lunes, 29 de agosto de 2011

SOBRE LA MARCHA: Bocadillo de Chorizo

Ver a esa niña con su bocadillo de chorizo comiéndolo con fruición como si no fuera haber otra comida después de esta, con todos los morros pintados de pimentón, y disfrutándolo. Aunque parezca una exageración, creo que lo estás disfrutando más tú viendo cómo se lo come y te complace...y lo disfrutas. Y de repente ves que esa niña se ha hecho mayor que le dicen que cuidado con abusar del embutido que no es demasiado bueno para el colesterol y qué ya sabes adónde van todas esas calorías y en fin todas esas historias del mundo de la salud, como si todo dependiera de la comida y nada más. Y te enfadas y le dices al primero que te lo refiere: que si el estrés no engorda y que si la presión de la banca sobre las personas hipotecadas que se las desean para pagar a fin de mes no engorda la cabeza y que si ver tu cara todos los días no es tan preocupante como para ponerse de bocadillos de chorizo con cerveza hasta arriba. Y añades lo de la cara del jefe y...Y la gente te mira preocupada por tu estado de enajenación mental que esperan que sea transitoria. Y les miras enloquecido y les dices que una mierda que no se te va a pasar. Pero la verdad es que no puedes aguantar tanta mentira. Y otra vez empieza la cabeza a darte vueltas...tanto estudio médico o del laboratorio de turno, que ahora, por ejemplo, dice con pruebas científicas, que el sol es dañino y que te gastes la pasta en estas cremas suyas, y que nadie sabe, si de aquí a veinte años son más dañinas que el propio sol. Igual que hace unos años cuando los estudiosos decidieron que el aceite de oliva era lo peor para el corazón y que había que consumir aceite de girasol. Desde ese mismo momento y hasta que el recuerdo te alcanza ya no volvió a entrar en tu casa una botella de aceite de oliva. ¡cabrones! Y mañana será cualquier otra cosa...¡manipuladores de tres al cuarto! Y juegan con nuestra salud estos. Y los otros, sí los otros, el clero, juega con la muerte y su vida eterna cuando saben que no hay nada. Pregúntales si se les pasa por la cabeza como a Santa Teresa, el deseo de morir para alcanzar la vida eterna. Pues claro que no. Ellos te dicen que les aguarde muchos años, lo que todos pensamos. No deben tener muchas ganas de ver a su jefe y en eso también coincidimos. A lo mejor no estamos tan alejados en los pensamientos básicos...
La banca con sus banqueros, esos sí que son dioses, que te manipulan y te llevan a su terreno cuando quieren y tú que estás harto de trabajar y que no te llegue el sueldo te ofrecen el oro y el moro. Ser dueño y señor de una fortuna que nunca habías pensado tener y que ahora, sin mayor esfuerzo que unas cuantas firmas, puedes acceder a todo. Y te lo crees ¡Qué cabrones!¡Qué manipuladores! ya saben bien que este juego se acabará tarde o temprano, que todo se irá a al traste y que el dinero va a seguir en sus manos y las casas que desahucien, será también para ellos, todo para ellos...
Pero mientras tanto, mientras que sí y mientras que no, has pensado que te vas a comer un bocadillo de chorizo con una cerveza sin darle cuentas a nadie. Y se acabó.

viernes, 26 de agosto de 2011

SOBRE LA MARCHA: Me empiezan a doler las piernas...

Atrapado entre el mundo real y la fantasía. Esperando que la vida se vaya apagando poco a poco, paso mis días con sus noches dentro de mí mismo, cada vez más ajeno al mundo. Me siento como si estuviera encerrado en una matrioska de esas que venden ahora en cualquier tienda de regalos, regalos convertidos en objetos sin personalidad, comprada en la plaza mayor de Madrid. Qué decir de ese toro negro con las pezuñas blancas pintadas y con una bailaora vestida de faralaes pegada a su grupa, expuestos en cualquier tienda de la plaza roja de Moscú: digo yo que será para que cualquier turista español enajenado lo compre. A eso, es a lo que yo llamo, pérdida de carácter de las cosas. Y el ser la última figura sacada de las tripas de la Matrioska, que es así como me siento yo, es a lo que no me adapto ni creo que me adapte nunca.

Vegeto dentro de las grandes paredes de un edificio horroroso, dentro de las paredes de lo que dicen es mi habitación. Pero ellos no entienden que por mucho que me lo repitan yo no lo creo. Es más lo rechazo. Mi habitación tiene otro color y otros olores, esto huele a desinfectante que tira para atrás y el color es horrible e indescriptible. Además en mi habitación siempre ha habido solo una cama, eso sí, bien grande y aquí hay dos camastros, por cierto uno de ellos, hasta hace bien poco, ocupado por Paco...A veces me da por soñar que estoy en la mía y tengo que tener cuidado para no caerme. Bueno y así sucesivamente...no quiero amargarme. Es una residencia de tránsito, como dicen los cuidadores, coño pues como todas o es que hay alguna de las que se salga sin sacar los pies por delante. Y así un día tras otro, más que viviendo, reviviendo el pasado. Tratando de recordar día a día mi paso por este mundo impostor. Todo hecho o todo casi hecho, queda solo el acto final, la resolución del problema, la apoteosis, la debacle, que espero que no se demore demasiado.

Me canso tanto, que me quedo dormido en cualquier parte, como si tuviera sueño y en el duermevela me brotan con tanta alegría los malos recuerdos que me sobresalto y busco entre la gente que me rodea alguno que me libere y que me consuele un poco de mis propias pesadillas. La tortura de la mente es inagotable y demoledora. Otras veces me acerco a la biblioteca del centro y releo alguno de los libros que tienen, que seguro que he leído pero que no recuerdo bien. Están demasiado revueltos, colocados de cualquier manera, sin orden ni concierto: nunca me ha importado releer buenas obras pero no la tienen al día se nota la desgana con la que trabajan. No se pone cuidado ni en eso ni en nada. Me empiezan a doler las piernas voy a darme una vuelta para estirarlas...

jueves, 25 de agosto de 2011

SOBRE LA MARCHA: Imagínate...pues no.

...Imagínate que mañana te viene el pivón ese que dices que tienes en tu oficina y del que todo el mundo tiene pensamientos excesivos y te dice que si encuentras mañana mismo un lugar y un juez, se casa contigo...

Rafa se quedó perplejo. Y de dónde te has sacado esa idea, tú que tienes un pensamiento tan lineal.
No sé, se me ha venido de pronto a la cabeza, me ha hecho gracia y te lo he dicho. No tendrá un doble significado no me estarás diciendo algo sin querer decírmelo del todo. Te has echado novia y quieres casarte.
Pues no.
Entonces es que estás más chalado de lo que yo pensaba y estás tan habituado a tus chifladuras que ya es que ni te das cuenta. ¿Me lo estás diciendo en serio? No te conozco.

Espera que me vienen más cosas.

...Imagínate que mañana te levantas y te faltan los dedos de la mano derecha. Y ni te duele ni nada. Como si tal cosa. No pongas esa cara hombre, solo te pido que lo imagines, es fácil, mañana te levantas de la cama y te encuentras que no tienes dedos y que en vez de desesperarte parece como si te faltaran de siempre y que funcionas como si hubieras nacido con esa falta.
Es decir que si me levanto sin los dedos y no empiezo a dar alaridos o no me desmayo, es que no es el primer día que me levanto así. Entonces qué es lo que me tengo que imaginar, el tener la mano como una pala o mi adaptación a la vida sin los dedos. Mira no te entiendo. Si soy así pues ya está. Acostumbrado estaré, no sé, digo yo...déjalo ya...

Espera y no seas impaciente que no he acabado de imaginarme.

...Imagínate que al coger el metro como todos los días y al subir al exterior te encuentras en medio de la selva y te llevas tal susto que cuando quieres retroceder para volver a coger el metro, este, se desintegra como si se lo tragara la tierra. Y tú aterrado empiezas a correr en cualquier dirección sintiendo que algo malo te va a pasar porque desconoces qué hay a tu alrededor.
Sí, eso es una gran putada...

Además.

...Imagínate que al despertarte de la siesta estás rodeado de todo lujo y que solo por el hecho de haber abierto los ojos tienes a una fila de criados dispuestos a complacerte en lo que les pidas.
Eso confieso que no me disgustaría.

Pero claro toda esa pasta está condicionada a que te cases con ese pivón que por cierto, se me había olvidado mencionarlo, es una tonta del culo. Aparte de soberbia. Pero al mismo tiempo ves que tienes que vivir el resto de tus días sin los dedos de tu mano. Y por último me queda lo del metro.
Mira, para y no me comas más el coco, que en la selva no se puede gastar uno tanta pasta. Entonces para qué la quiero. Además al pivón se la comerían los leones el primer día. En fin imagínate que te digo a todo que no.
Pues eso mismo hubiera dicho yo.
¿Entonces?
Pues eso que no se. Imagínatelo.

martes, 23 de agosto de 2011

SOBRE LA MARCHA: El espejo y el asomado

Hasta el mismo momento en que el espejo reflejó una imagen irreconocible no me di cuenta de su envejecimiento. Sin duda yo no podía ser aquél que el espejo me ofrecía. A lo mejor quería darme a conocer a otra persona que antes se hubiera asomado a aquel mismo espejo y que sería seguramente ella, la otra persona la que había guardado en su memoria y que ahora en una suerte de venganza, hastío o por un hartazgo de ver a cada momento esas caras tan tontas, tan simples, tan distintas se dedicaba a mostrar caras, como quien tiene un muestrario y lo enseña. Caras, siempre caras, o en su mayoría. Caras somnolientas, o llenas de legañas, sacando desproporcionadamente la lengua para mirarse concretamente ¿el qué? y con esa cosa en la cabeza que dicen parecerse al pelo y que hasta que no lo cepillan o peinan puede ser cualquier cosa. O sencillamente está tan aburrido que ha decidido pasarlo bien y burlarse de todo el que se mire. Y es que es inevitable que las personas nos asomemos a ese espacio reducido, claustrofóbico, íntimo y único como es único lo que trata de reflejar. Pero nunca pensé en el deterioro físico que pudieran sufrir esos misteriosos trastos siempre dispuestos en teoría a reflejar una imagen absolutamente real del asomado y casi siempre tan falsa. Tal vez sea una de las razones que me impulsan a no comprar cosas, objetos, libros, discos, casas que hayan sido usadas por alguna otra persona o personas. Me da la sensación de estar siempre rodeado de ellas aunque no necesariamente tengan que estar muertas. Pueden estar viviendo al lado o a mil kilómetros de distancia que yo las presiento en el lugar donde han estado viviendo o se han asomado, o leído o escuchado. Ya sé que suena raro pero es así. No tengo una sensación más horrible que cuando me acerco a un baño público. Normalmente no miro ni por error a los espejos para lavarme las manos y sé que hago cosas muy raras a la vista de las personas que en ese momento comparten el aseo. Pero no puedo evitarlo. Es una mala sensación, una enajenación, una obsesión, lo que sea pero no hago daño a nadie. Mi Paca se empeñó en adquirir el espejo en un mercadillo. Se le antojó, como tantas cosas y no es que me queje de ella, que es una santa, pero sí parece que tiene ese don de comprar todo lo que a mí no me gusta y lo sabe y lo hace. Y yo no sé decirle que no a nada. Y lo compro pensando que desde ese mismo momento tendré que mirarme en cualquier otro sitio de la casa. La verdad es que a mí me vale hasta el cristal de la ventana. Pero anoche no tuve más remedio y fijé la mirada en lo que creía ser yo y no me ofreció nada fiel. Sí me pareció como si hubiera estado esperando el momento y que sabía que algún día iba a llegar para burlarse descaradamente de mi, tal vez por no quererle comprar. Y lo hizo, ya lo creo que lo hizo y también provocó en mí amargura, desazón, cabreo y...ese señor tan mayor con esos ojos casi desaparecidos y sin brillo, sin vida, con bolsas enormes en los párpados, no recordé que nadie me hubiera dado una paliza para tenerlos así de abultados. Calvo muy calvo o en su mayor parte y con esa cara tan ruda no podía ser yo...porque no la había visto antes...quise recordar...

domingo, 21 de agosto de 2011

SOBRE LA MARCHA: Y si los libros fueran leídos...

Los libros se me amontonan en la mesilla de noche, en la mesa del comedor e incluso en la mesa de la cocina. Se va pareciendo a una pequeña plaga que me lo inunda todo y que no soy capaz de exterminarla. Siempre pensé, desde bien pequeño que ellos, los libros, tenían vida propia y no solo por lo que dijeran, por las historias que contaran, sino que ellos mismos generaban vida, aunque otro tipo de vida, claro está, como sumergida, como paralela a la concebida por nosotros. Pero vida al fin y al cabo. No pensaba que se tratara de objetos inertes que valieran solamente para leerlos o releerlos, cosa más complicada esto último, pero que había gente rara que lo hacía, o para regalar envueltos en bonitos papeles de colores y con lacito. Pensaba que ellos cuando se les abandonaba más tiempo del que consideraba cada uno, también entre ellos tenían su carácter, exigían sus derechos y de alguna manera se dejaban oír. Supongo que un poco condicionados por la historia que contuviera cada uno. Así que no eran en absoluto objetos inertes que se quedaban donde se les pusiera. No se les podía dejar olvidados porque ellos se moverían libremente por cualesquiera de los espacios de la habitación donde estuvieran, inclusive por espacios fuera de ella. Por esa razón estaban tan cargados de aventuras, de vidas apasionantes, de misterios, de amor y de muertes, tragedias, dramas comedias y todo lo que en la imaginación del escritor cupiera. Ellos, en el fondo sabían que habían sido creados para hacer disfrutar unas horas a quien se atreviera a tenerlos en la mano y depositar aunque fuera por un espacio breve de tiempo sus ojos, pero su abandono podía provocar ese acceso de ira, de conmoción, de delirio o sencillamente la revolución de todos ellos. Como una sublevación intelectual, una fuerza que consiguiera ponerse en medio al paso de cualquiera para provocar el tropiezo subrepticiamente. Se hacían ver, se ayudaban los unos a los otros como movidos por el mismo interés, como una misma fuerza y por un mismo motivo...que fueran leídos.

viernes, 19 de agosto de 2011

SOBRE LA MARCHA: Sopa de letras

...aunque seas un imposible, acepto el reto que me pones, dijo Ramón con desparpajo a la vez que giraba la cabeza casi con violencia y con el ánimo de esperar la contestación durante el tiempo que fuera necesario. Todo lo que necesito, musitó entre dientes, es confianza en mí mismo como para convencerme y creo que siempre lo he conseguido. Y continuó con su razonamiento: entre todas las letras me quedo con la a y con la b. Y entre a y b me quedo con la y, no, no quería decir eso y esbozó una sonrisa por la gracia que le había hecho el chiste que se había contado y que era tan raro en él. Continuó, una vez que volvió a reponer su compostura entre a y b me quedo con la a, porque es la primera de las letras, aunque como soy tan egoísta me quedo si me dejan, con las dos. Por qué dejar una letra en el plato cuando me las puedo comer todas ellas. Por qué tirar una letra si puedo comérmela también. Miraba el plato de sopa y golpeaba el caldo con la cuchara. Había perdido la única letra b que había visto aparecer en un momento y se puso nervioso. Pero como por arte de magia ya no sabía donde se escondía. Porque comérsela no se la había comido de eso estaba seguro. Miraba el plato de sopa y removía y removía tratando de buscar la letra que le faltaba, pero solo aparecía la letra a como si las demás se hubieran puesto de acuerdo para esconder a la b y a su vez esconderse así mismas. Solo daba la cara la a. Y repitió en voz alta como si se tratase de una oración, aunque seas un imposible te atraparé y te comeré letra b. No consiguió ver la letra b pero de lo que sí estaba seguro es que se la comió como todas las demás porque en el plato no quedaba nada...