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Mostrando entradas de octubre, 2013

SOBRELAMARCHA: Y Madrepepa V

Dejaré descansar por un tiempo a la abuela, a mi abuela, a esa mujer que no admitió nunca que los hijos de mi padre, su hijo, la llamaran abuela. Esa palabra para los nietos de sus otros hijos que se habían quedado con ella en el pueblo sin abandonarla o que por lo menos habían emigrado a la ciudad más cercana y que en cualquier momento se podían presentar a estar con ella. Pero no los descastados y debiluchos hijos de su hijo mayor, de su primogénito y de esa mujer madrileña delgaducha y tan poquita cosa que se lo había llevado para no dejarle regresar jamás. O eso era lo que decía pero sin ningún fundamento. Cuántas discusiones vi yo en las tardes de domingo cuando nos poníamos a jugar a las cartas con mi padre y que mi madre le decía o casi mejor sugería la posibilidad de pasar un puente o incluso no la importaba un fin de semana para que viera a su madre y a sus hermanos a lo que él se negaba diciendo que bastante tenía con el volante diario como para hacerse más kilómetros los fi…