sábado, 10 de enero de 2015

SOBRE LA MARCHA: Ernestina


En medio de la cama, con las dos luces de las mesillas encendidas, para que no haya más sombras que las sombras de sus propias manos, Ernestina va pasando con una lectura lenta, las páginas del libro. Lo devora con la devoción de lectora compulsiva. Sus contradicciones le hacen desesperarse. Quiere que acabe y no quiere que acabe. Siempre le pasa lo mismo con las novelas que lee: Ella es así. Lee y piensa a la vez y se incomoda y se enrabieta y las lágrimas le asoman, de cólera, de risa, de emoción, de desesperación. Está desolada porque todo lo sufre; no debía de haberse muerto grita y a sus quejidos María, su madre, sube corriendo las escaleras y entra en la habitación con el corazón en la boca y encuentra a Ernestina tapada con las sábanas. ¿Qué estás leyendo cariño? Tienes que dejar de leer cosas tristes, te lo he dicho mil veces. A ver dime que lees. Se ha muerto, mamá, contesta. ¿Cuántas veces va a tener que morir mamá? Es mejor que la gente no lo lea porque se muere cada vez que se lee. Porque se muere demasiadas veces y no es justo. Pero ¿Quién se ha muerto hija? Gab, se muere Gab ¿Y quién es ese? Déjalo mamá tú no entenderías nada.
Gab se me acaba de morir en mis manos y tú estás tan lejos. Los recuerdos de la infancia se me amontonan y de vez en cuando salen a borbotones como una cañería que revienta. He vuelto a coger el libro que leí de pequeña y vuelvo a tener las mismas sensaciones y se me caen las lágrimas y ya no está mamá para consolarme. Me tranquiliza pensar que mamá murió una sola vez y que sin embargo el pobre Gab no parará de morir en cuánto alguien vuelva a leer estas páginas. Una y mil veces su muerte está tan presente en estas páginas que deberían de estar prohibidas. Y me pregunto el porqué seguiré teniendo estos mismos pensamientos que tenía como cuando era pequeña. Lo cierto es que sigo maldiciendo esas horas de muerte. Cuando la lágrima asoma como temerosa de ser vista cuando se trata de escapar de la muerte segura, que va entrando despacio por cada poro, por cada articulación, por cada miembro de nuestro cuerpo y de lo que dejará de ser en cuanto se haga con él. Muerte maldita, muerte desalmada, muerte injusta. Estás postrada y te vas yendo lentamente. Ya he visto antes la lágrima y la desesperación ante lo inminente. Esa lágrima, la última lágrima y ese tirón de las sábanas para huir de ese espacio que proporciona a lo largo de la vida, descanso, placer y al final, muerte. Eres la última conexión con todo lo antepasado. Tú has conocido a quien yo no he podido conocer...GAB ha vuelto a morir es delirante. El siglo diecinueve se revuelve contra el veintiuno por haberle quitado el protagonismo de la muerte insigne. Aquél ha sido dueño de su vida y de su muerte. Ningún otro siglo. Y nadie puede repetir tal hecho...