domingo, 29 de marzo de 2015

SOBRE LA MARCHA: Indifícil

Indifícil! Repitió Raúl en voz alta la palabra que acababa de oír. ¿Indifícil? Continuó diciendo en voz más baja y repetidamente, como para poder sacarle algún significado más allá de lo simplista. Indifícil Masculló aseverando Raúl la palabra unas cuantas veces más como si quisiera grabárselas a fuego en su cabeza. No tanto porque fuera nueva para él, como de hecho lo era y sin contemplar la posibilidad de que lo fuera para todo el mundo, si no porque siempre se sorprendía de la capacidad de Andrea por inventarse cosas a la vez que daba la explicación académica: Dícese de un momento difícil en sí mismo. Esta podría ser una nueva palabra del diccionario. Gracias por el regalo Andrea. Raúl se apostaba en la barra del bar acodado y con su vaso de cerveza entre las manos frotándolo con cuidado para atemperarla  y para no derramarla. Era verdad que a él nunca le gustó la cerveza muy fría y mucho menos helada como era costumbre tomarla en esta parte del mundo, y le importunaba que en los bares se diera por hecho la jarrita o el vasito helado, incluso con escarcha empapando la cerveza espumosa, cuando se la pedías al camarero. No lo podían preguntar de la misma manera que lo hacían con la leche cuando te la sirven con el café Y daba lo mismo que fuera invierno o verano. Para el café es a gusto, y para la cerveza a mi disgusto. Eso sí el de las rarezas es quien parece quejarse por todo. El movimiento de sus manos podía indicar o bien el alivio del calor de sus manos o para tratar de atemperar el frío del líquido. Había aguantado demasiado con el abrigo puesto porque pensó que iba a ser una cerveza rápida pero el calor sofocante del bar y como que la cosa parecía que se alargaba, se deshizo de él y lo dejó en la silla vacía de la mesa vacía de al lado. Se le vino a la cabeza la cantidad de palabras que podían inventarse al cabo del día en cualquier lugar del mundo y en cualquier sitio. Palabras que jamás estarían en los diccionarios y que pasarían desapercibidas por la humanidad. Palabras. Palabras, que podían significar mucho o palabras que nada significarían... ¿Existen palabras que no signifiquen nada? Levantó la mano y Manolo le sirvió otra de lo mismo y con un gesto de contrariedad se dispuso a ponerlo entre sus manos para poder disfrutar de la cerveza a la temperatura que a él le gustaba…Manolo no significa nada más que camarero pensó.

sábado, 21 de marzo de 2015

SOBRE LA MARCHA: El transeúnte

A Ramón le gustaba la calle ahora más que nunca porque disfrutaba de todas las variedades que había adquirido en color, en olor, en alegría, diría más, incluso en descaro. Notaba olores que eran desconocidos para él. Aromas intensos, tan dulces que llegaban a ser empalagosos. Atravesando barrios sentía trasladarse a diferentes partes del mundo. Era como su manera de viajar. En sus años vividos no había tenido la oportunidad o la curiosidad de salir a ver mundo y ahora se encontraba con que el mundo había venido a él y lo disfrutaba como el mejor de los viajeros. Le sorprendía, más que por él mismo, por lo que oía comentar a las mujeres del barrio, mujeres curiosamente no tan mayores que se daban alegremente a la crítica despiadada de tanto descaro, de tanta carne suelta. Le sorprendía el desparpajo en el vestir de algunas ciudadanas que reivindicaban alegremente su lozanía en sus lorzas por entre las apreturas de sus minúsculas camisetas o sus pantalones, de cualquier material del que estuvieran compuestos, eso sí elásticos hasta el infinito, más bien pegados que ceñidos, y con colores imposibles en el mundo anodino e incoloro de hacía no más de un lustro. Y la alegría reflejada en sus bocas con esos dientes tan blancos. Una fantasía en un mundo que acababa de cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Todo un lujo a su alcance servido en su propia casa…
Cuando le autorizó el jefe a salir de la oficina para ir a su casa era noche cerrada. El invierno había entrado como una exhalación inundando de frío intenso todos los rincones de la ciudad. Se alzó el cuello de la gabardina al más puro estilo Bogartiano para no pillar la gripe tan molesta que recordaba del año pasado y que le tuvo en cama unos días con fiebre alta y un considerable malestar posterior. Le incomodaba enormemente los constipados con el líquido mucoso escurriendo por la nariz de manera permanente o asomando en los momentos menos oportunos y su no menos molesta sonoridad sorbiéndolos sin querer hacia dentro en un acto reflejo durante el resto del invierno y exageradamente bien avanzada la primavera. Quería ser prudente y pensaba que con ese frío tan intenso, cualquier precaución era poca. Imprevisible e irremediable el momento que le tocara constiparse. No había manera de impedirlo. ¡Putos virus y quien los pare! Masculló recordando algún cometario de alguien que decía que todo salía de los laboratorios: el mal y el remedio. Enredó bien el cuello de la gabardina con la bufanda dándole varias vueltas, se metió las manos en los bolsillos y después de elevar la vista como para asegurarse de que por allí  estaba el cielo tapado por una densa neblina, que a esas horas avanzaba inexorable por las calles con toda impunidad, se dispuso a recorrer andando el trayecto que le separaba del bar totalmente encogido mirando al suelo con cuidado de no tropezar y caer en esa espesura blanquecina.  Recordó que era jueves y que había quedado allí para verse, sin hora definida pero a la salida del curro, con Manuel, pero seguro que se habría cansado de esperar y se habría ido a su casa. No obstante después de unos momentos de duda decidió pasarse a tomar algo y de paso valorar la paciencia de Manuel en el caso de que aún permaneciera sentado en el taburete y acodado en la barra, bien entretenido o con los nervios a flor de piel después del plantón. Siempre habría alguien conocido para charlar un rato antes de irse a casa, se tranquilizó. Si fuera Manuel le diría la verdad que el jefe tenía la culpa de todo. Que precisamente ese día se había dejado todo el trabajo hecho para que no le pudiera pillar en ningún renuncio y que a pesar de los pesares a este hombre siempre le había caracterizado su habilidad para joder al personal. Bastara  que ese día, el jueves, el único que tenía una prisa relativa y necesitara salir a su hora, para que se le ocurriera cualquier estupidez que sin duda podría esperar al día siguiente. Se acordaba de un viejo compañero que le decía que no había cosas urgentes sino gente con prisa. En todo caso su jefe era de los que consideraba el tiempo laborar flexible para manejarlo a su antojo. Si no fuera por su exclusividad y la pasta que le suponía, lo mismo hasta prescindía de él. Era uno de esos trabajos que había conseguido de jovencito y que durante una temporada le había hecho disfrutar de las ventajas de tener dinero todos los meses, en comparación con sus amistades que se veían en la miserable situación de seguir estudiando y de no tener un duro ni para tabaco. Había gozado de su privilegio hasta que la madurez había entrado en su vida, sin darse cuenta o  de la misma manera, que el invierno entra sin avisar. Nunca había cambiado su situación laboral y lo que antes era un lujo delante de sus colegas, se había convertido, ahora, en un empleo vulgar y en un salario miserable, que en comparación a los sueldos de esos amigos que dejó jodidos y renegando de su condición de estudiantes, ahora con sus flamantes carreras terminadas, ostentaban puestos importantes en empresas privadas y sus niveles de vida habían subido considerablemente. A pesar de su asquerosa jornada laboral, le quedaba sin duda las esperanzadoras jornadas con los amigos para charlar de sus infortunios de lo mal que le había tratado la vida y de lo jodido que se encontraba...Llegó calado hasta los huesos al bar. Echó una ojeada rápida y vio la mano de Manuel agitando el aire para saludarle o para llamar la atención del camarero para que se apresurara con la bebida, no sabía bien. Era raro que su mejor amigo le fallara. Nunca lo había hecho y por ese motivo tenía sentimientos contradictorios: Solo pensar en su ausencia le provocaba una irritabilidad a lo mejor desmesurada. No era probable pero podía ocurrir que en algún momento, y sin duda cuando más falta le hiciera, le fallara. Y hoy podía ser uno de esos días. Pero afortunadamente para él allí estaba, como de guardia o como si supiera que tan solo su presencia bastara para reconfortar al amigo. Después de quitarse la gabardina empapada y golpearse las manos contra los pantalones, acercó un taburete junto a Manuel y echó un largo trago de la bebida que usualmente tomaba y que el camarero conociendo perfectamente su gusto, después de tantos años tomando lo mismo, le preparaba nada más verle entrar. No es que le pasaran cosas muy distintas a cuando le vio la semana pasada, o la otra, o antes de ayer. Tal vez por eso y por el tiempo que pasaba con él en sus ratos libres encontraba en Manuel el apoyo que necesitaba para su estabilidad. Ya casi lo tenía todo, el mundo a sus pies con tanto color en la calle, su trabajo para mantenerle, su bar de siempre y su amigo Manuel a quién tanto debía…una vida sencilla y gris de transeúnte…

domingo, 8 de marzo de 2015

CUADERNO DE NOTAS: carta a los nuevos indignados

Ahora sois vosotros los indignados. Los que habéis provocado esta debacle. Los que os habéis cargado el sistema. Los verdaderos, los auténticos, los inimitables anti sistemas. Teníais todos los datos  y el poder para usarlos bien y sin embargo, ¡una pena!…Vosotros, y digo todos vosotros, habéis ejercido el poder desde la democracia: algunos antes, y ahora os indignáis de los verdaderos indignados. Os asustáis por si ejercen el poder sin saber hacerlo, ¿acaso vosotros lo habéis ejercido sabiéndolo todo? Tal vez os asustéis de que lo hagan mejor y teméis perder durante muchos años, lo que siempre habéis creído que es vuestro. Es el miedo de que lleguen los radicales arrasando. ¿Los radicales? Estáis llenos de perjuicios no cabe duda. Si no son estas las  razones de vuestro sufrimiento repentino ¿Qué razones son? ¿Por rabia de haberlo hecho tan mal?  Habrá que penar unos añitos, es lo justo. ¿Tal vez os importa que lo hagan peor que vosotros y lleven al país a la banca rota? ¡Qué dos palabras tan actuales! Pero es difícil hacerlo peor. Hemos estado soportando en mayor o menor grado, todas las medidas que se os han antojado. Os habéis llevado el dinero de todos: unos más que otros eso sí. Dinero que deberíais de haber gestionado porque mucha gente os lo pidió y sin embargo os lo habéis llevado a manos llenas, sin pudor y con prepotencia, con chulería, con un par. Habéis hecho las trampas del trilero, las sabidas y las inventadas. Os habéis movido como ricos y no como servidores públicos salvaguardando la economía y las leyes para protegernos. Os lo habéis gastado todo en vosotros y lo que no, por falta de tiempo, os lo habéis guardado en paraísos fiscales. Os merecéis lo peor, que os recojamos del suelo con una pala y con las narices tapadas...que nos habéis abrasado a impuestos, a medidas represoras, a leyes que os venían bien a vosotros no sé bien el porqué, aunque supongo que por prepotencia, porque no eran medidas generosas. Os hemos dejado muchos lustros que gobernarais, que cuidarais de lo nuestro, de lo de todos y os lo habéis fundido como adolescentes sin cerebro. Os habéis pegado verdaderos festines a nuestra costa. A costa de todos. Sin rubor, sin mover un músculo de inseguridad, sin tener un mínimo cargo de conciencia, sin escrúpulos. Es más, diría yo, que convencidos de que ese dinero os lo habíamos regalado todos o que os lo habías ganado. Que vuestro mérito y justificación había sido conseguir los votos suficientes como para lograrlo, como el que juega a las quinielas y le toca y se lo gasta en lo que quiere. Es tremendo. Y ahora que empieza a surgir la voz del pueblo, la indignación ante tamaño descaro, ante tamaño despropósito, ahora empezáis a reaccionar, cuando nos lo habéis puesto en bandeja de plata. Ahora empezáis a entender que a las personas no se las puede tratar continuamente mal. Que todo el mundo aguanta porque la gente es buena, pero que habéis conseguido hartar a la mayoría. Demasiado abuso. Y no tratéis de espantar a la gente con los discursos del miedo que eso también nos lo sabemos. Qué os inventaréis, estamos expectantes...Ah y sé que generalizar es un error porque siempre hay alguna honrosa excepción.