martes, 28 de octubre de 2014

SOBRE LA MARCHA: Llueve


Llueve. Es un día asquerosamente lluvioso. Los cristales de casa lagrimean y no dejan ver con nitidez la calle, por otro lado vacía de personas. Solo coches que dejan el reguero de agua a su paso empapando aceras y a algún despistado viandante. La luz artificial, como si fuera de noche, como si ya hubiera oscurecido por el ciclo natural, se ha hecho dueña del día: Luces de coches, de farolas del ayuntamiento, exceso de luces en los escaparates. Un desastre de día...Me sustraigo de esta realidad que me deprime y me concentro en la lectura de la prensa digital: Dylan Thomas protagonista hoy de la página cultural. Me devuelve como un boomerang al día de hoy, de lluvia, de gris, de Gales. Me he visto allí, en su Gales natal, empapado de agua en cualquier calle perdida sin un alma, todo vacío. Dylan Thomas desaparecido, nadie en esas calles. Todo el mundo desaparecido. y me llega una sensación de angustia.
Este día iba a ser un día especial y entiendo que todo lo que se espera con ansia, la vida te lo redistribuye como una gran gestora, que hace lo que considera mejor para la gran empresa que es la vida, se adueña de todo lo ajeno, lo fagocita. Una gran maga de los sentimientos de los demás, que juega a esconder y a sorprender, sacando de su chistera del tiempo, conejos o palomas inexistentes. Jugando con los días como si no fuera lo más importante de los seres vivos. Lleva todo el día lloviendo sin parar. La humedad cala y en los huesos se nota más. Recuerdo aquellas sábanas tan frías y húmedas. Quiero volver al calor a los días de sol brillantes. A ver oscurecer tarde, muy tarde, a dudar si decir buenas noches a las diez con tanta claridad todavía. Cuando el ocaso lucha denodadamente por deshacerse de tanta luz perturbadora, y pienso que a esa misma hora en primavera y en verano  no se dice la diez de la noche. Es la luz, es el calor, es el olor, son los ruidos de los chavales en el parque y las reuniones de los padres entorno a un banco del ayuntamiento. Cuidando de los niños de aquella manera, despreocupados, echándoles un vistazo de vez en cuando y atendiendo sus quejas o su sed o su hambre. Son las terrazas tan llenas de gente, tan llenas de vasos, tan llenas de cerveza, tan llenas de vida. Es la algarabía de la vida cuando los animales se emplean a fondo para continuar la especie y las personas beben para olvidarse de sus congéneres. El fracaso de la inteligencia sobre la sabiduría natural, como si esta especie se hubiera pasado de rosca y casi nada valiera ya en su estado natural. Hemos llegado a la simplificación de lo absurdo a través de nuestras propias contradicciones fruto de nuestras complejidades, haciendo de la vida lo más complicado. Con lo fácil que es vivir donde tan difícil es nacer para unos, como sobrevivir para otros, como morir con dignidad para todos. Y no son los avances tecnológicos los culpables, que en teoría ayudan a simplificarnos la vida, a nacer y a morir con la dignidad de cualquier ser vivo sin manipulación.
Vaya Ramón hoy estás espeso, me digo en voz alta y me quedo mirando el punto negro que me ha salido en la mejilla y que nunca he conseguido apretar lo suficiente como para poder quitármelo. Y sonrío de la contradicción de mi cabeza que hace tan solo un segundo parecía tratar de explicarse algo trascendental y que ahora en un absceso de cordura vuelve a la realidad de las cosas: La lluvia de hoy y mi punto negro. El caso es escapar...

viernes, 17 de octubre de 2014

SOBRE LA MARCHA: Sin título (Serie metro)


Me dicen que solo me fijo en la imperfección de las cosas o de las personas y a renglón seguido me dicen que si me creo un hombre perfecto. Pero si no es eso. Pero vamos a ver si alguien me lo puede explicar. Cómo se puede ir por la vida así. Un señor tirando a mayor, con las uñas de los pulgares como si fueran alfileres y llenos de mierda. posando sus manos en las barras por donde las puedo poner yo mismo, o cualquiera. Con un aspecto de abandono personal manifiesto y no es porque yo lo diga. Pero curiosamente el resto de las uñas parece que las lleva perfiladas. Bueno perfiladas es una exageración las lleva más cortas. Para qué le servirá llevarlas tan largas. Recuerdo haberlo visto alguna vez en los dedos meñiques de algunas personas, pero de esto hace muchos años, como si en un momento determinado se hubiera puesto de moda, pero nunca lo había visto en los pulgares. Trato de fijarme a ver si por lo menos las lleva limadas o un poco cuidadas, pero claro si las lleva sucias se supone que las llevará sin arreglar, como parece lógico por otra parte. La parada en una estación y la entrada exagerada de personas hace que me vea empujado cerca de ese hombre. Además exhala un olor pestilente a sudor que solo puede provenir de las axilas de este hombre, enorme por otra parte. Cada vez que se agarra a la barra más cerca del techo, los efluvios se disparan como si ellos mismos fueran seres vivos que al verse liberados, salieran como locos buscando, o el oxígeno limpio y suficiente, o a otra persona a la que agarrarse...Necesito refugiarme en el recuerdo para poder soportarlo porque empiezo a encontrarme un poco mal. Y me viene por contraste, con el de ayer mismo. Sin que fuera un olor exquisito, era agradable. Por lo menos no echaba para atrás. Quería recordar un olor como a la laca y me transportó a los años de la niñez cuando las mujeres de casa se pulverizaban en el pelo una especie de pegamento que olía bastante bien o por lo menos a mí me gustaba. Las mayores cuando iban a salir de fiesta los sábados después de comer, se echaban eso en el pelo. Con esos peinados hacia arriba para coger altura, para ser más, para aparentar más. Más altas, más rubias, igual a más guapas como un teorema matemático infalible. Cómo decir, como muy estudiado por la juventud estudiantil de aquellos tiempos.
No para de cogerse del pasamanos, y descolgarse y volverse a colgar como si lo estuviera haciendo aposta. Estoy convencido de que las personas actúan así para fastidiarme. Dice mi médico que no soy tan importante como para que todo el mundo vaya a hacer cosas con el único propósito de molestarme a mí, pero yo creo que me dice eso para molestarme también, porque sabe que me da mucha rabia. Porque sabe que estoy convencido de lo contrario y cuando se me mete algo en la cabeza...lo hará por motivos terapéuticos?...seguro que no...