lunes, 7 de noviembre de 2011

SOBRE LA MARCHA: La televisión es una caja tonta

Parece que decir a estas alturas de la película que la televisión es una caja tonta, pero que muy tonta, es una obviedad o una perogrullada como se decía en mi corta etapa escolar. Y decir a estas alturas que es alienante, parece otra obviedad u otra perogrullada, pero la mayor parte de las veces la exageración provoca rechazo y te dicen que no hay para tanto. Pero lo triste que esto no es debido al mérito de la inteligencia de las personas que la consumen no desafortunadamente, es sencillamente demérito de la propia televisión y de los personajes que deciden qué es lo que se programa y qué es lo que no...La televisión mata la fantasía, destruye la capacidad de pensar, le resta tiempo a la vida, se la roba como un vulgar ladrón. No te permite pensar. ¿Para qué? No excita al pensamiento, tampoco el pensamiento, no es excitante para él, pero sí puede conseguir sencillamente destruirlo. Es un arma que como cualquier arma solo sirve para agredir, para hacer el máximo daño posible y si es posible también para matar. En fin que tan solo apretando un botón se puede empezar a engullir y a engordar la pasividad. Para qué más, para qué leer, para que pensar, para que disfrutar de otras cosas que puedas hacer para pasar ese tiempo de ocio. Si uno tirado en el sofá se puede convertir en un mirón sin que le miren, en un asesino sin apretar un gatillo, en un espectador del mundo sin casi estar en él. Y todo a través de una caja, ahora una delgadez cada vez más extrema, televisiones leptosómicas, pero con contenidos similares o incluso me atrevería a decir que peores. Claro, claro, programadores, es que la gente lo demanda ya claro...yo pienso que la gente somos consumistas y que nos pongan lo que nos pongan lo consumimos, y si es gratis mejor. Además cuando se lleva un ratito en el sillón que ya has adaptado tu culo y todo tu cuerpo se ha quedado como prensado y hecho sillón o sofá. Ya se te puede venir el pis a la vejiga que si se puede, esperara un poco más. Además por muchas cosas que se tengan que hacer se piensa que siempre se debe dejar algo para otro día, para mañana mismo sin ir más lejos y autoconvencido o sin darle la menor importancia se sigue viendo la televisión. Y tampoco se trata de tener mayores predilecciones por un programa que por otro y nunca se enciende en el mimo momento de empezar el programa favorito si no que esperándole pues se pueden ver otras cosas y además como hay tantos y tantos canales pues mira aunque sean insulsos e insultantes y mal programados como si las personas fuéramos todas tontas del culo...

jueves, 3 de noviembre de 2011

SOBRE LA MARCHA: Y por fin llego a casa...

Al entrar en casa, Lucía, dejaba las llaves en el armario que estaba detrás de la puerta. Recordó que lo primero que hizo nada más instalarse en ese piso fue comprar el armario para dejar las llaves. No entendió nunca de dónde le vino la manía esa de dejar las llaves en el mismo sitio y a ser posible en el armario detrás de la puerta de entrada. Nunca las dejaba puestas como su madre, que decía, que estaban mejor dentro de la cerradura con media vuelta para que nadie pudiera abrirla por fuera, que lo había visto en un programa de la tele por las mañanas y que la policía aconsejaba hacerlo por seguridad. Pero Lucía pensaba que unas llaves colgadas de la cerradura de la puerta era siempre una invitación para que se fueran los amigos o la familia o quién estuviera en casa y que a ella siempre le había parecido bien no hacerlo como su madre. Sencillamente le parecía desconsiderado para con los demás. Tampoco era algo que le hubiera preocupado nunca, aunque su madre estuviera todos los días que subía a su casa recordándoselo y a veces hasta asustándole con la aparición de intrusos por las facilidades que se les daba. Cuando te lleves el susto te acordarás de tu madre decía casi de malhumor por no entender que una cosa tan clara, en una cabeza tan joven como el de la hija, no lo entendiera...seguidamente sus pasos se dirigían a la cocina donde en el tendedero acristalado había puesto el armario de los zapatos y allí se descalzaba despacio sentada en un taburete y se ponía las zapatillas con un suspiro de alivio. Nunca había llevado un calzado cómodo y sus pies a lo largo del tiempo se empezaban a resentir. Visitar al pedicuro era una tarea que tenía que acometer lo antes posible para eliminar esas durezas que todos los días tocaba cuando eran liberados los pies de la tortura. Se frotaba para hacerlos entrar en calor y de paso dar libertad a la sangre para que fluyera de nuevo con más alegría. En este acto no tenía demasiada prisa. Se tomaba su tiempo como haciendo ver a sus pies que no les ignoraba del todo o más que a cualquier otra parte de su cuerpo del que nunca había reparado, más allá de lo que algún muchacho y no tan muchacho, le había requebrado por la calle y que tal vez entrando en una edad preocupante, debía empezar a cuidarse un poco más de lo que lo había hecho hasta ahora.
Finalmente entraba en su alcoba y se desprendía de su ropa de calle y se ponía cómoda para pasar el resto del día preparando las cosas para el día siguiente...y así un día tras otro. Juntando días le salían demasiados como para digerirlos y prefería no pensarlo. En la nevera siempre quedaba algo de comida y un refresco y el sillón era demasiada tentación como para no dejarse convencer y vencer...al final el sueño siempre le atrapaba...