martes, 31 de mayo de 2011

SOBRE LA MARCHA: El ojo de la cerradura

Lo sé, se que todo el mundo, escritor, charlatán, o gente de la calle, de la que llamamos vulgarmente, gente, ha tenido una experiencia similar sino igual a esta que me toca contar. Por lo tanto dejaré de pensar que soy el único en la especie que le ha pasado algo parecido, sino que es tan habitual que todo el mundo sin excepción tiene algo que decir al respecto; bien porque le haya pasado directamente o bien porque conoce a alguien que se lo ha contado. Como un mal chiste. Al gano...El ojo de la cerradura de la puerta de la habitación de la mujer que vivía con nosotros, esto es un eufemismo de libro, la chacha que vivía con nosotros en casa, allá por los años sesenta, fue todo un descubrimiento para mis sentidos. Fue toda una puerta abierta al mundo de lo prohibido, al mundo fantástico de otro cuerpo distinto al mío y además de otro sexo del que me fascinó desde el principio: no quiero que dejen de leer por los tópicos que voy a emplear sin querer, pero procuraré evitarlos de  la manera que mi intelecto pueda o sepa. Pero alguna caerá y esta es la primera pero los hechos son los hechos y estos están llenos de tópicos como la vida misma: la falta del aparato para poder hacer el pis de esa mujer con toda normalidad. Me enteré de algo que me dejó sorprendido y es que las niñas meaban sentadas y no como nosotros, precisamente por la falta de aquello que teníamos los hombres de más. Una apreciación tan sutil y tan natural que ahora lo pienso y me parece no haberlo vivido nunca. Pero insisto que los hechos son los hechos y así es como hay que contarlos. Qué decir de la hinchazón que tenía la pobre mujer en el pecho, el caso es que hasta que no lo ves desnudo no te das cuenta que incluso con la ropa se notaba que aquello sobresalía más que el de los hombres y que se les llamaba pechos, los pechos de la mujer…de lo demás se ha escrito también demasiado a sí que otro más no debe importar. El deseo del sexo compartido o mejor dicho su deseo, el de ella, no excesivamente mayor pero sí lo suficiente como para sentir ese deseo del que yo todavía era ajeno. Mi sueño y mi realidad fue mucho tiempo después. Ella fue la que me destetó del mundo de la infancia y me abrió el mundo de los adultos, del juego seductor de las caricias, de los besos que cubrían su excitación y que a mí solo me parecía un juego, juego poco productivo enredándome entre aquellas carnes que conocía de tantos paseos en brazos y otras tantas de verme apresado entre sus dedos. Dedos fuertes y cuarteados. Duros, poco agradables al tacto. De eso me acuerdo, no sé muy bien el por qué. Tal vez por el tema harto sabido de las sensaciones como si no hubiera otra cosa en el mundo nada más que el juego seductor de las sensaciones. Por aquél entonces no recuerdo que produjera, no seguro que todavía no era productivo, pero alcanzaba un grado de excitación que no se parece al del adulto. Solo ella sabía lo que hacía, solo ella sacaba el beneficio de su voluptuosidad, del placer desordenado en una criatura que no tenía diez años y que aparentaba siete. Pero los recuerdos se agolpan de una manera brutal y te descubren la carne rosada entre las sábanas y ese pelo negro, arrugado y con un sabor especial que me hacía cosquillas cuando me lo acercaba a la cara. Y yo sin darme cuenta de lo que hacía y yo sin entender la necesidad de amor o la necesidad de cariño o la depravación en los tiempos de agresión humana tan escandalosa a la que se sentía sometidos la juventud de aquellos años. Un niño que con sus diez años aparentando siete no era capaz de hablar con los mayores con sus mayores porque con ellos no se podía hablar. Solo y en todo caso escuchar y si en algo apreciabas tu existencia y te preguntaban algo y no estabas atento o no eras rápido de reflejos aquello sí que podía ser que te cayera como una losa con toda la fuerza bruta de las personas mayores un buen sopapo lleno de equilibrio, de gratitud ante lo que podía llegar a ser tu salvación. Quien bien te quiere te hará llorar…y por supuesto con toda la sabia carga de la ley. Ese ojo bendito de la cerradura de la santísima trinidad y de todos los santos. Esos excelsos momentos de cremas o aceites a los que era sometido ese cuerpo hermoso ese hermoso cuerpo desnudo, sometiéndole a esos masajes aceitosos y que debían de estar unos largos minutos desnuda y brillante,. Brillante y desnuda o brillantemente desnuda, para poder secar y que aunque los ojos atravesaran momentos de infortunio, de escozor brutal, de nebulosas incómodas, todo era aguantable por el espectáculo que te proporcionaba ese ojo maravilloso de una cerradura de las que solamente la llave hueca era capaz de abrir, pero que el ojo humano percibía más allá de toda ley física. El cansancio no significaba otra cosa que el largo tiempo que se llevaba pegado a ese agujero tan placentero y siempre a la misma hora que para eso uno controlaba el tiempo que quedaba entre la merienda y la cena. Seguramente demasiado cuerpo para verlo detrás del ojo de una cerradura.

domingo, 29 de mayo de 2011

SOBRE LA MARCHA: Yo no me corto

Decididamente tengo que pensar que, este olor que tengo en las manos, no se me va a quitar nunca. Llevo dándome de todo pero no consigo erradicarlo por completo. Y es que me he pasado la tarde preparando la cena y la comida de mañana. Será que no tengo otra cosa que hacer. La verdad es que no me encontraba demasiado bien y cogí por banda la ristra de ajos y casi me pico todos los dientes. Es una exageración pero al final es lo que más me relaja. Tengo días que me ocupan solo unas pocas horas y horas que se pasan como días largos y pesados imposible acabar con ellos si no es de la manera más sencilla: echarse y dormir con un poquito de ayuda medicamentosa. También tengo la segunda posibilidad: me pongo como una loca a pelar ajos hasta que se me pegan las manos. Y es que voy notando como se acerca la tristeza como una nube gris y agorera que me va penetrando lentamente. Es en ese momento cuando, si no tomo la decisión de meterme en la cama, me acabo cabreando conmigo misma por la tontería, por aguantar, y es que soy demasiado bruta para con lo mío, cosa que no me pasa con los demás de la casa que siempre estoy pendiente de ellos. De todos ellos. Y ya son todos mayorcitos. Pero es mi educación, la que he recibido de mis padres y no conozco otra ¡Que le voy hacer! Solo espero por el bien de las niñas de ahora y futuras mujeres que no cometan tantas tonterías y que se empleen en estudiar para que les limpien otras. Que una también tiene derecho a vivir.
Me pongo a pelar los ajos dos horas antes de preparar la comida y todo lo lenta que me dejan los nervios. Así, voy sacándoles la piel uno a uno y seguidamente los parto por la mitad a lo largo y les saco el núcleo que es lo que repite según todos los expertos en la materia, los lamino y los hago picadillo, y por si acaso se ha quedado alguno los vuelvo a dar con el cuchillo para pulverizarlos. Y cojo otro y vuelvo hacer la misma operación porque me tranquiliza, es bueno para mis nervios y para que mi cabeza no se sienta agotada porque no pienso en nada solo en los ajos: solo en ellos. En fin que a lo largo del día y después de pasar unas dos horas pelando ajos todavía me queda otra para preparar la cena y la comida. Con lo cual me ventilo tres horitas unos días sí y otros también en el arte de pelar sin pillarte la piel o sin limarte las uñas demasiado, eso sí con la radio haciéndome compañía. Y aunque pueda parecer que el tiempo de la peladura cunde, al final no me pelo más de cinco o seis cabezas de ajos. Todavía me quedan unos cuantos en la ristra que tengo colgada de un cordel a una alcayata en la fresquera de la cocina pegado a la pared donde azota menos el viento porque en la otra me puse un tendedero enrollable para que no me ocupara demasiado sitio y porque en esa pared siempre corre demasiado viento. De los nervios voy un poco mejor aunque mi médico no quiera seguir con la medicación, yo creo que está esperando a que salga esa medicina nueva que te equilibra perfectamente. Pero vamos, estoy mucho más tranquila.

sábado, 28 de mayo de 2011

DEL CUADERNO DE NOTAS: Un fino hilo

Últimamente me paso las horas charlando contigo. Últimamente todo parece distinto aunque aparentemente todo siga igual. Junto tus preguntas con mis respuestas y ahora mis preguntas con las tuyas...y juego, juego a cambiarlo todo, a mezclar a variar el orden de las respuestas para comprobar la importancia que tiene cualquiera de ellas. Y pretendo cambiar algunas por mal contestadas o matizarlas. Eso es difícil en una conversación. Hablar es más bonito que escribir por lo que lleva de calor en la comunicación entre humanos, aparte de compartir una cerveza o dos, lo cual está muy bien. Pero yo no me expreso de la misma manera, me encuentro más a gusto escribiendo, necesito pensar las respuestas o meditar un concepto para poder seguir desarrollando el lenguaje. Escribir es otra cosa. Es dejar que te hablen en su lectura en cualquier momento, que acaricien las hojas del libro como si fuera tu propio rostro, que te comprendan, o que no estén en absoluto de acuerdo con lo que has escrito, pero que estén contigo en cualquier momento. Entiendo que se diga que charlar es mejor por la cercanía que te proporciona, tener cerca la cara del otro, por las múltiples variaciones en los gestos, por las posturas y por la necesidad que tenemos de decirle algo a alguien y que ese alguien te escuche, te responda en la inmediatez del tiempo o sencillamente calle mirándote a los ojos. Escribir es hacerlo en silencio, en el silencio de tu cabeza, con discreción, sin grandes alharacas. No se puede compartir las horas de juntar palabras. Solo tú y tus locuras, solo tú y tus pensamientos, tan solo tú con tus problemas y la tinta y el papel para solucionarlo. Sufriendo un adjetivo que le quede elegante a la frase pero sin pasarse de rebuscado. En fin que adjetivar discretamente es tanto como pedirle a una bestia hambrienta que refrene sus impulsos y que no devore, volverle cordero a la imaginación cuando ha sido lo único que ha vivido en la cabeza de cualquiera libremente. Ten un poco de paciencia y alguien de cualquier parte del mundo se asomará a tu ventana y golpeará con los nudillos sigilosamente y te sentirás renovado y querido. El sentirte leído te proporcionará la fuerza necesaria para seguir adelante en la ardua tarea de juntar letras o separarlas. Y entre tú que lees y yo que escribo habrá un fino hilo que nos acercará y nos sentiremos unidos en un enredo de frases que acariciarás con tus ojos y comprenderás y llenarás de adjetivos tu boca para expulsarlos en la próxima charla. Así parece perfecto. Comprendo las ventajas que se obtiene de una buena conversación. Que no se rompa nunca...

viernes, 20 de mayo de 2011

SOBRE LA MARCHA: Sin querer quiere Ramón...

Y ahora qué hace. Su cabeza no para de funcionar. Ha empezado a quererla y tiene miedo. Como si querer a alguien fuera malo. El mismo sentido de la palabra le puede producir urticaria. No Ramón, no debes dejar que ese sentimiento te atrape, déjalo estar y ya verás cómo se te pasa, le dicen con sorna en el bareto la gente a la que le ha confiado su perturbación. Y él piensa que, aún pasándolo mal, no cree que sea tan malo. Ha tenido demasiado claro sus sentimientos. Se va a dar un tiempo. Digamos que hasta el mismo momento en que la vuelva a ver. Tiene una ligera idea de cómo es, aunque no se haya quedado con todas sus facciones. En una rueda de reconocimiento policial, posiblemente acertaría siempre y cuando no hubiera grandes diferencias, claro está. Ese pensamiento le esboza una ligera sonrisa que no es capaz de contener. Se sorprende porque sabe que nunca ha sido un hombre ocurrente. A lo mejor se podría haber equivocado y por esa misma razón necesita volver a verla al menos una vez más. Averiguar que aquella cara que vagamente recuerda es la misma cara que ha elegido para...no sabe muy bien para qué, pero lo ha elegido...O ha sido ella. Eso no lo recuerda. Pero lo que sabe seguro es no haber sentido jamás nada parecido. Así que se atreve a pensar en cosas para hacer, con tal de volver a verla, pero también es parco en ideas. Incluso sorprendentemente para lo poco imaginativo que es, tiene claro que ella piensa y siente lo mismo que él. Nunca ha sido bueno en los juegos de amor y no se siente cómodo en ese terreno. Una cosa es lo meramente platónico y otra que vaya a lo tangible, en algo que pueda tocar de vez en cuando sin necesidad de que sea suyo para siempre...ese pensamiento le ruboriza y le espanta: tocar de vez en cuando...No se reconoce. Se acaba de convertir en el ave rapaz o peor en el ave carroñera que tanta rabia le ha dado. Se puede convertir con tan solo ese pensamiento en la típica persona que siempre ha odiado e incluso combatido: un depredador impenitente como lo son sus propios compañeros y todos los hombres que él conoce. Y sí, siempre ha estado satisfecho de la vida tan segura que le ha tocado vivir, sonríe por ese juego de palabras que se acaba de inventar y que tampoco se prodiga mucho. Esas palabras o frases con dobles sentidos, y que parece que todo el mundo las ríe, le han parecido desde bien pequeño, chabacanerías facilonas de gente de barrios deprimidos que como siempre tienen la obligación de ser por lo menos felices en sus miserias y sacarle punta a sus propias desgracias. Nunca ha sentido prisa por tener una mujer a su lado. Siempre supuso que el devenir de los años y solo por el hecho de vivir un día tras otro sin darle mayor importancia sería suficiente como para que en cualquier momento le surgiera la persona que quisiera compartir su vida y por ende llenarle de ricas experiencias. Pero nada más. Aceptando ese, cualquier cosa, como un número indeterminado de incidencias claras y no tan claras que le fueran surgiendo a lo largo de la vida. Y de incidencias se precia de ser un gran conocedor de la especie humana queriéndole meter cualquier cosa con tal de que el seguro pague. Y ahí sí que no se le puede pillar siempre ha sido un empleado modelo en esa gran casa que es su empresa: una aseguradora de talla. Prestigiosa, sin duda como todas ellas y en parte él cree que de alguna manera ha contribuido a que así, y en particular la suya, lo sea. Esos partes amarillos que saca del cajón de su despacho una y mil veces cuando alguno de sus asegurados le reclama algo. El encabezamiento no deja ninguna duda de lo que hay que rellenar más abajo "parte de incidencias". Y en este caso la imaginación se dispara y se disparata "cualquier cosa", y a rellenar, desde un tropezón en las baldosas asesinas de las aceras de Madrid, hasta el vaso de cerveza resbalándosele de entre sus manos al pobre camarero y salpicando de espuma a todos los de alrededor. ¡Menuda vergüenza la del camarero, no la del alcalde que ese la desconoce! En ese terreno sí que se siente seguro.

miércoles, 18 de mayo de 2011

SOBRE LA AMRCHA: Sobriebrio

Pendiente de un hilo. Así llevo toda la semana. La cabeza no me deja tranquilo ni un solo momento. Las noches, las que no paso en vigilia, sueño, y siempre acaban en pesadillas que me despiertan violentamente. Y siempre el mismo sueño. Un sueño repetido constantemente como si fuera una de esas fuentes donde saliera la misma agua una y mil veces. Se manifestará así la locura? Puede que solo sean sensaciones sintomáticas o puede que síntomas sensacionales. Y si esto último, una fatalidad. Puede que sea todo pasajero. Pero lo que no puede ser es que esté, permanentemente, día y noche, machacándome la cabeza sin piedad. No, eso no es justo. Solo noto alivio cuando empiezo a perder la cuenta de las cervezas que me tomo. Solo en esos momentos se seda, se queda adormilada y se despiertan otras partes que estaban escondidas dentro del cerebro. Puedo pensar, me deja pensar y aunque en una nebulosa soy bastante consciente y hasta me atrevo a tomar decisiones, cosa que estando sobrio no hago. Si no fuera porque está tan mal visto esto de la bebida permanecería en este estado catatónico todo el día dejando la sobriedad para cuando no haya más remedio, pero el menor tiempo posible. No quiero que me duela nada, ni la cabeza, ni la punta del pie. El dolor es el peor síntoma de debilidad humana. Los animales somatizan el dolor mejor que nosotros o por lo menos no se quejan tanto. Estamos llenos de dolor mental y físico cuando no es una mano por nada, es porque nos damos un golpe, o nos tropezamos y nos damos de bruces contra el suelo produciéndonos cualquier cosa en cualquier parte del cuerpo, o nos quemamos con el aceite hirviendo cuando vamos a hacernos el huevo, que no veas si salta, de la cantidad de agua o de mierda que les echan a las pobres gallinas. Las del pueblo no saltaban nunca y eran amarillas como la, como la, como la ictericia por ejemplo, o como el huevo del pueblo. Nos duele cuando nos machacamos el dedo gordo con un martillo o nos pillamos dos o tres con la puerta que no sé qué coño he hecho para dejar los dedos puestos mientras cerraba. Así llevo toda la semana dándole vueltas a estas tonterías y al final no se en cuál de los dos estados merece la pena vivir. Tal vez entre media de los dos totalmente sobriebrio.

martes, 17 de mayo de 2011

SOBRE LA MARCHA: La pasajera del circular

Tu fragancia me mantuvo despierto durante buena parte de la noche. A la mañana siguiente me obsesionaba la idea de no volver a encontrarte en el autobús. Según recordaba, habían sido tres veces de contacto ocasional y dos buscándote como un loco, sin conseguirlo. Esperaba el autobús, esperaba el autobús, esperaba el autobús, viendo pasar uno tras otro hasta que te veía aparecer y entonces solo entonces me montaba y procuraba arrimarme hasta que tú te dieras cuenta de mi presencia. Resultaba difícil ya que la mayoría del tiempo te lo pasabas mirando un libro. Te observaba, te miraba, te recorría centímetro a centímetro y no te dabas por enterada. No podía ser que no sintieras mis ojos penetrándote. A veces me vestía de una manera tan llamativa que a ojos de cualquiera podría parecer un disfraz o una chaladura de un chalado de las muchas y muchos que existen en el mundo !Hay tanta gente tan rara¡ Unas veces me ponía los cascos del MP3 tan altos, que se podían oír perfectamente por cualquiera de los oídos que estuvieran al lado. Otras veces con el sonido un poco más bajo me ponía a tararear el tema que estuviera sonando en ese momento en mis cascos y percibía las sonrisas de los allí presentes. O llevaba el paraguas en un día luminoso o un jersey de lana en un día espléndido de sol o de manga corta cuando no se debía. Algo se me ocurría para que tu mirada se posara en mí... En un primer momento no te encontré guapa, lo confieso. O tal vez no me llamaste la atención pero algo ocurrió, tal vez fue aquel frenazo tan brusco que hizo que tu cuerpo se desplazara hacia donde yo estaba bien agarrado a la barra central. Quiero recordar que fuiste tú la que te echaste encima de mí el tiempo suficiente como para poder oler tu perfume, a sentirte a pesar del asqueroso ropaje que tanto separa el calor de los cuerpos. Reconozco que me pasé el resto del día visitando perfumerías para localizar la colonia que me había embriagado. Pero no fui capaz. Supongo que tu colonia mezclada con el olor de tu cuerpo era el aroma más seductor que yo había olido nunca y eso ninguna perfumería me lo podía ofrecer. Así estuve largos días, intensos días de desesperación, de desesperanza y los fines de semana, más largos para mí que para el resto de los mortales, esperando el lunes y con toda seguridad el momento de volver a verte, mi escurridiza pasajera del circular. Pero era capaz, a pesar de todo de animarme porque pasaba el sábado y el domingo estudiando una estrategia perfecta para acercarme a ti el resto de la semana. Eso me centraba. Necesitaba esa seguridad para sosegarme. No podía ser de otro modo. La medicación controlaba la fuerza, el fuego, que me salía de dentro, algo nuevo que no había sentido nunca y que mi psiquiatra me dijo que era la primera fase de mi recuperación…Quién sabe en estas cosas de la cabeza coincidimos muchos aunque muy pocos saben algo...

sábado, 14 de mayo de 2011

SOBRE LA MARCHA: Ropa sucia

El minúsculo botón se desprendió de la camisa en el mismo momento en que Fernando se disponía a pasarlo por el ojal. Ya hacía días que venía notando la flojera de sus hilos y su pequeño desprendimiento de la camisa pronosticaba los peores augurios. Evidentemente cayó al suelo. Cayó no como se podía haber esperado de cara o de cruz siendo ambas imposible de reconocer por lo menos por él. Si no de canto y la propia fuerza hizo que rebotara tres o cuatro veces hasta que empezó a rodar parándose en seco debajo de la silla que le servía casi exclusivamente para dejar abandonada la ropa que se quitaba por la noche. La magia de la madre habría hecho que aquél cúmulo de intolerable indolencia o como él lo llamaba ropa sucia, desapareciera como por arte de magia y tan solo dos o tres días después apareciera dentro del armario de su habitación ordenado en perchas, limpio, perfumado y planchado. En fin todo un acto de brujería que solo una madre como la suya podría hacer sin esfuerzo aparente. Y que tan solo un personaje tan insensible como Fernando no hubiera dado ningún valor a ese acto tan normal, tan habitual…La angustia le llegó en el mismo momento del desprendimiento del botón del puño de la camisa que incomprensiblemente se había dejado caer a esas horas tan insensatas un lunes diez minutos antes de abandonar la casa para ir al trabajo. Dónde coño habrá caído el maldito botón. No había habido otro momento. No cabía duda que para él era una fatalidad que le podía suponer o ir a la oficina con la manga de la camisa colgando cosa que no podía permitirse o más tarde cosa que no estaba demasiado bien visto ni por compañeros ni por los jefes. Pero por otra parte cambiar de camisa suponía tener que cambiar de corbata y por ende de traje. Coserlo, imposible se podría tirar horas haciéndolo. Todo un problema y toda una ruina para un recién emancipado a sus treinta y seis a punto de los treinta y siete. No debía de haberme ido tan pronto de casa, pensó…

lunes, 9 de mayo de 2011

SOBRE LA MARCHA: Y esos labios…

Los periódicos amontonados en un extremo de la mesa baja de cristal. Tres caras pegadas en la portada de uno de ellos. Un hombre a cada lado y una mujer negra en el centro. Sus labios extremadamente brillantes, extremadamente gruesos y perfilados con una raya contorneándolos, como si lo necesitara, un poco más oscuros. Labios pegados, labios como sellados. Labios que al besarlos seguro que no atenuarán su brillo, pero dejando al besando impregnado de su tinta. Sensualmente pegados sin contar mucho más de lo que dirían abiertos. Tal vez callando para guardar todo lo que saben. Son turbadores y atractivos. Todos los labios de las tres caras pegados y como expectantes a la pregunta. A un lado unos labios de varón finos y rosados. En el otro extremo labios gruesos tan negros como los de la mujer negra que tiene a su lado, pero menos brillantes y cortados en decenas de tiras finas. Con el dedo índice de mi mano izquierda me atrevo a pasarlo cruzando la línea de la lógica, pero me atraen tanto que se convierte en una necesidad que puedo satisfacer. Los voy dibujando como tratando de perfilarlos, como si tuvieran algún defecto. Empujo un poco el papel para tratar de pasar por entre sus surcos. Labios pegados y solo oídos, ojos y mente funcionando. Sigo pasando ahora con más fuerza tres dedos por los labios de la mujer como exorcizado y los abre y los chupa y los traga…Mi corazón se acelera y yo retiro de inmediato mi mano. Estoy un poco confuso parece que mis dedos siguen estando pegados a mi mano. Tal vez ha sido una ilusión. Tal vez me he dejado llevar por el cansancio y he visto lo que mi mente quería que viera. Me doy cuenta de que mis dedos se han quedado impregnados de un líquido pegajoso. Miro sus labios y me parecen que ya no brillan tanto. Es posible que sea la luz que le da ahora como de refilón. Deseo que este pensamiento que me corre por la mente sea la verdad de lo que ocurre. Busco algo con lo que limpiarme. Me llevo como por instinto mis dedos a la nariz y huelo a barniz…Llevo horas haciéndolo pero tengo que terminar de barnizar el mueble antes de que llegue mi mujer…