sábado, 17 de julio de 2010

SOBRE LA MARCHA: El disolvente

Acomodándose en su sofá, con la respiración aún descontrolada, el mando de la tele pulsado con el dedo gordo dejando pasar los programas rápidamente, sin pensar en los porrazos que ha tenido que repartir para que se fueran de una puta vez. Para que se disolvieran y dejaran de dar por saco. Nunca había tenido que disolver una manifestación de mujeres ¡joder! pero la técnica había sido la misma. Todo se aplicaba como decía el reglamento con independencia de quién fuera el receptor. Palabra que empleaba con cierta frecuencia porque le hacía cierta gracia por su semejanza a la palabra que utilizaba su abuela cuando se refería a la radio. Igual algún compañero suyo pensó como él, que todo iba a ser de distinta manera. Un poco más chillonas, eso sí, pero con el casco no se oye demasiado los gritos. Por lo demás exactamente igual. En plena contienda a cada golpe deseaba que se fueran a su casa cuanto antes y que dejaran de gritar y de armar la algarabía que tanto le importunaba y que era la consecuencia de que la cabeza se le cargara tanto que ya no pensaba en lo que hacía. Cuando la presión del cráneo era tan brutal que el dolor le llegaba a la boca en forma de náusea, acababa repercutiéndole en todo el cuerpo. Entonces enloquecía y se descargaba un poco con los porrazos, a todo lo que se moviera. Pero nunca se le pasó por la cabeza que la crueldad convertida en fuerza bruta llegara a herir severamente a ninguna de ellas.
-Con la presión que soporto a diario encima tengo problemas con Eva en mi casa. Pues mucho lo voy a sentir pero lo que hay dentro son mis cosas y lo que Eva se haya dejado olvidado seguramente ha sido a mala leche para poder volver y recordarme lo cabrón que he sido y lo mal que me he portado con ella.- Estaba decidido a dejar las cosas de Eva, en el mismo sitio donde ella lo había dejado aunque se tirara años, a no ser que en un impulso lo acabara tirando al contenedor de la basura. No le daba la gana cambiar tan radicalmente de vida como ella le había propuesto para continuar con su relación. Así que una vez hecha esas reflexiones, se dispuso a hacer lo que veinte años atrás empezó haciendo y que a fuerza de repetir una y mil veces ya no era capaz de dejarlo. Se quitó la ropa y se quedó en calzoncillos que es como más cómodo decía que estaba. Se acercó a la cocina y se llenó el vaso con una cerveza helada, llenó un cuenco con algún fruto seco y se encendió la televisión segundos después de haber dejado el vaso espumoso en la mesa y de haber cogido seguidamente el mando, de hacer una ligera presión del dedo gordo y hacerse el milagro. Dejó el cuenco al lado del vaso para poder empezar a degustar el manjar.- Siempre acabo dejando el mismo programa que si no hace los veinte años si por lo menos doce o trece que ponen lo mismo en la misma franja horaria. No me aburre, son noticias que han pasado en España en el día y con suerte, ponen lo de esta mañana a ver si me reconozco. Supongo que le irá bien a la cadena y a mí me viene bien no solo porque el programa me gusta si no porque de alguna manera me centra, me hace sentir seguro. Pero Eva eso y otras muchas cosas no las ha entendido y ha dicho basta y me ha dejado tirado, indefenso e inseguro pero yo no voy a dejar de hacer lo mismo que llevo haciendo más de veinte años porque se haya encaprichado o aburrido o lo que sea que se le pase por su cabeza de chorlito. Ya volverá…Mi mundo me da el equilibrio que necesito para seguir haciendo lo que hago enfrentándome a esa gente que lo único que sabe hacer es concentrarse, organizar líos para que no tengamos más remedio que arremeter contra ellos para que se disuelvan. Pero no aprenden y cada poco insisten y yo estoy harto y lo único que quiero hacer es llegar a casa y descansar viendo la tele. Pero ni eso me dejan ya. A ver si no tarda mucho Eva y me prepara algo de cenar que tengo hambre. No creo que tarde demasiado…

sábado, 10 de julio de 2010

SOBRE LA MARCHA: Pis

Se despierta sobresaltada con la vejiga llena, a punto de estallar o esa es la sensación que tiene, pero decide cerrar los ojos y tratar de encontrar el sueño perdido en segundos. Conforme van pasando esos segundos empieza a sentirlo irrecuperable. Pero lo intenta. Pasa un tiempo tal vez exagerado en su cerebro somnoliento y comprueba abriendo un ojo que no ha sido para tanto. O sí. No recuerda bien desde cuando lleva despierta, le parece un siglo pero el reloj no engaña, tan solo treinta minutos desde el desvelo hasta ahora mismo, también desde este mismo segundo lo puede considerar insomnio. Lo cierto es que no le interesa ni la noche, ni el sueño, ni Cristo que lo fundó, solo quiere levantarse y echar el líquido que le oprime. Pero hace demasiado frío como para levantarse. Hace demasiado frío en esa casa sin calefacción, desde que se estropeó la caldera y el técnico recomendó cambiarla. El cabronazo del casero siempre anduvo dando largas pero cuando parecía que se decidía por fin, la primavera se echaba encima y ya no hacía falta, hasta el próximo otoño-invierno que volverían a hablar de lo mismo y así durante cinco largos años. Se apaña con estufas por casi toda la casa pero le sale excesivamente caro y ya se acabó eso de gastarse lo poco que le dan de sus trabajos tan precarios en calentarse, además pasa la mayor parte del día en la biblioteca de la universidad y tan solo va a casa a dormir. No aguanta tanto frío. Ella es de sangre caliente, de sangre andaluza. Piensa, dibujando una sonrisa exagerada en los labios, que si todo el pis se saliera de la vejiga se inundaría el colchón como un río desbordado, como un tsunami. Remolona, se acerca al cuarto de baño dando saltitos cortos como para pisar lo menos posible el suelo helador. Sus pies siempre han estado fríos o por lo menos, que ella recuerde, desde que llegó a estos parajes. Ahora ya solo tiene que levantarse la camiseta larga hasta los tobillos y sentarse a mear, como siempre. Pero esos actos que no se piensan, que se hacen de una manera tan autómata, resultan a veces tan penosos considerando todo lo que tiene que hacer para aliviarse; para aliviarse de lo que sea, psíquica o fisiológicamente. El vello de sus muslos se eriza al contacto con la taza desnuda de tapa y aro. La loza es como sentarse en un bloque de hielo y se dice una y mil veces que esa es otra de las tantas cosas de las que el casero hace oídos sordos desde hace también mucho tiempo. Y recuerda que desde bien pequeña no podía dormir con ninguna prenda que le oprimiera ni un poquito a lo que por supuesto incluía las bragas. Su madre que la obligaba a ponérselas con escusas varias, que si los bichos, que si no había que dejar nada al aire, que si se cerraban todas las puertas y las ventanas de la casa a la hora de dormir para que no entrara nadie sin avisar, que también esas puertas había que cerrarlas por el mismo motivo a lo que la niña hacía gestos de no entender qué tenía que ver las puertas y ventanas de casa con dormir con o sin bragas, por lo que nada más darse la vuelta la madre ella tiraba de bragas hacia abajo y dormía tan a gusto, sin apreturas. Todas las mañanas su madre al despertarla para ir al colegio, no daba crédito al encontrarse con ellas en el suelo. Desde bien pequeña…Es bastante tarde pero conseguirá conciliar el sueño y tiene claro que, si no se la olvida, a una hora que determinará en su momento, dejará de tomar líquido para aguantar de tirón la noche.