domingo, 1 de febrero de 2015

SOBRE LA MARCHA Te lo juro por dios

Te juro por dios que no hay quien ande fuera de nuestras calles. Vi unas medias negras colgadas de la rama de un árbol. Quien se las dejara ahí y el porqué, será motivo de otra de nuestras grandes discusiones y de alardes imaginativos, pero la verdad nunca la sabremos. Nunca. Y no será porque no nos mueve la curiosidad. Todas las personas que pasaban se quedaban mirando como si fuera la obra de un artista puesto, subrepticiamente, para sorprender al paseante. Tal y como se concibe ahora todo tipo de arte. Sorprender. Y las caras denotaban todo tipo de pensamientos desde la risita picarona, pasando por la mueca de extrañeza y terminando por la cara más desagradable de desaprobación de ¡adónde vamos a ir a parar! Lo que parecía claro es que a nadie le resultaba indiferente y el artista debería de estar satisfecho por eso. No pienso en los comentarios jocosos unos, sutiles otros. Unos verdes y otros inocentes. No, en eso no pienso cada uno con los suyos. Pero sí pienso lo que pueden dar de sí, en este caso, unos pantys colgados de un árbol en un parque o lo que es lo mismo, lo que puede dar de sí cualquier cosa desubicada de su sitio natural. Un tipo en bañador por la Gran Vía es claro que todo el mundo le miraría con extrañeza y ese mismo tipo en la playa es uno más. O ese mismo tipo desnudo en una iglesia. ¡Vaya! O tres curas en una fiesta gay: ¡Joder! O cuatro monjas vestidas de monjas en la zona ultra de un campo de fútbol con sus gorras y bufandas agitándolas cantando el himno del equipo y llamando de todo a los contrarios o al árbitro. ¡Jeesús!. Un banquero generoso, ¡coñóooo! o un político incorrupto, ¡Y una mierda!…Y por lo que tiene de extraño, parece que todo tiene que tener una lógica también en lo que atañe a los sentimientos. Los bañadores para las playas o piscinas. Los curas en sus iglesias y las monjas guardándoles o rezándonos. Hemos sido nosotros durante generaciones los que hemos construido esta lógica, o a lo que llamamos lógica y cuando nos desubicamos o se desubica algo parece como que entramos en una locura personal o incluso colectiva de la cual se auto alimenta el más energúmeno. Este pensamiento que puede parecer poco ilógico, solo se fundamenta en mi razón muy discutible por supuesto.
 
Me fijé un poco más en ellas, en esas dos tiras negras colgantes, con ojos de inspector Maigret. Afortunadamente no parecían haber sido arrancadas violentamente. Tampoco parecían muy sucias a pesar de que el aparcamiento que había pegado al árbol era de tierra y había obras en el lugar: polvo, barro, humo de coches...Tampoco tenían etiqueta para decir que fueran nuevas pero no llevarían más de dos o tres piernas puestas. Como si fueran nuevas. Era sencillamente un mal adorno, de muy mal gusto o un adorno extravagante para un árbol al que pronto le iban a vestir con las bolitas o las lucecitas de la festividad de, te lo juro por dios que ha vuelto a nacer el niño dios, te lo juro por dios...