia, para echarla de nuevo a lavar.
Cuando oía la voz de mi padre nada más entrar por la puerta de casa llamándome de la manera tan suya, de esa manera que a mí me parecía tan cálida y cariñosa buscando a su pequeña morenita, que era como me llamaba siempre y seguidamente me dejaba aparecer corriendo por el pasillo, pataleando con mis piernas todo lo fuerte que podía en la tarima para llamar su atención y metiéndome entre sus piernas con una risa nerviosa como de haber sido descubierta, sintiendo la tensión de sus músculos cuando golpeaba mi cabeza en sus muslos y segundos después sintiendo el aire, en mi cuerpo volteado, descubriendo las paredes de distinta manera, con los cuadros que a mí me parecían tan serios y que al cobrar vida flotando en el espacio, no lo parecían tanto y los dibujos del suelo moviéndose como enloquecidos, descubriendo que el mundo tenía movimiento y que, una vez puesta en sus poderosos hombros a horcajadas, lo que yo veía desde mi estatura nada tenía que ver a cómo se podía ver desde la estatura de mi padre. Por eso es tan poderoso pensaba yo...Era feliz...
Mama me cuenta, porque me cuenta muchas cosas ¡y cada cosa! que a veces pienso que habla tanto conmigo porque se cree que, de la mitad de las cosas que me cuenta, no me entero más que de la mitad, es decir un cuarto del entero. Tal y como es mi madre de reservada, si supiera que esta pequeña cabeza da más de sí de lo que todos a mi alrededor se piensan, no me contaría no ya la mitad de la mitad de las cosas, sino que nada de nada. Cuando más se le suelta la lengua es a la hora de ponerse a planchar, será por los vapores que suelta el agua cuando la reparte con los dedos por la ropa y pone el hierro encima, que si en la época de la república las gentes tenían muchos conocimientos, que si el nivel cultural era muy alto y que todo el mundo sabía muchas más cosas que ahora y de muchos más temas. Y con tanto Que-si-todo se me despierta el apetito de una manera brutal y hacemos una pausa y me prepara una rebanada de pan con aceite y azúcar y un vaso de leche y ella se prepara un café poco cargado para no desvelarse por la noche. Y retomamos cuando ella retoma la plancha, como en un acto reflejo…Pero que cuando pasó lo que pasó, no solo se metió el miedo y la hambruna en el cuerpo de las gentes sino que deshizo las mentes atontando a los listos y dando poder a los más tontos. A los más fuertes les hizo dóciles y todo ello con la anuencia y en colaboración con la iglesia ¡que parece hasta mentira! Y aquí parece que se enfada más y deja caer la plancha en el hierro posaplanchas, acompañando el enfado con el ruido del choque del metal. Y yo me asusto por que no me lo espero y pego un respingo. Pero no se da ni cuenta. A los que se les supuso sanos o menos afectados, parecieron olvidárseles las lecciones del pasado y se sometieron como corderos, no digo tanto en el momento y en los posteriores días de terminar todo, como a lo largo de los primeros años cuando todavía se podía haber hecho algo. Contándome esas cosas no entiendo como los mayores a veces son tan torpes o tienen menos conocimientos que nosotros los pequeños. Dice mamá que lo que pasa es que son más temerosos porque han vivido más y saben más cosas de la vida, que con la edad se sienten más débiles y se pueden defender peor. Pero ella sabe que yo no me refiero a los ancianos…
Abría la puerta de casa con ganas de vomitar, mareada, humillada, queriendo morir pero a la vez esperanzada de que todo lo que estaba pasando, de lo que todo lo que se estaba diciendo de mí padre hasta estos mismos momentos fuera un lamentable error. En tan solo unas horas el mundo había dado una voltereta como las mías de pequeña, no había caído bien y su sistema de flotación se había descentrado. Nada parecía estar en su sitio. Lo más extraño es que el efecto solo había producido daño en mí. Tal vez era la última voltereta simbólica que me daba mi padre. Papá había dejado de ser poderoso con el paso de los años y ahora era un anciano amable en un cuerpo agradecido alguien que no le hubiera conocido en su buena época no podría echarle los años que tenía. Pero yo le veía mermado de facultades. No era aquel hombre que entraba exultante en casa que cuando me dejaba en el suelo después de haberme hecho flotar durante unos segundos que a mí me parecían décimas de segundo, cogía de la misma manera a mi madre y la volteaba igual con las risas y algún requiebro ante tanta fuerza y no sé qué de ¡me vas a dejar moratones por todo el cuerpo bruto! acompañado de un golpe en la espalda y unas risas nerviosas. A pesar de la edad seguía haciendo muchas cosas y se valía por sí mismo, se daba largas caminatas por el parque del oeste y siempre venía refunfuñando de la gente tan diversa decía con cierto retintín que había y se malhumoraba del cómo era posible que esa gente de tan lejos se reuniera todos los días en el parque y lo dejara todo hecho un asco y acto seguido rememoraba esas mismas caminatas con su mujer, mi madre, agarrada de su brazo y pavoneándose delante de todos los militares vestidos de bonito azulado del ministerio del aire que salían de paseo perfectamente uniformados y con ganas de echarse por novia a una criada de buena casa y yo agarrada de su mano grande y fuerte. Era imposible que a su lado me hubiera pasado alguna vez algo malo...¡Era feliz!.
Mamá me cuenta la historia del cura de su pueblo que estuvo al lado de los republicanos y que no le fusilaron porque intervinieron los cardenales, obispos: toda la curia y que consiguieron el indulto, pero que tuvo verdaderos problemas con sus jerarcas porque le querían echar de la iglesia si no era capaz de conformarse con lo que había en ese momento y que cualquier acto sedicioso de las órdenes establecidas era un claro síntoma de rebeldía que se podía pagar con el fusilamiento y en el mejor de los casos con la cárcel a perpetuidad. A si que no era demasiado inteligente hacerle frente al poder cuando este era tan beligerante con los parias y tan espléndido con la iglesia en este caso que a cambio de su mutismo o su conformidad podría seguir ejerciendo y que si perdía los poderes eclesiásticos, a partir de ese mismo momento, quedaba a la buenaventura.
Me quedé bastante mejor después de potar aunque sentía que alguna garra me retorcía el estómago y que el sabor ácido de la bilis se me había quedado adherido a la boca. Me sentía sucia y la ducha caliente me llamaba a gritos, el olor del gel, el vaho que se formó de inmediato me reconfortó momentáneamente, una taza de manzanilla haría el resto pensé. Me dejé caer en el sofá con el albornoz aún húmedo e instintivamente abracé el cojín azulado que me había regalado papá antes de estrenar la casa y que tanta o más ilusión le hacía que a mí. Eso sí dejando claro que era para la casa nueva. Y lloré y lloré y lloré amargamente. No recuerdo más...abrí los ojos sobresaltada y miré el reloj sentía un profundo desconsuelo un vacío inmenso, los ojos los sentía gordos, los labios resecos, me escocían. El teléfono atenuó mi irrealidad y me equilibró. Hubo un momento de incertidumbre no supe si había sido el timbre del teléfono el que me había despertado del sopor o todo había sido una premonición y que instantes después de despertar sonaba el teléfono. Sonó mi voz, seguida la voz de mi padre que me suplicaba sollozando que no le colgara pero mis fuerzas flaquearon ante la aceptación de su mal. Odié todo lo que tenía alrededor odié el cojín que olía a sangre, odié mi apellido, y a mi madre por haberse casado con aquél hombre que tan solo hacía unos días veneraba y que ahora me era difícil considerarlo como mi padre y odiaba al mundo y a la vida, por hacerme ver una realidad de la que, si yo hubiera sido en algún momento consciente, o hubiera tenido la más mínima duda, me hubiera escapado. ¿Era feliz? ¡A la mierda la felicidad!
Mamá me cuenta la historia del cura de su pueblo porque así se lo contó su madre. Pero sabe que a mí ya no me interesa tanto lo que le pasó a ese cura, que por otro lado ya me conozco de tanto oírsela. No, ya no quiero que cubra su dolor con el dolor del prójimo. Que cubra tanta mentira con cualquier otra mentira. Ya no. Lo que a mí me interesa es saber la verdad sobre los hechos que llevaron a mi padre a la cárcel, por supuestos malos tratos con resultado de muerte a los presos en la época de la dictadura. Mamá siempre se echa a llorar y no quiere saber nada de ese asunto para ella está muerto y enterrado el tema y su marido. Le hace tanto daño que desea morir en ese mismo instante. Ella se siente presa del preso, muerta de tantos muertos como dejó mi padre. Y se pregunta tantas cosas que no es capaz de…Es posible que acabe mal de la cabeza, tal vez sería lo mejor que le podría pasar. Pero ella, enjugándose las lágrimas y con una sonrisa amarga, me quiere contar la historia del cura de su pueblo y cómo le salvaron los otros curas de una muerte segura, en los tiempos de la guerra…

domingo, 29 de marzo de 2015

SOBRE LA MARCHA: Indifícil

Indifícil! Repitió Raúl en voz alta la palabra que acababa de oír. ¿Indifícil? Continuó diciendo en voz más baja y repetidamente, como para poder sacarle algún significado más allá de lo simplista. Indifícil Masculló aseverando Raúl la palabra unas cuantas veces más como si quisiera grabárselas a fuego en su cabeza. No tanto porque fuera nueva para él, como de hecho lo era y sin contemplar la posibilidad de que lo fuera para todo el mundo, si no porque siempre se sorprendía de la capacidad de Andrea por inventarse cosas a la vez que daba la explicación académica: Dícese de un momento difícil en sí mismo. Esta podría ser una nueva palabra del diccionario. Gracias por el regalo Andrea. Raúl se apostaba en la barra del bar acodado y con su vaso de cerveza entre las manos frotándolo con cuidado para atemperarla  y para no derramarla. Era verdad que a él nunca le gustó la cerveza muy fría y mucho menos helada como era costumbre tomarla en esta parte del mundo, y le importunaba que en los bares se diera por hecho la jarrita o el vasito helado, incluso con escarcha empapando la cerveza espumosa, cuando se la pedías al camarero. No lo podían preguntar de la misma manera que lo hacían con la leche cuando te la sirven con el café Y daba lo mismo que fuera invierno o verano. Para el café es a gusto, y para la cerveza a mi disgusto. Eso sí el de las rarezas es quien parece quejarse por todo. El movimiento de sus manos podía indicar o bien el alivio del calor de sus manos o para tratar de atemperar el frío del líquido. Había aguantado demasiado con el abrigo puesto porque pensó que iba a ser una cerveza rápida pero el calor sofocante del bar y como que la cosa parecía que se alargaba, se deshizo de él y lo dejó en la silla vacía de la mesa vacía de al lado. Se le vino a la cabeza la cantidad de palabras que podían inventarse al cabo del día en cualquier lugar del mundo y en cualquier sitio. Palabras que jamás estarían en los diccionarios y que pasarían desapercibidas por la humanidad. Palabras. Palabras, que podían significar mucho o palabras que nada significarían... ¿Existen palabras que no signifiquen nada? Levantó la mano y Manolo le sirvió otra de lo mismo y con un gesto de contrariedad se dispuso a ponerlo entre sus manos para poder disfrutar de la cerveza a la temperatura que a él le gustaba…Manolo no significa nada más que camarero pensó.

sábado, 21 de marzo de 2015

SOBRE LA MARCHA: El transeúnte

A Ramón le gustaba la calle ahora más que nunca porque disfrutaba de todas las variedades que había adquirido en color, en olor, en alegría, diría más, incluso en descaro. Notaba olores que eran desconocidos para él. Aromas intensos, tan dulces que llegaban a ser empalagosos. Atravesando barrios sentía trasladarse a diferentes partes del mundo. Era como su manera de viajar. En sus años vividos no había tenido la oportunidad o la curiosidad de salir a ver mundo y ahora se encontraba con que el mundo había venido a él y lo disfrutaba como el mejor de los viajeros. Le sorprendía, más que por él mismo, por lo que oía comentar a las mujeres del barrio, mujeres curiosamente no tan mayores que se daban alegremente a la crítica despiadada de tanto descaro, de tanta carne suelta. Le sorprendía el desparpajo en el vestir de algunas ciudadanas que reivindicaban alegremente su lozanía en sus lorzas por entre las apreturas de sus minúsculas camisetas o sus pantalones, de cualquier material del que estuvieran compuestos, eso sí elásticos hasta el infinito, más bien pegados que ceñidos, y con colores imposibles en el mundo anodino e incoloro de hacía no más de un lustro. Y la alegría reflejada en sus bocas con esos dientes tan blancos. Una fantasía en un mundo que acababa de cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Todo un lujo a su alcance servido en su propia casa…
Cuando le autorizó el jefe a salir de la oficina para ir a su casa era noche cerrada. El invierno había entrado como una exhalación inundando de frío intenso todos los rincones de la ciudad. Se alzó el cuello de la gabardina al más puro estilo Bogartiano para no pillar la gripe tan molesta que recordaba del año pasado y que le tuvo en cama unos días con fiebre alta y un considerable malestar posterior. Le incomodaba enormemente los constipados con el líquido mucoso escurriendo por la nariz de manera permanente o asomando en los momentos menos oportunos y su no menos molesta sonoridad sorbiéndolos sin querer hacia dentro en un acto reflejo durante el resto del invierno y exageradamente bien avanzada la primavera. Quería ser prudente y pensaba que con ese frío tan intenso, cualquier precaución era poca. Imprevisible e irremediable el momento que le tocara constiparse. No había manera de impedirlo. ¡Putos virus y quien los pare! Masculló recordando algún cometario de alguien que decía que todo salía de los laboratorios: el mal y el remedio. Enredó bien el cuello de la gabardina con la bufanda dándole varias vueltas, se metió las manos en los bolsillos y después de elevar la vista como para asegurarse de que por allí  estaba el cielo tapado por una densa neblina, que a esas horas avanzaba inexorable por las calles con toda impunidad, se dispuso a recorrer andando el trayecto que le separaba del bar totalmente encogido mirando al suelo con cuidado de no tropezar y caer en esa espesura blanquecina.  Recordó que era jueves y que había quedado allí para verse, sin hora definida pero a la salida del curro, con Manuel, pero seguro que se habría cansado de esperar y se habría ido a su casa. No obstante después de unos momentos de duda decidió pasarse a tomar algo y de paso valorar la paciencia de Manuel en el caso de que aún permaneciera sentado en el taburete y acodado en la barra, bien entretenido o con los nervios a flor de piel después del plantón. Siempre habría alguien conocido para charlar un rato antes de irse a casa, se tranquilizó. Si fuera Manuel le diría la verdad que el jefe tenía la culpa de todo. Que precisamente ese día se había dejado todo el trabajo hecho para que no le pudiera pillar en ningún renuncio y que a pesar de los pesares a este hombre siempre le había caracterizado su habilidad para joder al personal. Bastara  que ese día, el jueves, el único que tenía una prisa relativa y necesitara salir a su hora, para que se le ocurriera cualquier estupidez que sin duda podría esperar al día siguiente. Se acordaba de un viejo compañero que le decía que no había cosas urgentes sino gente con prisa. En todo caso su jefe era de los que consideraba el tiempo laborar flexible para manejarlo a su antojo. Si no fuera por su exclusividad y la pasta que le suponía, lo mismo hasta prescindía de él. Era uno de esos trabajos que había conseguido de jovencito y que durante una temporada le había hecho disfrutar de las ventajas de tener dinero todos los meses, en comparación con sus amistades que se veían en la miserable situación de seguir estudiando y de no tener un duro ni para tabaco. Había gozado de su privilegio hasta que la madurez había entrado en su vida, sin darse cuenta o  de la misma manera, que el invierno entra sin avisar. Nunca había cambiado su situación laboral y lo que antes era un lujo delante de sus colegas, se había convertido, ahora, en un empleo vulgar y en un salario miserable, que en comparación a los sueldos de esos amigos que dejó jodidos y renegando de su condición de estudiantes, ahora con sus flamantes carreras terminadas, ostentaban puestos importantes en empresas privadas y sus niveles de vida habían subido considerablemente. A pesar de su asquerosa jornada laboral, le quedaba sin duda las esperanzadoras jornadas con los amigos para charlar de sus infortunios de lo mal que le había tratado la vida y de lo jodido que se encontraba...Llegó calado hasta los huesos al bar. Echó una ojeada rápida y vio la mano de Manuel agitando el aire para saludarle o para llamar la atención del camarero para que se apresurara con la bebida, no sabía bien. Era raro que su mejor amigo le fallara. Nunca lo había hecho y por ese motivo tenía sentimientos contradictorios: Solo pensar en su ausencia le provocaba una irritabilidad a lo mejor desmesurada. No era probable pero podía ocurrir que en algún momento, y sin duda cuando más falta le hiciera, le fallara. Y hoy podía ser uno de esos días. Pero afortunadamente para él allí estaba, como de guardia o como si supiera que tan solo su presencia bastara para reconfortar al amigo. Después de quitarse la gabardina empapada y golpearse las manos contra los pantalones, acercó un taburete junto a Manuel y echó un largo trago de la bebida que usualmente tomaba y que el camarero conociendo perfectamente su gusto, después de tantos años tomando lo mismo, le preparaba nada más verle entrar. No es que le pasaran cosas muy distintas a cuando le vio la semana pasada, o la otra, o antes de ayer. Tal vez por eso y por el tiempo que pasaba con él en sus ratos libres encontraba en Manuel el apoyo que necesitaba para su estabilidad. Ya casi lo tenía todo, el mundo a sus pies con tanto color en la calle, su trabajo para mantenerle, su bar de siempre y su amigo Manuel a quién tanto debía…una vida sencilla y gris de transeúnte…

domingo, 8 de marzo de 2015

CUADERNO DE NOTAS: carta a los nuevos indignados

Ahora sois vosotros los indignados. Los que habéis provocado esta debacle. Los que os habéis cargado el sistema. Los verdaderos, los auténticos, los inimitables anti sistemas. Teníais todos los datos  y el poder para usarlos bien y sin embargo, ¡una pena!…Vosotros, y digo todos vosotros, habéis ejercido el poder desde la democracia: algunos antes, y ahora os indignáis de los verdaderos indignados. Os asustáis por si ejercen el poder sin saber hacerlo, ¿acaso vosotros lo habéis ejercido sabiéndolo todo? Tal vez os asustéis de que lo hagan mejor y teméis perder durante muchos años, lo que siempre habéis creído que es vuestro. Es el miedo de que lleguen los radicales arrasando. ¿Los radicales? Estáis llenos de perjuicios no cabe duda. Si no son estas las  razones de vuestro sufrimiento repentino ¿Qué razones son? ¿Por rabia de haberlo hecho tan mal?  Habrá que penar unos añitos, es lo justo. ¿Tal vez os importa que lo hagan peor que vosotros y lleven al país a la banca rota? ¡Qué dos palabras tan actuales! Pero es difícil hacerlo peor. Hemos estado soportando en mayor o menor grado, todas las medidas que se os han antojado. Os habéis llevado el dinero de todos: unos más que otros eso sí. Dinero que deberíais de haber gestionado porque mucha gente os lo pidió y sin embargo os lo habéis llevado a manos llenas, sin pudor y con prepotencia, con chulería, con un par. Habéis hecho las trampas del trilero, las sabidas y las inventadas. Os habéis movido como ricos y no como servidores públicos salvaguardando la economía y las leyes para protegernos. Os lo habéis gastado todo en vosotros y lo que no, por falta de tiempo, os lo habéis guardado en paraísos fiscales. Os merecéis lo peor, que os recojamos del suelo con una pala y con las narices tapadas...que nos habéis abrasado a impuestos, a medidas represoras, a leyes que os venían bien a vosotros no sé bien el porqué, aunque supongo que por prepotencia, porque no eran medidas generosas. Os hemos dejado muchos lustros que gobernarais, que cuidarais de lo nuestro, de lo de todos y os lo habéis fundido como adolescentes sin cerebro. Os habéis pegado verdaderos festines a nuestra costa. A costa de todos. Sin rubor, sin mover un músculo de inseguridad, sin tener un mínimo cargo de conciencia, sin escrúpulos. Es más, diría yo, que convencidos de que ese dinero os lo habíamos regalado todos o que os lo habías ganado. Que vuestro mérito y justificación había sido conseguir los votos suficientes como para lograrlo, como el que juega a las quinielas y le toca y se lo gasta en lo que quiere. Es tremendo. Y ahora que empieza a surgir la voz del pueblo, la indignación ante tamaño descaro, ante tamaño despropósito, ahora empezáis a reaccionar, cuando nos lo habéis puesto en bandeja de plata. Ahora empezáis a entender que a las personas no se las puede tratar continuamente mal. Que todo el mundo aguanta porque la gente es buena, pero que habéis conseguido hartar a la mayoría. Demasiado abuso. Y no tratéis de espantar a la gente con los discursos del miedo que eso también nos lo sabemos. Qué os inventaréis, estamos expectantes...Ah y sé que generalizar es un error porque siempre hay alguna honrosa excepción.  

domingo, 1 de febrero de 2015

SOBRE LA MARCHA Te lo juro por dios

Te juro por dios que no hay quien ande fuera de nuestras calles. Vi unas medias negras colgadas de la rama de un árbol. Quien se las dejara ahí y el porqué, será motivo de otra de nuestras grandes discusiones y de alardes imaginativos, pero la verdad nunca la sabremos. Nunca. Y no será porque no nos mueve la curiosidad. Todas las personas que pasaban se quedaban mirando como si fuera la obra de un artista puesto, subrepticiamente, para sorprender al paseante. Tal y como se concibe ahora todo tipo de arte. Sorprender. Y las caras denotaban todo tipo de pensamientos desde la risita picarona, pasando por la mueca de extrañeza y terminando por la cara más desagradable de desaprobación de ¡adónde vamos a ir a parar! Lo que parecía claro es que a nadie le resultaba indiferente y el artista debería de estar satisfecho por eso. No pienso en los comentarios jocosos unos, sutiles otros. Unos verdes y otros inocentes. No, en eso no pienso cada uno con los suyos. Pero sí pienso lo que pueden dar de sí, en este caso, unos pantys colgados de un árbol en un parque o lo que es lo mismo, lo que puede dar de sí cualquier cosa desubicada de su sitio natural. Un tipo en bañador por la Gran Vía es claro que todo el mundo le miraría con extrañeza y ese mismo tipo en la playa es uno más. O ese mismo tipo desnudo en una iglesia. ¡Vaya! O tres curas en una fiesta gay: ¡Joder! O cuatro monjas vestidas de monjas en la zona ultra de un campo de fútbol con sus gorras y bufandas agitándolas cantando el himno del equipo y llamando de todo a los contrarios o al árbitro. ¡Jeesús!. Un banquero generoso, ¡coñóooo! o un político incorrupto, ¡Y una mierda!…Y por lo que tiene de extraño, parece que todo tiene que tener una lógica también en lo que atañe a los sentimientos. Los bañadores para las playas o piscinas. Los curas en sus iglesias y las monjas guardándoles o rezándonos. Hemos sido nosotros durante generaciones los que hemos construido esta lógica, o a lo que llamamos lógica y cuando nos desubicamos o se desubica algo parece como que entramos en una locura personal o incluso colectiva de la cual se auto alimenta el más energúmeno. Este pensamiento que puede parecer poco ilógico, solo se fundamenta en mi razón muy discutible por supuesto.
 
Me fijé un poco más en ellas, en esas dos tiras negras colgantes, con ojos de inspector Maigret. Afortunadamente no parecían haber sido arrancadas violentamente. Tampoco parecían muy sucias a pesar de que el aparcamiento que había pegado al árbol era de tierra y había obras en el lugar: polvo, barro, humo de coches...Tampoco tenían etiqueta para decir que fueran nuevas pero no llevarían más de dos o tres piernas puestas. Como si fueran nuevas. Era sencillamente un mal adorno, de muy mal gusto o un adorno extravagante para un árbol al que pronto le iban a vestir con las bolitas o las lucecitas de la festividad de, te lo juro por dios que ha vuelto a nacer el niño dios, te lo juro por dios...

sábado, 10 de enero de 2015

SOBRE LA MARCHA: Ernestina


En medio de la cama, con las dos luces de las mesillas encendidas, para que no haya más sombras que las sombras de sus propias manos, Ernestina va pasando con una lectura lenta, las páginas del libro. Lo devora con la devoción de lectora compulsiva. Sus contradicciones le hacen desesperarse. Quiere que acabe y no quiere que acabe. Siempre le pasa lo mismo con las novelas que lee: Ella es así. Lee y piensa a la vez y se incomoda y se enrabieta y las lágrimas le asoman, de cólera, de risa, de emoción, de desesperación. Está desolada porque todo lo sufre; no debía de haberse muerto grita y a sus quejidos María, su madre, sube corriendo las escaleras y entra en la habitación con el corazón en la boca y encuentra a Ernestina tapada con las sábanas. ¿Qué estás leyendo cariño? Tienes que dejar de leer cosas tristes, te lo he dicho mil veces. A ver dime que lees. Se ha muerto, mamá, contesta. ¿Cuántas veces va a tener que morir mamá? Es mejor que la gente no lo lea porque se muere cada vez que se lee. Porque se muere demasiadas veces y no es justo. Pero ¿Quién se ha muerto hija? Gab, se muere Gab ¿Y quién es ese? Déjalo mamá tú no entenderías nada.
Gab se me acaba de morir en mis manos y tú estás tan lejos. Los recuerdos de la infancia se me amontonan y de vez en cuando salen a borbotones como una cañería que revienta. He vuelto a coger el libro que leí de pequeña y vuelvo a tener las mismas sensaciones y se me caen las lágrimas y ya no está mamá para consolarme. Me tranquiliza pensar que mamá murió una sola vez y que sin embargo el pobre Gab no parará de morir en cuánto alguien vuelva a leer estas páginas. Una y mil veces su muerte está tan presente en estas páginas que deberían de estar prohibidas. Y me pregunto el porqué seguiré teniendo estos mismos pensamientos que tenía como cuando era pequeña. Lo cierto es que sigo maldiciendo esas horas de muerte. Cuando la lágrima asoma como temerosa de ser vista cuando se trata de escapar de la muerte segura, que va entrando despacio por cada poro, por cada articulación, por cada miembro de nuestro cuerpo y de lo que dejará de ser en cuanto se haga con él. Muerte maldita, muerte desalmada, muerte injusta. Estás postrada y te vas yendo lentamente. Ya he visto antes la lágrima y la desesperación ante lo inminente. Esa lágrima, la última lágrima y ese tirón de las sábanas para huir de ese espacio que proporciona a lo largo de la vida, descanso, placer y al final, muerte. Eres la última conexión con todo lo antepasado. Tú has conocido a quien yo no he podido conocer...GAB ha vuelto a morir es delirante. El siglo diecinueve se revuelve contra el veintiuno por haberle quitado el protagonismo de la muerte insigne. Aquél ha sido dueño de su vida y de su muerte. Ningún otro siglo. Y nadie puede repetir tal hecho...