miércoles, 14 de noviembre de 2012

SOBRE LA MARCHA: DOS


PEDRO

Ni escapularios, ni medallas del niño Jesús ni de María santísima.- cuando Pedro se exaltaba lo hacía siempre de una manera desmesurada como si de esa exaltación y su grado dependiera la credibilidad de lo que decía. A veces parecía que le iba en ello la vida – ¡Nada de eso! ¡Ya está bien! Ni cadenas de oro, ni plata de la que cagó la gata, ni Cristo que lo enchufó. Ahora este es el escapulario, ni Cristo en la cruz, ni plaquita del RH, ni colgantes de brillantes de Swarovski y ahí se quedaba pillado, bueno aunque reconozco que ese colgante le queda muy bien a la persona que lo lleva puesto. - Y señalaba con los ojos, el puesto de María, al resto de los compañeros que quedaban expectantes por ver qué decía con esa gracia que Pedro siempre había tenido y que al saberlo también sabía explotarlo. -  Aunque desgraciadamente no he sido yo el autor del regalo y no por falta de ganas. - Sobre todo porque le perdía esa mujer, la compañera que llevaba ocupando el puesto de trabajo desde hacía ya cinco años, en la mesa contigua a la suya, los mismos que hacía ya que falleció su gran amigo Andrés y que de vez en cuando le apetecía hacer un comentario en alto como para que no se perdiese su memoria. Su recuerdo hacía entristecer al resto y aprovechaba para seguidamente quitar un poco de dolor y  decir que gracias a él su puesto había sido ocupado por una bella dama y le hacía una reverencia a María y todos reían la gracia menos la susodicha que sabiéndose el centro de las risas ahora, trataba de esconderse por entre los papeles de su mesa de trabajo… y después de ese paréntesis seguía con su discurso… esto es así compañeros y compañeras y los que no lo hacen ahora, lo acabarán haciendo tarde o temprano, esto es lo que hay que colgarse al cuello. – Y enseñaba su maravilloso colgante con cierta satisfacción en el rostro como si él hubiera sido el mismísimo inventor de dicho aparatejo del demonio -  sí compañeros y  compañeras – las risas se dejaban escuchar cuando alguno le decía que parecía un sindicalista dando un discurso. Pero él seguía a su rollo. Sí compañeros y compañeras hablo del Pen drive sujeto a una cordel ancho de nylon, para colgárselo al cuello. Y lo cogía con la mano y lo levantaba como si de un trofeo se tratara o como si estuviera vendiéndolo como un charlatán.  Esto es así, ni más ni menos y lo demás son chorradas de nuestros antepasados que a ellos les sirvió de mucha ayuda sobre todo en los momentos malos, pidiendo clemencia o perdón agarrados a sus santos colgantes,  pero eso ya es historia, y hacia un alto en el camino como para llenarse de aire el fuelle de sus pulmones y seguía con un guiño – historia sagrada claro está.  A esto nos ha llevado la  tecnología; el futuro inmediato se queda obsoleto en el momento que semanas después es desbancado por otro futuro inmediato. El último modelo del futuro inmediato queda atrasado, casi vulgar, y los que siempre intentan estar a la última y gastándose una fortuna, por ser los poseedores del último modelo tecnológico de lo que sea, quedan frustrados semanas después. Todos miraban a Pedro aunque ya no le hacían demasiado caso porque sabían cómo era y aunque verdades las decía como puños, o no era el momento, o el momento era del todo inadecuado o sencillamente se extendía demasiado. Es verdad que se le tenía un gran afecto y siempre se le dejaba que participara en cualquiera de los eventos que organizaban los más jóvenes de la empresa y que con gusto le daban la invitación, y él lo agradecía yendo a donde se le invitara. Las personas más pijas, en todos los trabajos las hay, aunque no se adecúe ese trabajo  a su gran categoría, trataban siempre de convencer al anfitrión de la fiesta que tratara de persuadir a Pedro para que no fuera a alguna de más categoría, que tal vez se le había ido un poco la lengua al invitarle, que seguramente no se iba a sentir demasiado cómodo, no con los compañeros, que ya conocía a todos de sobra, sino con las diferentes parejas de esos compañeros y que claro sería una situación desagradable que se montara cualquier maremágnum. Como en alguna ocasión todavía recordada. Y así se lo hacían trasladar, tan crudamente, a lo que Pedro asentía y como  en un acto de profunda dignidad decía que no se preocupara de nada que de todas formas  no pensaba ir porque le había surgido un compromiso ineludible. Aunque en verdad había tomado esa decisión poco después de proponerle ir. Sabía perfectamente dónde debía de estar y dónde no, adónde debía de ir y adónde no y los compañeros más cercanos también eran capaces de decírselo por muy cruel que pareciese. Al final era tan fácil como empeñarse en pasarlo mal y hacer pasárselo mal al que no se lo merecía y eso si que no lo iba hacer nunca.  A lo que el anfitrión descargaba una expiración larga de satisfacción. Al día siguiente se dirigía a los compañeros presentes y buscando la complicidad de todos decía en voz alta cuánto sentía que Pedro no pudiera incorporarse como uno más a la fiesta. Y Pedro ponía cara de sentirlo y todos le saludaban con la mano en alto hasta que uno de ellos en el colmo de la estupidez y del recochineo aplaudió y después del silencio, largo, espeso, cargado de malas vibraciones, cargado de poca bondad y de mucha mala leche Pedro acercándose al palmero le dijo entre dientes pero lo suficientemente alto para que todos lo oyeran. - No voy sobre todo porque vas tú -  Se hizo un gran silencio, se dirigió a su puesto y siguió trabajando y hablando como si tal cosa. Era buen fajador, siempre lo había sido y esas situaciones las dominaba perfectamente. Era una de las cosas por lo que había mucha gente que le tenía un aprecio especial y porque era buena gente claro…Levantó la vista minutos después y echó una larga carcajada que hizo destensar el ambiente. Todo volvió a la normalidad…o no.