domingo, 18 de abril de 2010

SOBRE LA MARCHA: Por hablar cuando no se debe a quién no se debe

Correspondió a su intensa mirada con una gran sonrisa. Era la primera vez que una mujer le obsequiaba con una enorme gracia llena de pulidos dientes blancos y grandes. Nunca había sido fácil para él el sexo femenino y ahora a punto de cumplir los cuarenta y demasiados, como decía a todo aquél que le preguntaba su edad, sentía dentro de sí como que algo se estaba acabando y su preocupación era, que lo hacía a pasos agigantados. Era el momento de hacer el último esfuerzo para conseguir conquistar a una mujer, para que lo que le quedara de vida la pudiera compartir con alguien, y no como hasta ahora. Durante unos cuantos meses se dedicó a recopilar información, a leer libros de autoayuda y lo que él llamaba libros de experiencias ajenas: tardó en confesarlo y cuando se decidió, lo hizo a quien no debía. Lo de experiencias ajenas no era más que un eufemismo: libros de amor, novelas de amor, cantidad de acepciones para decir lo mismo, eso sí siempre o en su mayoría de grandes autoras. Siempre lo había considerado literatura de baja estofa dirigida a un tipo de lectoras típicas, como señoras mayores que tan solo les quedaba el recuerdo de sus pieles tersas y sus instintos juguetones y dispuestas para el amor a sus maridos en los personajes de las novelas o de mujeres desesperadas que nunca habían sentido tantos impulsos como ahora en su decadencia y que su insatisfacción quedaba cubierta con esos grandes amores a la postre tan cercana a sus ilusiones, o inclusive, a personas de baja o poca intelectualidad que para pasar sus ratos quedaban ausentes con cualquier cosa que les contaran en cualquiera de los libros y que con su dedo índice, iban pasando las líneas despaciosamente para no perderse y que con cierta frecuencia, debían hacerlo retroceder para volver a empezar cualquier frase que les hubiera resultado un poco más complicada de entender, como cualquier niño que empezara con su primera cartilla de lectura. Durante unos meses trabajó en su estudio leyendo todo lo referente al amor. Cómo enfrentarse a situaciones límites, como corresponder con cierta amabilidad y tacto. Aunque la caballerosidad ya no se estilara tampoco quería caer en ella abriendo y cerrando puertas a destajo, cediendo el paso a las damas, dejándoles el asiento, como se decía en uno de aquellos libros de ayuda. Pero leyendo en profundidad uno de los manuales que más interés despertaron en él, sacó muchas cosas que a priori no le parecieron disparates y que no solo entendió, si no que le pareció que podía llevarlo a la práctica sin mayores problemas, siempre y cuando se dieran las condiciones. No le parecieron que denigrara la condición de la mujer o a lo mejor no sabía precisar bien dónde estaba el límite de la vulgaridad o del machismo. El amigo tan curtido, tan presuntuoso, tan fantasmón, cuando se enteró de lo que estaba tramando le aconsejó que lo dejara pues eso le podía llevar a confusión. Que la vida era otra cosa. Que si las mujeres no todas eran iguales y que los hombres tampoco, que tal vez los instintos más básicos sí que podrían generalizarse, pero que poco más y a partir de ahí fue todo un alarde de fantasía llena de medallas por todas las conquistas que a lo largo de su vida había disfrutado, en fin lo de siempre y lo que precisamente menos necesitaba, eran las bravuconadas mentirosas del primer imbécil. Toda la culpa era suya por no saber tener la boca cerrada. De eso era precisamente de lo que había tratado de huir, para eso tenía en su haber no sé cuántas horas de lectura llenas de amores prohibidos, incestos, pasiones desatadas, y mucho morbo para apartar el aburrimiento de las parejas. Morbo desarrollado en la imaginación de la gente en lugares públicos al albur de cualquier mirada o su búsqueda en unos grandes almacenes a una hora punta de clientes. Pero vamos colega, que has perdido miserablemente tu tiempo leyendo payasadas de gente que seguramente ni sepa lo que es el temita, y hacía un típico gesto muy masculino. Tú lo que tienes que hacer es venirte una noche de juerga conmigo y verás lo que vas a aprender. Y se iba dándole un cogotazo, torciendo su boca y elevando sus ojos al cielo, como incrédulo de que hubiera gente con esos problemas a estas alturas del siglo veintiuno y que además tratara de solucionarlos como se lo había contado. Y se alejaba esbozando una sonrisa y gritando - hazme caso y tira toda esa mierda que yo te voy a enseñar todo lo que no sabes - con una chulería que ya hubiera querido para sí el mismísimo Bogart. Será posible que sea tan gilipollas de habérselo contado..Será posible que haya tanto patán suelto por el mundo…se preguntó una vez que asumió la humillación en su cada vez más desnuda nuca.

jueves, 8 de abril de 2010

SOBRE LA MARCHA: Desistiré

Desistiré de aparentar lo que no soy y lo que a la postre nunca he sido, por mucho que me haya esforzado en lo contrario. Desistiré de querer alcanzar lo imposible, de ponerme cotas demasiado altas para no frustrarme permanentemente. Procuraré relajarme y trataré de hacerme la vida más cómoda. Quise tocar lo difícil sin darme cuenta que lo fácil estaba más a mi alcance y que lo disfrutaría más y mejor. O por lo menos más veces. Aunque dicen que conseguir o tan solo tocar lo difícil, es más sublime. Atrapado por la gente de mi alrededor, alentado a veces, denostado otras, me enajené y me dejé seducir por el oropel del éxito posible: ahora sé la imposibilidad del caso. Como también sé muchas más cosas que cuando la sangre fluía de manera alocada por todos lo tubitos venosos del cuerpo y escupía al corazón pelotazos de rica sangre juvenil con mucha adrenalina montada. Ahora sé más…sé más de las personas que solo jalean a los demás para que sean los que den la cara por ellos: La cobardía les impide obrar. Ahora conozco un poco más al género humano o a esos seres que se afanan por perfeccionar sus ridículos sin mirarse de vez en cuando al espejo. Desistiré de pensar en el daño que infiere la gente fatua con sus lenguas voraces, ¡con el daño que me hacía antes! He aprendido y me alegro de haberlo hecho. Ahora sé cosas, cosas que pasan y cosas que pueden pasar. Me prevengo del mundo para que me deje de hacer tanto daño. Desisto y abandono.

lunes, 5 de abril de 2010

SOBRE LA MARCHA: Haz de tu vida un tiempo perdido

Tienes el sillón tronchado del tiempo que pasas en él. Horas y horas sin hacer nada de provecho, solo descansando, y me pregunto de qué estarás cansado. Y como si ya no te quedara nada por hacer, como si ya lo hubieras hecho todo, como si ya hubiera acabado tu vida y estuvieras esperando la muerte, me miras con aire de incomprensión: todo lo que te digo te parece de marciano. Y me tengo que ir ante tu pasividad. No lo entiendes pero me descompongo cuando te veo tirado, con las piernas bien abiertas y el dedo en la nariz o directamente en los mismísimos, sobándotelos bien, entonces me dan ganas de darte un buen ostión pero solamente te hago el comentario jocoso “se te van a quedar como pasas” Claro de la misma manera que me dices cuando te regaño eso de “mira paso de todo lo que me digas” y entonces protesto airada, “que pasas, pero de que puedes pasar tú, de qué puedes pasar”. Y te lo sigo diciendo y te lo repetiré una y mil veces como si fuera un rezo repetitivo, una letanía, aunque sepa que por un oído te vaya a entrar y por el otro te vaya a salir y señalándote con el dedo termino airada, “como pasas se te van a quedar de tanto tocártelos” conversación estéril ante el lumbreras que permanece tirado en el sillón. ¡Es que le da igual lo que le digas! Y es que no puedo remediarlo, se me llevan los diablos cuando le veo tirado, con la televisión puesta viendo una y mil veces la misma serie, riéndose de los mismos chistes americanos y se me encoge el alma y me lleno de preocupación por si a lo mejor le falta un hervor, por si nació antes de tiempo y salió demasiado crudo, como sin hacer. Dudo, y la duda me ofende a mí misma. Pero otras veces me sorprende su capacidad de asimilación, su rapidez de entendimiento y de contestación. En eso sí que tampoco has salido a mí, casi más a tu padre. Yo siempre he sido lenta. He ido despaciosamente por la vida, pero nunca he descansado, nunca me he sentado a contemplar paisajes porque pensaba que esos mismos y muchos más bonitos me los iban a contar los libros de lectura. Y pasaba horas leyendo, devorando un libro tras otro sin descanso. Entiéndelo, ahora te veo tirado sin nada que hacer, solo alienándote con esas series y no sé bien dónde tienes la cabeza y sufro por lo que yo creo que es tiempo perdido, y pensando que como no mejores cuanto antes, te quedará demasiado tiempo que poder perder y creo que no hay derecho a que hagas eso con tu vida o sí…