jueves, 26 de agosto de 2010

SOBRE LA MARCHA: El aparato

El no lo sabe pero tu único pensamiento está en la compra que vas hacer mañana, ya está todo decidido. También sabes que a posteriori, como siempre te pasa, te llenarás de remordimientos, te arrepentirás por el pecado cometido pero como afortunadamente, dios lo perdona todo, quedarás limpia de todo mal y tu pesar será más liviano y encima tendrás la compra hecha. Aunque dentro de tu ser sabes que es una bobada que no significa nada, pero hay un algo que te reconcome. Sabes que el daño lo harás y que quién la hace la paga. Pero por otro lado piensas que la cosa no es tan grave. Tienes ganas de comprarte el artilugio y probarlo y si es verdad lo que se dice, aliviarte. Si consigues la misma marca y el mismo modelo de aparato que te dijo tu amiga Conchita pues te pasará lo que a ella que no se separa de él y que lo utilizarás cuando quieras sin tener que dar ningún tipo de explicaciones a nadie. Y que una vez que te relajas y le coges el gustito te lo llevas a todas partes, aunque, eso sí, bien escondido. Pero te asalta el pudor y cierta vergüenza. En fin irás por partes y serás discreta. De momento lo del bolso ya se verá. Claro a él no se lo vas a contar pero sí justificar el dinero que te vas a gastar y le dices, como jugando, que el aparato es pequeño pero que para grabar conversaciones sin que nadie lo sepa será suficiente. Te vas a convertir en una espía, comenta socarrón y tú que no estás para muchas bromas te sale tu vena literaria y le das una clase magistral de lo poco o nada que se notará lo suyo frente a todos los que nos espían con cámaras, con los datos que manejan de todos, tanto en el trabajo, como en el banco donde les dejas la nómina que te pagan, como en las compañías de seguros, como en hacienda y como esas cámaras callejeras que todo lo ven con ojos viciosos, puestas por los ayuntamientos para protegerte, a la vuelta de cualquier esquina. Te verá alguien, en ese mismo momento o después de unos cuantos días si tienen que comprobar algo raro que haya pasado por donde tú pasabas. En los bancos y en las tiendas todo el mundo puede grabar tu imagen y difundirla sin permiso y tú, además de no poder quejarte, no podrás hacer lo mismo. Responde aceptando el pequeño juego que se ha establecido. Y piensas que nunca serás para él, si era eso lo que pretendías, nada original. Aunque digas que tú le vas a dar un uso digamos artístico, que sacarás de allí notas para después poder volcarlo en alguno de los personajes y poner en sus bocas las palabras dichas por cualquiera. Y llegado el momento, en el peor de los casos, me excusaré delante de la policía o del juez. No trataré de captar la mejor de las conversaciones, ni la más sesuda, ni la más graciosa. Sencillamente bastará con captar el ambiente, el tono de voz de la persona cazada y lo que diga tendrá su importancia pero también su modulación, su estado de ánimo. Tus grabaciones se llenarán de groserías, conversaciones sin sentido, como si lo viera. Replica sarcástico él. Con tus colegas del barrio que no paran de decir chorradas desde que les ves hasta que te vas o se van. Y lo poco que saques de esas mentes tan brillantes e ilustradas, te servirá, eso te lo aseguro, para hacer tu propia parodia nacional, si es ese el fin que pretendes. ¡Cuánta enseñanza en tan preclaras cabezas! Y te lo regalarán, porque son así de generosos y la mierda no hay que negársela a nadie. Y si no para qué o para quién vas a utilizar toda la información recogida. Si lo que quieres es dejar en evidencia a la gente grabándola por sorpresa, me parece de lo más ruin y que no se ajusta a lo que yo podía pensar de ti, cuando tú has sido una persona generosa y limpia toda tu vida. Perdona que te lo diga pero no te pega nada. Estaré como de costumbre equivocado. Bueno anda que no se te puede contar nada, porque no entiendes nada y haz el favor de escuchar la radio o apágala que no estás oyendo nada de lo que dicen y deja de dar lecciones de moral, que ya te vale, y conduce con los cinco sentidos o con los que tengas o te queden, después de tu sermón paterno filial…Se quedó callada como para coger un poco de aire y ya no dijo nada más. Pensó. Di lo que quieras, esbozas una sonrisa en los labios. Mañana seguro que estaré más relajada después de la compra y de lo que me ha dicho Conchita que se puede hacer con eso...que ganas tengo de probarlo…

viernes, 13 de agosto de 2010

SOBRE LA MARCHA: Tía Eusebia

El run run de todos los días. El mismo soniquete en su timbre de voz estridente. Llena de decibelios casi inaguantable para el oído humano. Agudos, muy agudos, extremadamente agudos, en su cuello fino, largo y blanco, como agujas de apunturar arrojadas por manos infantiles sin orden ni concierto a cualquiera de los viandantes que pasan por la calle. Frases sin sentido de pensamientos un tanto demenciados abordados con una cara frenética. Personas que no quieren pasar por la acera y cruzan peligrosamente jugándose el tipo. Ella, la niña pequeña, se altera y ríe y se le atipla más la voz. Y cuanto más ríe más se altera, y cuanto más se altera más risa le da y no puede parar. Podría romper el vidrio de los escaparates. Sabe que da miedo o que por lo menos asusta. Pero es inofensiva y la mayoría de las personas son del barrio de toda la vida y la conocen bien. Casi la protegen y la arropan cuando alguien no conocido se enfrenta a ella o maldice y amenaza con llamar a la autoridad. Ella, la niña pequeña, escapa corriendo y se protege detrás de alguien a quién conoce. Es la niña pequeña del barrio pero con los cuarenta de largo cumplidos. Los comentarios de los más viejos del lugar que conocieron a sus antepasados recuerdan los sustos que se pegaba la chiquilla por la aparición de gente en su casa que venía de visita a ver a tía Eusebia. Personas que daban terror o que a ella le causaban terror. Gente enferma con desmesurados rasgos en su fisonomía tan desagradable para ella, que se escondía dónde nadie podía verla. Aunque a veces la tía Eusebia la llamaba para que viniera a saludar a esa gente tan buena que la quería conocer. Y se tapaba los oídos para no oír nada. Todos los días a la misma hora tenía gente para tomar el café con pastas y todos los días a esa hora era la hora del terror. Un día se encontró con una persona cuya deformidad en la cara era tan exagerada que acabó perdiendo el conocimiento durante tanto tiempo, que el doctor que la vino a asistir decidió mandarla al hospital infantil y como si de un milagro se tratase abrió los ojos y vino en sí en ese mismo instante. Todo tan raro…la voz que ya de por sí era un tanto aflautada se convirtió como en alfileres para los oídos. La gente empezó a no poder soportarlo y la mandaban callar siempre que empezaba hablar y eso la volvió callada y huidiza. Ella, la tía Eusebia, era así de buena para con esa gente pero no supo nunca el terror al que tenía sometido a las personas que vivían en esa casa. Sobre todo a la niña pequeña…y ante alguna de las quejas siempre decía “Dios es bueno, para con los buenos.” “Es todo poderoso y lo ve todo y estos pequeños sacrificios los valora mucho”. Ella, tía Eusebia, se creía premiada con un buen puesto en el cielo de los mejores a la derecha de Dios Padre. Pero ella, la niña pequeña, ahogaba todos sus excesos, sus traumas, sus penas, dando voces desde que despertaba hasta que se apagaba agotada de tanto vocear. Increpaba y señalaba su casa con el dedo índice a cuantos paseantes se acercaban y enseguida señalaba al cielo diciendo ella, la tía Eusebia todo lo ve con los ojos de Dios. Ella le quitará el puesto de Dios y se lo quedará todo. Sí, ella, la tía Eusebia. Y salía corriendo dando gritos y enloquecida…