lunes, 22 de octubre de 2012

SOBRE LA MARCHA: UNO


 RAMÓN

Resultaba todo demasiado sofisticado a su alrededor, hasta la entrada de la empresa y sus primeros empleados, empleadas en este caso, que para esos puestos hay que tener a gente guapa y si son chicas mucho mejor, podrían resultar sofisticadas, como hechas para el puesto. Y es que todavía en el mundo laboral, machista por antonomasia, donde se mueve lo que se mueve, prima la primera impresión, aunque después sean personas lerdas que no sepan hacer la O con un canuto. Eso ya se irá corrigiendo con unos cursos. Nosotros formamos personas. Reza orgullosa de sí mismo una leyenda colgada en la pared de la entrada justo debajo de la recepción. Y se quedan tan anchos los cabrones, cuando saben que eso no es verdad. Pero todo vende, hasta la mentira. Todo es negocio, hasta la verdad. En todo caso y en principio, mejor una lerda con curvas que una listilla sin ellas: a la primera se la domina a la segunda no. En fin... El caso es que cualquier persona que entrara por primera vez a la empresa, que era de lo que se trataba, la primera impresión tenía que ser buena. Ni que decir tiene y por lo que se puede deducir, Los principios más básicos de Ramón no coincidían en nada con la tenía la empresa y lo más penoso y lo que más le dolía era comprobar que con la gente que había conocido en ese trabajo, estaban cortados por el mismo patrón; patrón contra el que iba a luchar con todas sus fuerzas para no verse atrapado como suponía que muchos de ellos lo habían sido ya. Y su pensamiento más exaltado frente a sus colegas de toda la vida y con una par de cervezas llegaba a la revolución de esa empresa, cargarse esos valores tan llenos de oropeles que no significaban nada más que puro escaparate. Acabar con tanta mierda desde lo más bajo. Con el tiempo, a lo mejor y si no se desanimaba demasiado, acabaría consiguiendo concienciar a la gente. Pero sabía que el poder de captación de algunas personas o de grupo de personas, hacia otras más desvalidas o inseguras o simplemente con ganas de ser escuchadas, podía ser el ingrediente necesario para esos menesteres tan bajos de explotación personal y a él eso siempre le había espantado. Ramón, se había sensibilizado mucho con estas cosas, desde que fue consciente de esos temas y después de ver un reportaje en televisión sobre  bandas organizadas y sectas, de cualquier  tipo. No entendía como la gente se podía ir tanto de la cabeza como con tanta facilidad. Cómo era posible que se condicionara la libertad de las personas y su voluntad y que infringieran tanto daño a tanta gente tan inocente. Esos inhumanos que se aprovechaban de una situación de máxima debilidad, para hacer la captación. Como siempre y en todos los órdenes había pasado desde que el mundo se hizo mundo, es decir desde que algún gen anómalo entró en el cuerpo de algún ancestro inteligente y le transformó en un ser aprovechado y despreciable y se creyó superior y esta superioridad la empleó para hacer daño, para aprovecharse de los demás y  consideró que haciéndolo iba a ser poderoso…En fin que de ninguna manera él se iba a dejar manipular por nadie eso lo tenía muy claro y aunque llegara a ser un desplazado en la empresa, él iba a lo que iba y no era precisamente a hacerse amigo de nadie. Eso sí, sin rechazar tampoco nada de lo que le viniera de frente y con la cara limpia. Siempre pensó que en el mundo laboral eran muy pocos los de arriba, para repartirse mucho de los de abajo.