sábado, 30 de agosto de 2014

SOBRE LA MARCHA: El banco

Hace algo más de un año, recordaba Alex, estaba en este mismo lugar. Después de un rato largo paseando desde casa me encontré con ese lugar. Con frío, con mucho frío. Era un día festivo y no apetecía nada descansar en cualquiera de los bancos del parque, por otra parte tan solitario como ahora mismo. No recordaba estar cansado sino el tener unas ganas locas de buscar un lugar donde poder hacerlo. Hoy sí, hoy solo estoy buscando un banco donde sentarme. Se nota que es la hora de comer porque están todos vacíos así que ahora tengo que elegir entre el sol y la sombra, y miro al cielo para saber dónde está el sol y orientarme hacia donde se va a ir moviendo para que el asiento siga en sombra por lo menos la media hora que le calculo hasta que continúe la ruta que me he marcado para hoy. Miro si está sucio o el limpio, las pintadas de los adolescentes que van a pasar allí largas horas de risas y botellón, de proyectos, de besos imperfectos de novios torpes e inexpertos. De sueños que parecen grabados a fuego horadados por algo con filo, con un bolígrafo, con la punta de la hebilla del pantalón en la madera. Corazones con la flecha atravesada y las iniciales de esas parejas llenas de sueños. Tal vez los hijos se sentarían en esos mismos bancos y grabarían también las suyas, todo quedaría para el recuerdo de esos sueños no consumados.
 
Me siento y recuerdo aquel mismo sitio pero el pasado año. Trataba de esconderme de miradas indiscretas para poder mear tranquilo. Hacía frío eso lo recuerdo y por eso esas ganas tan acuciantes de vaciar la vejiga a punto de reventar. Y eso que había salido meado de casa. Mirando una y mil veces alrededor a ver si los ojos de alguien detrás de unas ventanas de un edificio alto y pardo, que disimulada y gratuitamente se disponía a ver el espectáculo después de asomarse a la ventana y ver las maniobras de un tipo buscando no sé que en un parque vacío y con un frío que pelaba. Parecía tratar de esconderse de alguien porque no paraba de mirar hacia adelante, hacia atrás a los lados, a todos los sitios y como muy nervioso, ¿Estaría tratando de esconder algo?... ¿Quieres venir a comer que estamos todos sentados esperándote? Espera un poco mamá que ahora voy. ¿No estarás fumando? No mamá Mira no me engañes que tienes la ventana abierta que estoy oyendo el ruido de la calle. Que no, que no, no seas pesada y empezad a comer que ahora voy yo. ¿Mira que voy? Pues ven y verás lo que yo estoy viendo…una simple frase y todos se levantan rápidamente y van a la habitación a ver que es lo que pasa. Alex mira a todos los sitios se pasa un buen rato buscando el lugar más discreto para no ser visto. Y esos ojos ahora multiplicados, desde esa atalaya, pasándoselo en grande por la inevitabilidad del ser visto en cualquier momento desde cualquier sitio. O tal vez comprobando la parábola, la velocidad y la cantidad de tanta desesperación. O simplemente por comprobar si era esa necesidad o alguna ocultación de algo que una vez enterrado bajarían con el perro a ver qué es lo que era lo que había escondido. Todo se producía delante de esos ojos invasores, de esos ojos sin nombre en un parque un día que paseaba Alex por allí y solo quería hacer pis…