jueves, 29 de octubre de 2015

SOBRE LA MARCHA: El regalo (VI)

Se levantó de la cama con parsimonia. Se puso los zapatos de tacón y se acercó a él. Ramón seguía sus movimientos con cierta curiosidad. Tenía un poco nublada la vista después de haber ingerido prácticamente la botella de cava. En una elevación rápida de su pierna, Natalia sorpresivamente, le puso el tacón afilado en el pecho desnudo. Y le dijo con una voz seca. Como te muevas, te voy a hincar el tacón en el pecho. Él, atónito, no lograba entender qué era lo que estaba pasando. No sabía qué responder y solo hizo un gesto de cabeza afirmativo. Es todo lo que se le ocurrió. Sintió como su pecho cedía a la presión del afilado tacón. Emitió un grito agudo, casi en el mismo tono que lo hacía Natalia cuando él le hacía daño y le cubrió un manto negro de temor hasta ahora desconocido para él. Trató de incorporarse pese a la presión que ejercía, pero notó que sus fuerzas le fallaban y que su voluntad, la falta de ella, le dejaba postrado casi clavado en aquel asiento tan estrecho e incómodo. Acertó a pensar como para alejarse de la realidad, que aquello no era ni asiento ni nada y en ese mismo momento sintió todo el dolor concentrado en su cuerpo.  No sabía cuánto tiempo llevaba allí mal sentado o entre sentado y tumbado. A tenor de lo que le dolían los huesos debería de ser bastante...Miró a su mujer y no le pareció Natalia, su Natalia, a quien siempre había amado a su manera y que ahora no era la misma, se había transformado en una de esas mujeres que en algún momento él había idolatrado tras verlas en las películas, tan admiradas por todos, tan enérgicas, tan duras y dulces, con un carácter que las hacia ser seres superiores y con unos cuerpos que no había hombre que se las cruzara por aquellas avenidas tan grandes en Nueva York, o Chicago, o San Francisco y que no se volviera. Y a él, le atraían tanto ese tipo de mujer y tantas veces había fantaseado con ellas...Pero era Natalia, su Natalia, la que le estaba haciendo daño en el pecho. La que se estaba portando como una mujer de esas películas. A la que veía con los ojos inyectados en sangre y con una rabia que no llegaba a entender. El cava, pensó, el cava me ha sentado como un tiro. Pidió suplicante con un hilo de aire, que le dejara de pisar, que le iba acabar haciendo daño y que le dejara levantarse. Fue en ese momento cuando escuchó un ruido raro como si cediera algo en su cuerpo y segundos después dejó de sentir. Le subió un regusto de sangre a la boca y entendió que Natalia, su Natalia, había pisado con más fuerza su pecho y notó como ese tacón entraba en su carne desgarrándola. No le dolió solo se dejó llevar y notó cómo sus órganos, cada uno de ellos, iba dejando de funcionar. Los párpados no los podía cerrar. No le respondía nada. Le inundó el silencio...Natalia se descalzó el zapato hundido dejándolo de muestra para que cuando vinieran, no le hicieran demasiadas preguntas. Pero eso sería mañana, cuando amaneciera, mientras tanto necesitaba dormir, tan solo dormir un poco  más tranquila.

sábado, 10 de octubre de 2015

SOBRE LA MARCHA: El regalo ( V )

Quiso volver a poseerla pero ya sin tanta necesidad. Se levantó del camastro y la invitó a tomarse la copa de cava que todavía estaba sin abrir encima de una mesa pequeña cuadrada apostada en la ventana de la estancia. La tocó con la mano para comprobar la temperatura y la sacó de la cubitera. No le importó a pesar de lo mojada que estaba y arrugó un poco la cara en señal de desaprobación ante la temperatura del vidrio. Se entendió por el gesto de ir a quitar la cápsula y el entramado metálico que abrazaba al corcho, que parecía que había aguantado el líquido lo suficiente como para ser bebible. Natalia aún perturbada por el castigo que le había infringido aquél ser que a veces parecía adorable y otras el mismo demonio y con una amargura en su boca y dolor en el alma, al ver lo que hacía, entendió y pensó en lo peor. No quería que la volviera a rozar: no lo aguantaría, prefería que acabara con ella de una puta vez, que no la confundiera más, que no solo sufría su cuerpo y su mente sino que le deterioraba el alma que siempre había tratado de proteger como lo más valioso de su ser. No un alma religioso e imperecedero, sino un alma con sangre, con cuerpo, con sentimiento, con dolor, con amor. Un amor que ya no sentía como suyo como si su alma se hubiera ido a otro cuerpo. Y esa manipulación y esas maneras por supuesto no eran nuevas si no al contrario. Cuántas veces se había dejado envolver. Ahora piensa en el engaño a la que le había sometido y se sentía tonta y torpe, se sentía manipulada y sucia...esas putas formas se decía recriminando su pasividad ante tanta evidencia. Toma una copa de cava. Y respiró haciendo una pausa ensayada. Y no quiero un no como respuesta, dijo Ramón en un tono casi festivo. Sabes que no me gusta el cava. He dicho que no admito un no como respuesta. Anda no seas tonta e inténtalo, hazlo por mi. Le tendió la copa casi llena a la vez que el tren hacia un movimiento en zig zag muy suave pero lo suficiente como para que se derramara un poco de liquido en su mano que le llenó de ira y no pudo contenerse. Y con mucho desdén, una vez que Natalia había aceptado echar un sorbo, se la arrebató y de un trago desapareció el líquido sobrante, que era casi todo, en su boca, en su garganta, en su sangre. Volvió a llenar la copa de Natalia hasta arriba e hizo el mismo gesto de desdén y su boca se volvió a llenar, y su garganta, y su sangre y la copa ahora vacía se llenó una tercera vez y una cuarta y una quinta, hasta que en la botella no hubo nada más que el recuerdo de alguna burbuja...
Quiso escapar pero no pudo, o no sabía cómo, era grande el temor, demasiado miedo, demasiado terror. No sabía, tal vez le había dejado hacer durante tanto tiempo que había perdido la noción. Mi culpa se recriminaba, es todo culpa mía y se preguntaba cómo podía ser posible, que no le viera ahora de la misma manera a como le había visto siempre. Tanto había cambiado  o había sido así siempre y no lo había visto. Tal vez ¿El tren? ¿El hastío? ¿La desesperación? ¿Tal vez la última y definitiva desilusión?…¿Qué podía hacer?