martes, 12 de julio de 2011

SOBRE LA MARCHA: Vaya por delante

Vaya por delante que todo lo que cuento, escribo, concibo desde mi enloquecida cabeza, es fruto de la imaginación con sutiles tonalidades de hechos acontecidos no solo, que se procura que haya poco de eso, por el autor de estas letras, sino por lo que uno va recogiendo de aquí o de allá; verdadera riqueza dónde las haya. Supongo que todos nos nutrimos de lo mismo o de algo muy parecido. De algo tuyo. De algo mío. De los dos. De ambos. De tres. De otros. De un grupo o de varios. Y sin que esto tenga que ver con que esté totalmente de acuerdo con lo que dicen, a veces, esos seres que son los personajes y que se les trata de dar vida propia, dotarles de voz, de gestos, de inteligencia, de pasado y de futuro. Otras veces ni eso...
Dejó el libro. Como preámbulo no estaba del todo mal pero no era el momento propicio como para que le dieran una disertación de cómo se hace un relato y abrió otro de los libros que tenía en la mesilla de noche. Lo volvió a cerrar como si se hubiera olvidado de algo y le pasó las manos por las tapas para asegurarse de que el título coincidía con el libro que quería ojear, amen y de paso, para quitarle el polvo que tenía acumulado y empezó a leer...
Habían pasado muchos años desde que la vio por última vez y creyó por la recuperación de su aspecto en su débil memoria, que no había pasado el tiempo. Sintió como un mareo y sobrexcitado se sentó en el banco más cercano. Se sentía inmensamente feliz por haberla encontrado de nuevo pero no se atrevió, así tan de sopetón abordarla. Y se estremeció pensando que a lo peor no le reconocía. Había pasado mucho tiempo y el tiempo no es precisamente un fiel aliado para el recuerdo, sino al contrario, lo desbarajusta todo, lo empeora todo. El estado físico lo deja hecho añicos y solo el hecho de avanzar hacia donde estaba ella le costaba demasiado esfuerzo como para llegar a presentarse fresco como a él sin duda le hubiera gustado. No le pareció que hubiera pasado el tiempo por ella. O desde allí con su vista tan deteriorada, no podría haberlo jurado ante un tribunal, la imagen que recibía tal vez fuera un pequeño engaño de su imaginación también, cómo no, deteriorada...
No había pasado la primera página cuando se le abrió la boca y profirió un sonoro bostezo que le hizo dar un respingo como si hubiera perdido el control sobre sí mismo. Tampoco le agradó a esas horas que nadie le contara tales historias. En vista de que no era su día para elegir el libro que quería empezar a leer, resolvió el problema apagando la luz y tratando de conciliar el sueño sin que le aturdiese ni el escritor con sus enseñanzas, ni el señor mayor con sus desvaríos. Bastante tenía él con sus cositas...

lunes, 11 de julio de 2011

SOBRE LA MARCHA: A ese le conocí yo

Canturreaba por los pasillos aún a sabiendas que a su tutor no le gustaba nada que ninguno de sus pupilos, como llamaba a todos sus niños, dieran que hablar. Diría que ni para bien, cuanto menos para mal. Prefería que los suyos pasasen desapercibidos por donde fueran. Y eso de ir chiflando como cualquier golfo de la calle le ponía enfermo. Consideraba que había echado muchas horas, siempre pensó que nunca demasiadas, en tratar de pulir a esos pequeños monstruos descerebrados que no habían salido casi del cascarón y que ahora, ya por fin en sus manos, no le gustaba desaprovechar la oportunidad de demostrarse a sí mismo que hubiera sido un maestro, un gran maestro y no lo que le tenían considerado en la congregación: un frailecillo del montón. ¡Menudos cabrones! Pensaba. Pero él había adquirido una confianza en sí mismo que le permitía no sentirse herido. Digamos que tenía el ego extremadamente subido o sencillamente iba a lo suyo. No podía compartir con nadie las ganas que tenía de acariciar a esos pequeños, de hacerles un revoltijo en el pelo y después pasarles un peine por sus cabellos tan jóvenes, tan fuertes, tan sucios, y que siempre llevaba en el bolsillo para esos menesteres. Y no paraba de jalearse...que todo chaval que hubiera tenido la suerte de caer en sus manos habría salido limpio de toda impureza, de todo vicio adquirido hasta ese mismo momento en la calle, pozo infeccioso del mal, donde lo hubiera. Ya lo creo que sí y su única satisfacción era que su Dios se lo reconociera, que los demás no lo hicieran, le traía completamente sin cuidado. Nada más lejos de su forma de ser. Sino al contrario él viendo las maneras, los modos, las posturas, la forma de dirigirse uno de los suyos a alguien, si era la correcta, se sentía orgulloso y solo ese sentimiento o esa sensación le llenaba tanto de felicidad que el resto le era superfluo le era del todo ajeno. Le traía sin cuidado. Así era nuestro tutor. Del que aprendió tanto aquel asesino en serie y todos los que le tuvimos...

lunes, 4 de julio de 2011

SOBRE LA MARCHA: Cuando salga el sol

¿Frío Dice? Frío Siberiano. Frío Polar. Frío de Narices. Salgo de casa para pasear al perro pero el frío tan intenso hace que decida solamente comprar el pan y el periódico. Al perro no le dejo ni oler, con lo que a él le gusta, pero el día no está como para pararse y contemplar. La poca gente con la que me cruzo, algún paisano curtido, se le ve más abrigado que de costumbre y digo yo que por algo será y todo lo que no sea así es una chifladura o poco aprecio a la propia vida. Como siga así la noche va a ser gélida. Pienso, no sé bien el por qué en los sexos. Sí, se me ha venido a la cabeza sin más, bueno tienen que estar tan escondidos que sería una lástima verlos en aquellas condiciones tan adversas para ellos. Lo único que desea el cuerpo es tiritar o temblar de frío o dar un respingo. Era solo un pensamiento que me hizo sonreír mirando a todas las personas con la que me iba cruzando. Digo yo sexos, ni cuellos se ven, con las cabezas como colgadas de donde supuestamente debía de ir el cuello mirando fijamente al suelo y muy estáticas como no queriendo perder un mínimo de calorías. Seguramente no era solo yo el que pensaba esas cosas, la porquería cumulada en las vertientes de las aceras se habían escarchado, era mierda escarchada, no apetecía ni darle un punta pié para que se desparramara y que las lanchas de hielo formado salieran como briznas de colores. No apetecía casi nada solo quedarse en casa sin hacer absolutamente nada. Tan solo esperar a que saliera el sol cualquier día…