martes, 27 de septiembre de 2011

SOBRE LA MARCHA: El dinero no tiene ningún significado para mí

Decir que el dinero no tiene ningún significado para mí es decir nada más que la verdad aunque a estas alturas con la que está cayendo resulte raro...
La generosidad puesta de manifiesto en numerosas ocasiones le hacía a María competir directamente con todos los amigos que, por el contrario, pensaban que era lo que movía el mundo y añadían eso de dime lo que tienes en el banco y ya me contarás cómo te tratan o dime que te falta para comer y ya me contarás quién te invita o dime que este mes no te pagan el sueldo y ya me contarás de que coño comes... mira si no es importante. Sonia siempre se ponía en jarras cuando decía estas cosas mirando a la cara de María como retándola a que se defendiera. Y María permanecía en silencio y tranquila como si con ella no fuera la cosa y cuando Sonia, que era la más beligerante de todos los amigos, terminaba de expulsar todo lo que quería y solo entonces María se acercaba mucho a ella y le preguntaba casi en un susurro. ¿Y el resto de las cosas Sonia con qué dinero se compran?. Y Sonia que siempre había sido además la más escandalosa del grupo, le contestaba en alto y con una fuerte risotada. El resto dice, ¿pero qué resto? ¿de qué resto hablas María que no hay quien te entienda? Y María con una paciencia infinita se dispone a soltarle una retahíla de cosas que no se pueden comprar con dinero a pesar de Sonia y de todos los oyentes amigos que están a la escucha. El amor, el amor no se puede comprar y todos aplauden las palabras de María mirando a Sonia como invitándola a contestar...Sonia mira a María pero no dice nada...y el cariño, si Sonia el cariño que te tengo, ¿debo pagar algo por ello?...a lo que la concurrencia estalla en un aplauso cerrado viendo a la incombustible Sonia flaquear...y María crecida sigue machacando, la ternura y una caricia se puede pagar y una sonrisa y un te quiero...y Sonia después de esta última embestida solo enrojece y empalidece casi al unísono. Sonia, le dice acercándose aún más a ella, el dinero solo vale para obtener cosas materiales, pero nada más, el resto no está a la venta y es que Sonia ¿sabes? lo siento pero el dinero no tiene ningún significado para mí...

martes, 20 de septiembre de 2011

SOBRE LA MARCHA: el zarpazo de la distancia

Hoy he sentido el zarpazo de la distancia más que nunca, dijo ella.
Quería acariciarte y parece que lo que he conseguido ha sido romperte el corazón. Dijo él.
Y la vida dónde crees que te deja, créete que en el escalón más bajo del reino animal dijo ella.
Y él en unos segundos de meditación respondió. Posiblemente te haya herido gravemente, sin querer hacer daño, pero menos mal que no hay dolor que dure más allá del amor. Y ya se sabe que el amor lo cura y lo perdona todo. Y la falta de tacto de las poderosas uñas ha hecho el resto.
Entonces ella aceptó esa, ahora caricia, llevándose la mano al pecho como para que no se cayera nada de aquel corazón roto o por lo menos que cayera lo menos posible y así poder empezar su reconstrucción...

lunes, 19 de septiembre de 2011

SOBRE LA MARCHA: Lápices negros

Ya te lo digo yo. Mis recuerdos son humo a partir de la guerra. Me he preguntado cientos de veces a qué jugaba cuando niño, quienes eran mis amigos. Dónde estaba mi casa...todo son vagas ideas, vagas fotografías en negativo que pasan por mi cabeza confundiéndome. Llego solo a lo que pienso, no a lo que ha pasado, a lo que me cuentan otros, ni a cómo lo cuentan los historiadores. Solo llego a lo que pienso yo, a lo que viví muy niño, a las sensaciones que tuve y no voy más allá y veo en mis sueños o tal vez solo creo que es mi habitación y se me mezclan los colores. Pero lo que me ofrece la realidad son meras fotografías en blanco y negro que se van sucediendo con una cadencia tal que me lleva a no distinguir una habitación de otra, de un habitáculo a otro, sin orden, saltándose todas las regla del raciocinio y me cuesta saltar. Todo son escombros en mi cabeza. Todo se fue con la última bomba que dicen que cayó sobre Madrid y que fue a parar a nuestra casa y la destrozó como a todas las personas que estaban en ese momento en sus casas tratando de vivir lo que podían de espaldas a una realidad cruel. Y salió la casa derruida en la prensa. Nosotros, la familia, tuvimos mucha suerte porque no estábamos allí, nos fuimos a ver a la abuela, el destino es así y juega con la vida y por ende con las personas que estamos en ese espacio y en ese tiempo: viviendo y desde ese mismo momento veneramos ese instante, el día, y damos gracias cada uno, como su dios le da a entender y nos reunimos todos los que quedamos para pasar el día juntos: Ya hay muchos que faltan, cada vez más pero también entra savia nueva y eso es de alegrarse. La abuela instauró la tradición de no comer carne ese día por respeto a los vecinos que murieron y claro está aludiendo a la carne humana que se quemó en esa tragedia y cuyo asesino quedó subido a los altares durante muchos años...una pena hijos, una pena, la abuela era republicana, la abuela había luchado mucho en su vida como todas las abuelas en aquella época cuando no había apenas nada de nada. Cuando la vida era dura porque no había condiciones y nada de las comodidades actuales. La vida era dura, los inviernos eran crudos y no se tenían calefacciones que te calentaran tanto, ni aires acondicionados que te quitaran el sudor del cuerpo cuando venía el verano pegando duro....no, eran otras condiciones de vida, vida dura que no duradera, pero al fin y al cabo, vida.

Ya te lo digo yo. Mis recuerdos son humo cuando la guerra: durante la guerra y después de la guerra hasta nuestros días y es que no he podido olvidarme de nada o sencillamente con mi memoria tan selectiva he olvidado mucho malo y me he quedado con poquito bueno. Pero me duele, me sigue doliendo, qué hubiera sido de este país me he preguntado tantas veces, si le hubieran dejado caminar tranquilo con sus problemas, con la soluciones del momento pero sobre todo sin tener el drama que seguimos y seguiremos arrastrando durante muchos años y ya llevamos otros tantos. Yo no lo veré, yo ya no lo veré. Albergaba alguna esperanza con esto de la memoria histórica pero no. Va tan lento, si es que va, que me da hasta pereza aguantar para ver si consigo llegar a ver alguna solución...

Y por lo único que lloré fue por querer recuperar unos lápices negros que mi madre me había comprado un día antes en la tienda del barrio: era la tienda que había justo debajo de mi casa: murieron todos...

martes, 13 de septiembre de 2011

SOBRE LA MARCHA: Ahora el café me lo tomo en vaso...

Empiezo a escribir lo que se supone que puede ser una carta, porque necesito expresarme de algún modo y no se me ocurre otra forma. Te vi en el centro comercial y ya no pude dejar de seguirte y va para diez años sin que sepas quién soy. Te veo en todos los sitios, me voy cuando sé que has llegado y que difícilmente vas a volver a salir. En todos estos años sé cómo te mueves, hasta cómo respiras: muchas cosas de ti. Tantas cosas, que no me ha hecho falta estar más cerca de lo que he estado, sin que tu lo hayas percibido, compartiendo tu espacio en una casa o las sábanas en tu cama o sencillamente una cena o una comida en casa de tu madre, que aunque sigue aquí la pobre está muy mayor y está bastante desmejorada, perdona que te lo diga así de esta manera tan cruel. Yo que tú, me la llevaría a un pueblo lejos de este Madrid, lleno de ruidos y polución, a una casa de esas rurales que ahora están tan de moda.
No necesito llevarme más de lo que me he llevado sin que lo supieras, porque tengo tu esencia. Por supuesto a nadie se lo he dicho o mejor, nadie más lo sabe, excepto tu y yo. Incluso no puedo ni decir que esto queda entre nosotros, porque tampoco sería verdad. En definitiva solo lo sé yo y el papel en el que lo estoy escribiendo que no se bien qué haré con él si romperlo en mil pedazos cuando termine la carta o guardarlo en algún lugar estratégico de mi casa para que en un futuro alguien lo vea y sepa lo que pensé e incluso lo que pude sentir. Sí, la vida a veces nos trampea de tal manera que no es posible saber cómo sortearla sin herir a alguien o herirte a ti mismo...te vi en el centro comercial y ya no pude pasar sin seguir tus pasos, saber de ti, todo lo que pudiera y me sorprendí a mi mismo con la cantidad de información que iba recopilando, casi sin querer y como un drogadicto cada vez sentía la necesidad de tener más y más información, más y más datos y me sentía bien con cada novedad que aparecía como un periodista con el notición de su vida. Incluso llegué a ponerme un poco celoso por lo que veía que no me gustaba o porque no estaba de acuerdo con lo que veía, pero procuraba calmarme ya que no tenía ningún sentido cualquier otra cosa que hubiera intentado: tú ni tan siquiera sabías de mi existencia y aunque hubieras sabido que existía ni tan siquiera me hubieras prestado atención. Supongo que me tengo minusvalorado pero es así como pienso y todo lo demás sencillamente no es. Terminaré mi carta dando pelos y señales de todo lo que ha pasado en estos, lo he dicho ya, casi diez años. Más que carta estoy pensando que va para novela larga... Ahora te tengo de frente, estás sentada con las piernas cruzadas tomándote un café en un vaso de cristal no me parece que esté muy cargado, en una de tus cafeterías favoritas a la que se, como tantas cosas, que vienes casi todos los días y a la que yo también me he acostumbrado a venir. Es extraño que falles. Y es que tengo la sensación de estar adquiriendo las mismas rutinas y los mismos gustos que tú. No es raro ¿verdad? Ahora el café me lo tomo en vaso...

lunes, 12 de septiembre de 2011

SOBRE LA MARCHA: Esto es así...

A mí siempre me han gustado las matemáticas decía Lola buscando la aceptación de su amiga Almu que había cursado sus estudios desde niña con ella, en la misma clase desde preescolar y que podía dar fe de que lo que decía era cierto. El grupo le había mirado con cara rara siempre que lo había mencionado de una u otra manera. Porque aunque la mayoría se conocían desde hacía tiempo no tanto como ella y Almu y había ciertas maneras y formas que no gustaban. La complicidad se ponía de manifiesto siempre y eso al resto del grupo no parecía sentarle especialmente bien. Claro está que una persona que confesaba tan abiertamente su afición por la matemáticas no podía estar demasiado bien de la cabeza, y en eso coincidían todos. Si no al contrario algún problema de esos tardíos, algún golpe en la niñez o en la adolescencia de esos que no se recuerdan hasta que el médico no te dice eso de no recuerda usted que se hubiera dado un golpe fuerte en la cabeza cuando niña...Sí, haz memoria y acuérdate de cuando saltando a la comba tropezaste con Rebeca, bueno no tropezaste, te engulló la niña más fuerte del colegio, así le decían las madres que era cuando nosotras bueno y todo el mundo en el cole la llamaba gorda y la verdad es que era cuatro veces cualquiera de nosotras. Entró invitada a la comba cuando no le tocaba y cuando tú no te la esperabas el empellón que te dio fue muy duro. Primero en la cabeza con toda la suya y luego de quedar conmocionada caíste a plomo en el suelo golpeándote la cabeza por la parte de atrás y allí empezó a brotar sangre. Bueno yo no lo vi pero como se ha contado mil veces, pues es como si yo misma hubiera estado allí. Fue una vecina que asomada al balcón lo vio todo y después de pegar un grito de esos de "la ha matao", "la ha matao", salió a la calle cuando ya estaban atendiéndote y cargándote en un coche hacia el hospital y la vecina, yo lo he visto todo la pobre no ha tenido la culpa, por Rebeca que no paraba de dar suspiros con el consiguiente movimiento espectacular de sus graciosas carnes. No ha tenido la culpa la pobre que yo lo he visto todo, pero claro no controla su cuerpo y qué es lo que pasa pues que se lo lleva todo por delante la pobre que golpe le ha dado. Y tu madre que llegaba corriendo con jadeos desesperados y la vecina tratando de calmarla que se la han llevado al hospital porque la pobre Rebeca que no controla bien su cuerpo...y tu madre cargada de paciencia pero también de desesperación por no saber dónde te habían llevado le puso la mano en el hombro a la vecina y se lo preguntó con una tranquilidad que sorprendió a propios y a extraños. Eso cuentan. Por supuesto tú al día siguiente estabas saltando a la comba como todos los días y con el recuerdo de la caída del día anterior. Lo recuerda tu madre y recuerda que al día siguiente empezábamos el cole y los nervios de volver a ver a los amigos que no eran del barrio y que todo estuviera perfecto para que nada saliera mal nada más empezar que lo que mal empieza mal acaba decía la pobre, y te miraba el vendaje de la cabeza. Preparando la ropa y mirándote de reojo por si te había dejado alguna secuela y en el cole pudieras retrasarte en tus estudios pero a lo mejor por eso o vete a saber porqué fuiste una de las mejores del curso y de los cursos posteriores sobre todo destacaste en matemáticas y es que no hay mejor cosa que darse un golpe en la cabeza a ser posible con la Rebeca de turno para justificar tanto lo bueno que pase como lo malo. Esto es así, y el grupo asentía después de que dejara de contar Almu...

lunes, 5 de septiembre de 2011

SOBRE LA MARCHA: A ritmo de sargento...

¡Marcando el paso! ¡Sobre el hombro armas! Gritos histéricos de personajes que solo servían para gritar. En el que su única meta consistía en humillar a personas que estaban muy por encima de ellos intelectualmente, pero que ellos tenían la razón de la fuerza...creo que nunca he hablado de la mili y tengo edad para hacerlo, muy de pasada, claro está, porque por ese mal trago pasé yo. Esa cosa que se hacía por cojones, porque había que servir a la patria y porque era obligatorio aunque tú no supieras bien qué era eso de la patria y los jueguecitos militares. Ni por qué ni para qué te mandaban allí cuando tú no querías ir, cuando odiabas todo lo referente a las armas. Allí íbamos todos, los listos y los tontos, aunque los más listos hacían las milicias universitarias...Allí estábamos los que no queríamos y los que todo aquello les parecía un mundo fantástico, ese tipo de personas que nunca habían salido de su entorno rural en algún sitio de lo más recóndito del país. Esa gente lo disfrutaba como nadie y se lo tomaban todo muy en serio, algunos aprovecharon para aprender a leer y a escribir: bien por ellos. Les daba la posibilidad de conocer gente, de hacer turismo aunque muchos de ellos no salieran luego del cuartel y se limitaran en el tiempo de paseo a consumir calimochos en la taberna, pero solo la posibilidad de estar durante un tiempo en otros sitios, les compensaba, aunque y posiblemente, llegaría a ser en muchos casos la única experiencia interesante de el resto de sus vidas, parecían pasárselo bien. Los otros, como yo, nos espantaba todo eso de formar, romper filas, izquierda derecha izquierda, aunque los más retrógrados decían uno, dos, uno, por no mentar esa parte del cuerpo. Pero había un sargento que cuando le tocaba darnos instrucción (nos instruían pero a base de bien) decía siempre dos, tres, dos, y a nadie chocaba y nadie decía nada era como lo natural en ese sargento y a mí me llamó la atención y estuve a punto de preguntárselo. Algún otro incauto antes lo hizo y no tuvo tanta suerte como yo que fui firmemente convencido de que no lo hiciera. Alguno ya sabía algo más que muchos...de todas las maneras se le conocía con el sobre nombre del sargento pistolas. Ahí es nada...No voy a caer en la tentación de ejercer de abuelo porreta contando batallitas, nunca me han gustado, siempre me han dado miedo las armas y cuando en las maniobras tenía que pegar tiros con el cetme a mí se me secaba la boca, se me cerraban los ojos, con lo cual no sabía bien adónde iba el tiro, las narices se me llenaban de olor a pólvora y los oídos me reventaban de las detonaciones de doscientos tíos tirados en el suelo pegando tiros a discreción sobre el enemigo que no era más que una diana. Se lo pasaban bastante bien haciendo que los demás tuviéramos que cumplir órdenes ¿Cumplir qué? ¿Por qué? Y no era lo peor que nos las diera un alto mando del ejército, que bueno parece que se justificaba por sí mismo, si no que cualquier personajillo con un grado mayor que tú en la escala del ejército, pero de los de la mili obligatoria, de los tuyos, de los que habían entrado como tú, se hubiera hecho con mando y tú no tuvieras más remedio que responder a sus órdenes mi...Por mi parte lo dejo aquí porque me parece que como escriba más pronto va a parecer lo que de ninguna manera es...so pena que os interese y queráis que siga...

domingo, 4 de septiembre de 2011

SOBRE LA MARCHA: No me jodas que encima tengo que leerme un libro...

No me lo ponen nada fácil. Yo quiero adelgazar o por lo menos quiero intentarlo pero como ya he dicho no me lo ponen nada fácil. El método ese que me habéis dicho, me lo habéis acompañado con un libro enorme, es monstruoso. Me da urticaria cogerlo, me decís que tengo que leerme ese pedazo de tomo y por ahí no paso. No me jodáis que encima de adelgazar tengo que leerme un libro. O es un libro que adelgaza, o que si no me lo leo me quedo como estoy...si ya los métodos, cualquiera de ellos, no me los creo, menos aún uno que me obligue encima a leer un libro. Qué pasa que es la biblia de los delgados o que pasas tantas horas atontolinado leyendo que se te olvida comer o cómo es eso...Francamente os digo no voy a desperdiciar ni cinco minutos de mi vida en leerlo ni ese, ni ninguno. Qué digo cinco, ni un segundo ¡qué rollo! aunque penséis que me merezco estar gordo toda mi vida pleno de ricas grasas y otros elementos malignos para la salud. Me auto proclamo gordo feliz...

Y es que el chaval es así no hace tantos años que le conozco apenas cinco y no ha mejorado nada. Y así como ese pensamiento son muchos otros por no decir todos. Y es que me ponen muy nerviosa sus modos, sus modales, sus maneras, solo le salva que se vuelca como amigo lo que a lo mejor no lo hacen otros con mejores modos, modales y maneras. Pero a veces me gustaría abofetear su cara porque enfrentarme a él y decirle cosas ya lo hago y demasiado a menudo. A veces también me lo recriminan y es posible que tengan razón. Seguramente, me debería de retener un poco más, porque sabiendo como es, mis reacciones a lo mejor, hasta le ponen al chaval. Lo que no entiendo muchas veces es cómo su mujer puede aguantar a ese pedazo de carne con ojos que tiene como marido, pero ya se sabe lo que se suele decir al respecto sobre el amor...

Anoche en una fiesta se acercó a mí, digamos que para hacer un poco las paces, después de la tarde un tanto turbia que tuve, por no llamarle un enganchón en toda regla que le dejó un poco cortado. Aunque me dio algo de pena, soy así de tonta, no le ha venido del todo mal a ver si se corta un poco conmigo: Estoy un poco saturada de sus comentarios siempre patosos y sin ninguna gracia. Como digo se acercó a mí con un Martini en las manos y charlamos tal vez como nunca lo habíamos hecho: bueno tiene esas cosas y la verdad es que se lo agradecí porque no me encontraba nada bien. Eso es un detalle de amistad que yo valoro. Lo demás digamos que hago la vista gorda, con perdón para él. Pero de todas las maneras somos la noche y el día. Sus pensamientos nada tienen que ver ni de lejos con los míos odio a las personas machistas y él es un prototipo, sus ideas políticas no me tocan ni de lejos, y ahora encima me dice que le haga un resumen del libro y que se lo pase, eso sí, pero que no sea demasiado largo porque si no tampoco lo leerá. Todo un desastre. Y detrás o delante de todo este tinglado está su mujer que es una bendita, una buena mujer y una buena amiga, además de buena persona.

El fin de la historia llegará cuando haya perdido el primer gramo por la lectura del libro. Será para contarlo en todos los medios, pero mucho me temo que no mejorará nada. Así lo creo.

jueves, 1 de septiembre de 2011

SOBRE LA MARCHA: Descascarillado

Vaya, como quien no quiere la cosa, anda siempre de un lado a otro pateándose el pueblo de lado a lado, silbando la misma tonada una y otra vez sin variaciones sin musicalidad. Se rebusca nervioso en los bolsillos haciendo sonar la calderilla que tiene y ese sonido parece tranquilizarle y entonces se da cuenta de que ese ritmo podía muy fácil acompañar a su silbido favorito y emprende con mucho ánimo la misma canción pero esta vez con acompañamiento de la percusión de las monedas chocando unas con otras y parece que le da un aire más alegre. Y además también siente que sus piernas se aceleran también a ritmo y se entusiasma de tal manera que acaba corriendo por las calles con el consiguiente riesgo de que tropiece, se caiga y se ponga a llorar con tal sentimiento que sobre coge a todo el que le escucha. Pero pronto se cansa y deja de correr y de silbar aunque no de mover las dichosas monedas. Eso parece aliviar sus nervios más que la música que sale de sus labios apretados y entonces empieza a saltar excitado por el sonido. No necesita darle a su música más color que los ruidos que salen de sus bolsillos. Cualquiera diría que es un entusiasta de los distintos sonidos. Desde que se le recuerda siempre se le ve de la misma manera, ni mejor ni peor, ni más avejentado ni por supuesto más joven. Solo son los pantalones los que pueden delatar la edad que tiene, porque todo la gente mayor recuerda cuándo los estrenó y que ya no se los quitó. En su primera puesta parecían grises claros pero ya no tenían color o eran de un color indefinido. Fue mala suerte que ese martillo de feria le cayera como una bomba en la cabeza y lo dejara fuera de este mundo durante tres largos meses de los cuales nunca iba a salir de la siguiente mañana según los partes médicos. Ellos, no eran muy optimistas y nadie en el pueblo hubiera dado un real por el muchacho. Fornido y guapo decían las viejas del lugar que le conocieron cuando casi les tentaba la falda para tocar algo más que enaguas y bragas de esparto. Bien parecido sí que parecía a pesar de su descompensada cabeza que le fue haciendo mella en todo el cuerpo. La gente le dice el descascarillado porque le descascarilló el cráneo el maldito martillo de feria. Pero a veces alguien que se ha quedado observando y escuchando lo que dice asegura que hila bastantes frases con sentido y que se le queda mirando, por ver, si hay algún síntoma de cordura, pero él se vuelve a los mirones les saca la lengua con descaro, se le pone cara de tonto, se mete las manos en los bolsillos y empieza a hacer sonar sus monedas fuertemente esbozando una sonrisa casi obscena con la lengua por fuera, pero la gente no se lo toma a mal dice que el pobre tiene esa cara...