miércoles, 29 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: El collar de Sandra

El asfalto se llenó de bolitas que saltaban como si les hubieran dado la condicional o como si de repente hubieran tomado vida propia y al mismo tiempo la decisión de liberarse del lugar que lo sostenía. Cayeron desde lo alto del cuello de Sandra salvando el volumen de su pecho que en ese mismo momento exhaló un grito de sorpresa y una risa nerviosa sin saber todavía qué había pasado. Pero sus manos automáticamente, en un acto reflejo, fueron a parar al resto del collar que no paraba de desmoronarse y que su reacción, aunque rápida, se había quedado prácticamente solo en el cordel. Todo lo demás había caído. No quedaba nada. La posibilidad de recoger aquel desastre se antojaba un tanto disparatada pero recordó que el collar era un regalo de Roberto y no quería perderlo. Por lo tanto, si no en su totalidad, si por lo menos en su inmensa mayoría trataría de perder lo menos posible. Luego al llegar a casa se pondría con paciencia a ensartar las piezas y combinarlas de tal manera que no volviera a recordar el incidente o por lo menos, de la mejor manera posible siguiendo sus instintos y el recuerdo de cómo iban colocadas. No tardó mucho pero la sensación era de dejar más bolas en el suelo de las que recogía y le entró una congoja que le hizo levantarse para coger aire. Una vez repuesta y cómo en un acto reflejo se volvió a agachar para terminar la faena. Quedó satisfecha al echar una ojeada y comprobar que al menos a simple vista, no había restos del collar. Pensó que no lo había hecho por orgullo, ni por recuperar algo de valor material. Seguramente el collar no había valido nada más que unos cuantos euros, pero se trataba del valor que había adquirido con el tiempo, con el cariño y los recuerdos que le proporcionaba cuando se lo ponía, que era además con bastante frecuencia. Un valor incalculable al cual no estaba dispuesta a renunciar. Caminó unos cuantos pasos y no pudo evitar la tentación de volver a echar una última ojeada por si aparecía la última pieza. Pensó que lo más seguro es que alguno habría quedado como testigo del daño y que al final nada quedaba igual después de un pequeño desastre, aunque no necesariamente peor. Como la vida misma...

lunes, 27 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: El extraño caso del mordisco en la yugular

Le amenazó con darle un mordisco en la yugular y se sintió el hombre más feliz del mundo, y aunque la yugular fuera suya no dimensionaba el sentido de la frase ni lo trágico que podría llegar a ser un mordisco en el cuello con rotura de yugular. Casi parecían las conclusiones de un forense viendo el cadáver maltrecho del infeliz. Ahora lo que estaba por ver era si lo haría o no efectivo. Lo hizo, lo hizo nada más verle. Un enorme mordisco que todavía no sabe bien si fue una expresión de cariño o de enorme agresividad. El caso es que cuando se iba acercando a zancadas cortas y rápidas por el pasillo del aparcamiento lo iba haciendo con una sonrisa que en principio le pareció escalofriante pero que al estar lo suficientemente lejos pudo ir acostumbrándose a ver esa cara con esa expresión de, no te voy hacer nada o a lo mejor sí, lo pensaré por el camino. O no te preocupes por nada que todo acabará pronto. Lo que estaba bastante claro es que alguna decisión había tomado y que tan solo faltaban unos segundos para escuchar el veredicto. Y él tratando de pensar rápido, o bien se iba a conformar con echarle un pequeño y sutil rapapolvo o uno enorme y desmesurado o iba a pasar directamente al abrazo y al mordisco. El abrazo fue sincero, nunca lo hubiera dudado. Sorprendentemente no fluyó la sangre a borbotones sino que notó como le escurría un líquido espeso que al tocarlo y mirarlo le pareció que tenía un color ocre y que le recordó, a las paredes pintadas de la casa de su amigo Alonso. Salió lentamente, como no queriendo salir, como si la ayuda de la primera convulsión no hubiera sido tan siquiera necesaria, y que esa misma pastosidad serviría para tapar la herida infligida. Pero no le había causado herida alguna. No mordió. No había lesión, no inoculó veneno. Se dio cuenta que había segregado una baba caliente y salada. Una baba dulcemente caliente, dulcemente salada. Una baba llena de cariño. Eran lágrimas…

martes, 21 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: Se cortó del todo la comunicación

Se cortó del todo la comunicación. Ramón se dejó pegado el auricular en la oreja preocupado, como intentando darse un poco más de tiempo pero la interlocutora en tan solo unas décimas de segundo le dejó con la palabra en la boca. Pensaba que esa petición de no hablar más, no iba del todo en serio y que tal vez las ganas de oír la voz que siempre le había fascinado era suficiente como para que cualquier amenaza, aunque esta fuera velada y circunstancial, no fuera acatada con tanta marcialidad. Aguardó unos instantes estirando el tiempo un poco más, pero enseguida se percató de que ella había colgado el teléfono. Después de un rato colgó el suyo, más bien lo depositó con cierta preocupación dándole vueltas a la cabeza, pidiendo explicaciones a la nada…se obligó a no volver a llamar, no fuera peor el remedio que la enfermedad y él había sido siempre un hombre precavido como para que ahora, a lo largo de su trayectoria, lo fuera a echar todo a perder. Además ella se lo había pedido por favor. No, decidió definitivamente que no merecía la pena arriesgarse. Pensó en preparar sus cosas tranquilamente, aunque le quedaba mucha tarde por delante, podía ser una buena forma de distraerse. El día siguiente, tal y como se lo pusieron sus jefes, iba a ser un tanto complicado. Se metió en la ducha y se quedó un buen rato dejando correr el agua por su cuerpo, agradeciendo ese momento de placer tan efímero pero tan reconfortante sobre todo en los momentos más complicados. Se acordó de cuando en uno de esos viajes de empresa demoledor y titánico, se metió en un hotel con spa que no había tenido ocasión de probar y que le reconfortó de tal manera que hasta que no daba con otro hotel que le ofreciera el spa en la habitación no paraba. Afortunadamente en la actualidad ya no era difícil encontrarlos. Pero en estos momentos él solo, en su casa y el agua templada, él solo y su cabeza que de tan complicada que le parecía a veces se mostraba con él mismo un tanto crítico, maldiciendo siempre no ser como los demás mortales, con las preocupaciones justas de llegar a fin de mes, cuidar a los chicos, completar el bono polvo mensual con la mujer, algún partido y alguna partida con los amigos de siempre, con unas cuantas cervezas. Y poco más. Solo eso. No más complicaciones de las que te da la vida, pero ahí estaba él para hacer que hubiera, donde a priori no tenía porqué. Y es que estas cosas pasan. Después de la ducha y una vez despejado volvió a tentarle la posibilidad de descolgar el teléfono para marcar los nueve números que le separaban de la voz que quería oír al otro lado. Pero pensó que podría ser contraproducente y que mejor esperar a mejores momentos, quizá mañana o pasado mañana. Quizá cuando ella quiera…mientras tanto espera ansioso su comunicación...

SOBRE LA MARCHA: Granos

Tener el cuerpo lleno de granos es lo único que le hace a Vicente desesperarse. Dejó de beber, porque se lo recomendaron. Ahora las cervezas sin alcohol, son sus consumiciones diarias. Amén de los descafeinados de sobre en vaso, que son sus últimos recuerdos del café que tanto bebió, que tanto le gustó y que siempre le acompañó en sus largas noches y madrugadas que pasó en vela escribiendo. Ahora el café que para él no es café, se lo toma con reticencia y templado, parece que de ese modo le hace más gracia...Rascarse con desazón le irrita de tal manera el carácter y la piel que sus ojos se llenan de lágrimas. Es en ese momento cuando le afloran los hilos de sangre, cuando siente un placer inexplicable, como llegar hacia donde se desea. Y es que conseguir las cosas no es nada fácil y él lo sabe por propia experiencia. Al picor extremo se reacciona impulsivamente y con cierta agilidad cuando llevas tantos años haciéndolo. Se frota enérgicamente alrededor del grano sin llegar a tocarlo. Pero siempre por mucho cuidado que se tenga, se termina tocando. Ahí empieza el verdadero desastre porque nunca se consigue calmar hasta que se revienta. Es entonces cuando no solo has vencido el picor sino que algunos granos se hacen más fuertes y se vuelven descaradamente grandes y soberbios. Y es que no hay quien pueda con la soberbia de algunos que son molestos como granos. No hay quien pueda con la necedad de los que piensan que a ellos es difícil extirparles. Y otros son tan difíciles que son capaces de procrear. Y que vengan diciendo algunos esas frases que para ellos las quisiera. Me salen granos de satisfacción...ya, pues para ti...

domingo, 19 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: ¡Qué asco!

Se levantó corriendo de la mesa con los ojos llenos de lágrimas y con las manos en la boca. En principio nadie podría asegurar si estaba llorando espontáneamente debido a algún recuerdo que durante los últimos días le hubiera ocurrido no demasiado alegre, porque recuerdos tristes siempre los hay, y los nuevos hay que saber tratarlos con cierta dosis de reflexión antes de tomar decisiones drásticas o simplemente que le había dado o le iba a dar una absceso de tos y con mucha educación se disponía hacerlo en el aseo. No había sido demasiado discreto pero en estas ocasiones poco o nada se puede hacer. Otra persona de los comensales que participaban de la comida, experto en estos temas, se refirió con cierto asco y que a lo que iba tan corriendo era directamente a arrojar el vómito donde tenía que arrojarlo y no en la mesa o en el suelo del comedor cosa que podría haber sido muy desagradable por muchas razones que se dispuso a contar. Eso sí todo el mundo estaba pendiente de lo iba a decir, y es que estas cosas atraen no se sabe muy bien el porqué a las personas: Miren al arrojar el vómito y caer al suelo hubiera hecho un estropicio en los vestidos, pantalones, calcetines, medias, etc... de todos los que tuviera cerca. Y es que cuando no se puede controlar se desboca de tal manera que es incontrolable. Por otra parte si eso hubiera pasado sin tiempo solo para tapar la boca con la palma de la mano esto hubiera tenido un efecto dosificador y de espray haciendo resaltar que pudiera haber ido en cualquier dirección es decir, el producto que saliera entre los dedos índice y el cordial o corazón hubiera ido hacia arriba, excuso decir la de pelos peluqueros que se hubieran manchado. Pero entre el corazón y el anular hubiera ido directo a las caras de todos nosotros. El único menos gravoso digamos hubiera sido el que hubiera escapado entre el anular y el meñique proporcionando al resto de los platos una salsa añadida...y la cara de asco de la gente que inexplicablemente seguía las explicaciones del profesor no numerario sin articular palabra pero sin perderse esa sarta de absurdos capciosos.

jueves, 16 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: Tal vez demasiado pequeño

La tarde empezaba a volverse pálida y en mi pensamiento se dibujaba Madrid, sitio al que yo pertenecía sin ninguna duda. Miré mi reloj. No faltaría mucho para que partiera la familia y necesitaba estar preparado para la despedida. Allí me dejaban al albur de cualquier mal cura con sotana que podía ejercer, con su poder divino, el derecho de pernada con sus alumnos y si estos eran malos estudiantes, mejor y mayor fuerza tenían como argumento para hacer de su sotana un sayo. Tal vez era demasiado pequeño como para quedarme tan solo y a lo mejor por eso me costó trabajo y una buena dosis de lágrimas. Lágrimas que acabé compartiendo con algún otro que deambulaba como yo por las calles de la ciudad. La soledad me ahogaba, tenía ganas de correr detrás del coche que se alejaba lenta e inexorablemente pero me quedé inmóvil con la vista perdida en el horizonte. Quizá incrédulo de lo que estaba pasando, como si me estuvieran gastando una broma pesada. Pero se trataba de la realidad cruda y desnuda. Y no grité: no tenía voz. Comencé a caminar sin rumbo fijo en una ciudad que no conocía. Sentía las lágrimas caer por mis mejillas sin ruborizarme de la mirada de esa gente tan extraña y podía percibir el sonido al estrellarse contra el empedrado mi rabia, mi impotencia, mi vergüenza. Buscaba algún lugar para poder desahogarme a gusto. Pero mis ojos humedecidos veían gente, mucha gente, demasiada gente y muy extraña. Sí, se que lo he dicho antes pero era algo que me llamó poderosamente la atención. Acabé en la estación de tren sentado en su único banco y en su único andén con los codos apoyados en los muslos y con las manos apoyadas en las mejillas con la mirada perdida en aquellos raíles y esa infinita vía en línea recta que había hasta que se te perdía la vista. Y que pude comprobar cuando apareció el tren que iba a Madrid y vi desaparecer el último vagón del tren. Cuando no estás acostumbrado a estar solo es bastante difícil sobrevivir al dolor de la soledad. Pero la vida te enseña y te anima a que aprendas rápido para no morir en el intento. Y se buscan argumentos para salir adelante, y se encuentran con más o menos facilidad. Pero lo que no acaba nunca es la sensación de haber estado en un lugar que no estaba hecho para ti y en el que caí, de alguna manera, porque algún miembro de la familia seguramente mal dirigido por alguno de esos amigos listos, de sotana, le habló del tema y no pareció tan mala idea. Pero cuántas cosas pueden pasar a esas edades tan tempranas…

miércoles, 15 de junio de 2011

Sobre la Marcha: Y por qué no un poema

A LA PAR
que las sombras vuelven,
tus ojos se cierran
para dar paso dulcemente
a los sueños.
A la par
que la verdad asoma
como un hilo de esperanza,
tu razón se ciega.
Y se precipitan sobre ti,
armas enloquecidas
que agreden tu razón
y van a parar a tu fatigado cuerpo.
A la par
que un niño ve la luz
otro deja de existir.
Todo marcado.
Todo paso a paso.
Todo a la par.

martes, 14 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: El baile de los abuelos

Francisco, Paco, el abuelo Paco era todo lo bueno que se puede ser en esta vida. Era uno de esos andaluces sabios cuya sabiduría le emanaba de sus vivencias en el campo, de las largas charlas con los paisanos en la taberna jugando dominó. De su vida en soledad hasta que conoció a la Sole y decidieron pasar la vida juntos los dos como dios mandaba, manda y mandará. Y el caso es que cuando le conoció no se fijó mucho en ella, pero en el baile, en el baile fue otra cosa. Fue como un flechazo que se le agarró en todo el centro del pecho y que casi no le dejaba respirar: debió ser el amor que le atrapó como una mala gripe, como le decían los paisanos más cercanos a él golpeándole la espalda como si fueran a darle el pésame, con todos sus síntomas y es que esa gracia al moverse al son de la música, no supo que le produjo pero, le dijo todo y ella le dijo a ese todo, sí…Ya en el final de sus días, sin tener nada que ver con lo que había sido, como parece lo normal, comía más bien poco, tampoco había sido de mucho comer. Con un tazón de sopicaldo y algo, poco, sólido, tenía bastante y no solo era la cena, que siempre se come menos, sino que además en el resto de las comidas hacía lo mismo con las mismas dosis como si se tratase de reminiscencias de la guerra que todavía le pasaba factura, se dosificaba cada gota o cada migaja de alimento, por si acaso la falta de él en cualquier momento, decía entre dientes…luego le entraba el sopor y se iba con sus recuerdos a esa vida paralela que no conocemos demasiado y que seguramente se trate de otro tipo de mundo…
Aquel ramo de flores de varios colores y tamaños no olía nada bien. Despedía un aroma marchito aunque sus flores decían lo contrario, verdes, rojos y amarillos todos muy vivos, chillones como si los hubieran dado una mano de pintura. La pestilencia era tan brutal que nadie en su sano juicio hubiera comprado el ramo ni una de aquellas flores con ese olor a putrefacción oculto por algún sitio. Salvo alguien con pocas ganas de agradar o por dar un mensaje subliminal de mala baba o por carecer absolutamente de pituitaria. Pero mi asombro iba mucho más allá ¿de dónde habrán sacado estos energúmenos ese disparate de ramo? Sería una floristería al aire libre, de otra forma el olor en un centro cerrado delataría mucho. Eran acaso flores venenosas que no hacía falta ingerirlas para morir o en todo caso dejarte herido y fuera de combate durante largo tiempo. Este manojo o ramo de flores hiere tan solo olerlas…Francisco, Paco, el abuelo Paco esbozó una sonrisa cuando fue consciente de que se había dejado llevar por los recuerdos y él que nunca había sido una mala persona sí que recordaba con cierta asiduidad la única fechoría en el que él fue partícipe, no activo, eso siempre trataba de aclararlo por si alguien pudiera pensar lo contrario, junto con los trabajadores del único trabajo por cuenta ajena que a lo largo de su vida tuvo que desarrollar después de la guerra, el ramo de flores horroroso y mal oliente que se le envió a la hija del jefe por su casamiento. Y le llegó…

lunes, 13 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: Siempre nos quedará la duda como al resto París

Todo parecía estar aclarado entre los dos. No más agresiones verbales. No más malos entendidos. No más disputas que solo conducían a errores fatales. Las aguas volvían a su cauce que, entre otras cosas, a lo mejor nunca deberían de haber salido de él... Cuando había en casa una palabra más alta que la otra rápidamente el abuelo dando un golpe en uno de los brazos de su sillón espetaba: las convulsiones solo son buenas cuando se pueden compartir en otra posición que no sea de pié. Echaba una sonrisa picarona y se medio adormilaba como tratando de recuperarse del tremendo esfuerzo. Estaba en todo aunque no lo pareciera. Daba la sensación de estar a veces como cualquiera de los muebles que había en el salón, que era su sitio, donde estaba siempre. Supongo que los horarios malditos a los que me sumía la escuela y los extra escolares, no eran del todo compatibles con el desarrollo normalizado de una casa. Nunca le vi fuera de su sillón y por ende del salón. Sentado en su sillón de orejas que a mí me parecía muy cómodo tal vez porque cuando llegaba a casa siempre le veía recostado sobre una de ellas, echándose una cabeza de segundos, como decía él, pero que se prolongaban en el tiempo mucho más del que era consciente. Yo entraba como un torbellino gritando, Abuelo ya estoy aquí, tiraba la cartera y trataba de besarle en la mejilla huesuda pero casi siempre el beso iba al aire aunque estoy seguro que él lo recogía décimas de segundo después y lo guardaba entre las profundas arrugas de su piel. Pero cuando conseguía dárselo hacía daño chocando con ese montón de huesos envueltos en piel rugosa. A veces balbuceaba un nombre que creí entender pero que no quiero decir por guardar la memoria de la mujer con la que soñaba. De lo que sí estoy seguro es que no era el nombre de la abuela porque era demasiado complicado decir en un solo suspiro. No, era otra persona. Era otra mujer. Y mi fantasía y mis ganas de hallar cualquier tesoro oculto de la familia me excitaba sobre manera. Me imaginaba al abuelo, con lo que era, teniendo un escarceo amoroso y ahí empezaba a desarrollarse mi inventiva: morena como la abuela o rubia…pues rubia y con los ojos claros como la abuela u oscuros y rasgados…estos últimos o sería una morena de ojos claros ¿pelirroja? No, no creo y así me iba construyendo el personaje seguramente quimérico del, bueno ahora se dice rollito, que en sus tiempos se llamaría amante o querida. Horas de siestas caniculares con las ventanas y las puertas abiertas para conseguir un leve soplo de aire, una levedad suficiente para respirar, para hacer frente a las horas siguientes…Y dónde se habrán conocido, en un bar no lo creo y por qué no. Era amiga de la abuela de cuando era pequeña y coincidieron comprando en Galerías Preciados, o en el trabajo del abuelo que dicen que en esos sitios se fraguan muchas parejas, o en uno de los viajes que se pegaban por el extranjero los abuelos por aquél entonces y que a escondidas se lo hacía con la camarera del hotel en un despiste de la abuela. Más joven que él, o no. Y de qué hablaban cuando estaban solos, o no hablaban de nada porque casi no les daba tiempo, bueno, depende en qué situaciones estuvieran de las que pienso. Lo mismo la abuela se iba a dar un paseo o a comprar cualquier cosa o vete tú a saber y aprovechaban el momento. Siempre se encuentran motivos y lugares donde quedar con alguna persona. A veces me quedaba tan inmóvil en la cama con ese pensamiento que el cuerpo, de tanta inmovilidad, acababa profundamente dormido, porque yo no y que, para mí como un suspiro, se hacía la hora de la merienda. Y qué pensar de la abuela si era ella la que mantenía una relación sentimental con alguien... con alguien que le hubiera proporcionado el complemento de felicidad que siempre nos falta. Bueno ya no pensaba tanto en las características del personaje que andaba buscando, moreno o cano, alto, facciones duras, mayor pero sin parecerlo. o rubio, bajito y con bigote. En fin como digo toda una suerte de posibilidades que solo me servían para alimentar la fantasía en las aburridas, por obligatorias, horas de las siestas...

sábado, 11 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: Adiós amor…

Estaba bastante claro que Alicia quería a Eloy pero este no la amaba como sin duda ella le amaba a él. Pensó que la amistad y el amor aún siendo dos palabras que empiezan por la primera letra del abecedario y en su segunda letra curiosamente también coincide: no tenían nada que ver. Difícil es saber cuál es la mejor o la más bonita o la que te gustaría disfrutar más, porque no es lo mismo. O por lo menos el pensaba así. Y la vida que juega con los sentimientos te obliga a elegir y te pone en un brete y te dice que si quieres amistad tendrás amor pero que al revés también funciona, y se partirá de risa viéndote sufrir...La verdad, pensó Eloy, que la palabra amigo dice más o prácticamente todo, abarca también el sentido del amor y no al revés. Aunque todo sería discutible si estos pensamientos los dejara caer en cualquiera de los lugares llenos de amigos. Pero él, lo defendería como si en una sola palabra se hubieran compendiado todos los argumentos y todos los sentidos de la vida. Amigo no es cualquiera, amigo es alguien importante con entidad propia, con peso específico y que puede aparecer en un momento determinado de la vida. Y sin embargo no le damos mayor importancia. A lo mejor ese amigo no lo habría sido si no hubiese vivido en el mismo vecindario o en el mismo pueblo, es posible, pero hay que dejar que la vida te sorprenda. Amigo tiene que ser algo que se elige, que te entre, no se sabe muy bien el por qué y sin pedirle permiso a nadie… Yo lo entiendo de otra manera, dijo Alicia y sin saber cuál era su sentido contó, o confesó, que la primera vez que me vio fue en un centro comercial y que no pudo dejar de seguirme y que así se tiró un año completo de julio a julio, con descansos, por supuesto, sin que yo me diera ni cuenta. Me desasosiega pensar que a algún perturbado de los que andan por el mundo le dé por algo parecido pero con consecuencias dramáticas. Pero no, hay que decir que eso es patrimonio de los americanos y que no es exportable. Aunque pienso que la maldad humana lo es. Ella me confesó que sabía perfectamente cómo era mi vida, como se desarrollaba habitualmente, como era mi plan de trabajo y dónde lo hacía y mi comida favorita y mi color favorito, bueno esto solo se lo imaginaba porque parecía, cosa que no me percaté ni yo mismo, que uso mucho el color azul. Pero ya digo que ni cuenta. Y menos mal que no es de las personas peligrosas o malas o dañinas. Que me quiso con locura desde la distancia y que cuando se atrevió a conocerme a dar el salto del anonimato a su presentación como amiga de una amiga mía, cosa que jamás comprobé porque hacía tiempo que no la veía, cuando se atrevió a conocerme digo y se me presentó de esa manera, me lo creí sin más. Ella decía quererme y yo a ella también pero no de la misma manera aunque no sabía cómo decírselo para que no se ofendiera, para que no desapareciera de mi vida como si esos meses de persecución y otro tanto de conocimiento no hubiera servido para nada. No, no era justo y valía darse una oportunidad. Los amigos no se compran en las tiendas y para encontrarlos, aunque no lo vayas buscando, es una tarea que no se puede programar. A sí que aquí me tienen tratando de explicarle a Alicia que la voy a querer como una amiga, como una buena amiga pero nada más. Que no se desgaste y que no pierda su tiempo en pensar continuamente en algo que no es alcanzable y lo siento por el daño que pudiera causarle pero mi pretensión es solo de amistad. Una amistad duradera basada en la más pura de las franquezas. Limpia y sana, sin ambages…

viernes, 10 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: Ayer soñé contigo…

Te cuento mi sueño si compartes conmigo el tuyo. Sandra arrugó un poco la nariz pensando si realmente merecería la pena entrar en ese juego que Ramón le proponía. Segundos después aceptó siempre y cuando fuera él primero quién contara el suyo. Ramón un tanto aturdido por la rapidez en el consentimiento de Sandra se dispuso a contar cualquier cosa que se le pasara por la cabeza…bueno pues estábamos en el campo tú y yo. Puede que hubiera alguien más pero no estoy seguro. Notaba que no estabas demasiado cómoda a sí que busqué un sitio entre piedras para que pudieras sentarte a gusto. Y allí sentada en esa piedra grande con apariencia de princesa de cuentos empezaste a contarme que te interesaba el mundo de los sonidos, de las palabras. Que te gustaba inventar palabras nuevas. Palabras que sus sonidos parecieran extraños al principio, pero haciéndoles sonar unas cuantas veces como que se asentaban en los oídos y acababan perteneciéndote. Palabras que pronunciadas por primera vez sonaran a nada pero que dichas un centenar de veces se moldearan como si fuera una masa de pan y que adaptadas a una frase tuvieran su sentido. Para eso necesito que cuando yo pronuncie una palabra tú te inventes una frase con la palabra nueva. No es fácil lo que te propongo pero seguramente te divertirá. Sandra miró al cielo, bajó la cabeza al suelo, miró al frente y pronunció uno de sus vocablos sin sentido…La palabra es Ciscolana, sí Ciscolana y empezó a pronunciarla repetidas veces como si hubiera enloquecido. Es verdad que cuando terminó de decirla ya no me era tan ajena y traté de buscarle una frase que encajara en ese galimatías de sonidos. Ahora te toca a ti me dijiste…Si bebes mucha Ciscolana hará que tu riñón funcione mejor. Estupendo asintió Sandra acompañando su alegría con un aplauso. Bien Ramón ahora otra…Pamata…¿Pamata? Pues…no toques la Pamata que es muy delicada y la puedes romper. Magnífico gritó Sandra. Que me puedes decir de Findola. ¿De Findola? Échale un vistazo a la Findola que creo que suena un poco. Porfita…Mañana quiero que me hagas una Porfita. Y ahí prorrumpió en una sonora carcajada y entusiasmada se puso de pie. Lo que empezó siendo un juego se convirtió en algo importante para los dos. Tú inventando las palabras y yo construyendo las frases para que tuvieran sentido. Así durante tanto tiempo que el sueño se hizo largo y los dos reíamos cuando la palabra o la frase lo requería y pensamos en inventar un idioma solo para nosotros…Y ahora tal y como me prometiste te toca a ti…

jueves, 9 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: Pensamientos a la luz de la luna

Se asomaba a la terraza de su casa. Era un ritual normalmente tempranero pero que muy bien podía transcurrir durante toda la noche, como de un tiempo a esta parte le pasaba. Hiciera frio o calor siempre, lo primero que hacía nada más levantarse de la cama, era salir a la terraza, como buscando el aire límpido de la calle para librarse del aire contaminado de su casa. Se proveía de tabaco y cerillas y pasaba un rato largo fuera, solo, pensando. Últimamente necesitaba de la soledad para poder poner su cabeza un poco en orden. Su corazón se había quebrado en dos pedazos y eso dolía, dolía en grado extremo. Su confusión era grande, su preocupación tan extrema que las noches se hacían duras, largas pudiéndose despertar a cualquier hora y automáticamente levantarse hacia la terraza como un autómata a fumar, uno, dos o tres cigarrillos que empezaba a consumirlos con ansiedad y que en el tercero las caladas se hacían más largas y profundas. A él, el tabaco le tranquilizaba, le hacía concentrarse o eso pensaba… Los olores nocturnos le agradaban sobremanera, cada minuto le percibía distinto al siguiente minuto y estos distintos entre sí. Y su mente colérica cabalgaba de un pensamiento a otro por huir, por no querer enfermar, yendo a la velocidad de la luz, sin darse tregua, por no querer pensar en lo único que tenía en la cabeza metido como un martillo pilón dándole permanentemente golpes tratando de enloquecerle. Divagó sobre si podía ser posible percibirse la finitud del tiempo. Le hacía estremecer solo la idea de que en cualquier momento su cuerpo fuera a desaparecer aunque los momentos que estaba viviendo no eran fáciles y tampoco le importa excesivamente el asunto. Pero no por ello dudaba de su existencia. Su cabeza disparada, pasó al siguiente tema como si cada uno de los anteriores los hubiera podido cerrar. Cada día de la semana tiene también un color distinto pero curiosamente tampoco siempre es el mismo, no todos los lunes son naranjas ni todos los jueves azules, hoy sin embargo había tenido la sensación de haber pasado un día rosa dulce durante prácticamente toda la jornada. Los colores de los días eran tan variables como quisiera la luz y el estado de ánimo. Sobre todo, conforme fuera el día, así podía terminar de ese color o transformarse en otro bien distinto. Y sonriendo de los pensamientos a la luz de la luna, cuando se dejaba ver, decidía irse a la cama dando una fuerte calada al cigarrillo casi acabado, tirándolo lo más lejos que podía impulsándolo con el pulgar y el índice y este chocando con el asfalto de la carretera saltaban por los aires volutas de ceniza enrojecida. Olor y color conformando toda su existencia. Apoyado en la baranda de la terraza agarrándose la cabeza, pensando en todo lo que había dejado de hacer y en todo lo que le quedaba por dejar de hacer…

martes, 7 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: Buenos días

Son las seis y media de la mañana y te acabas de levantar. Buenos días. Te haces un café cargado y muy caliente, una tostada con un poco de aceite aunque no te apetece demasiado pero por llevarte algo sólido al estómago y esa media hora más o menos hasta que te tengas que poner en marcha, para ti, es un poco la continuación del sueño pero aprovechado de otra manera. Abres el ordenador y pones la televisión sin sonido en el canal de noticias que habitualmente sigues. Todavía sientes preferencias por una cadena que por otra. Las jornadas laborales se te hacen largas y tediosas y para cuando te quieras dar cuenta ya estarás en el atasco, con los coches pitando nada más ponerse en verde el semáforo, que te da cada vez más rabia de los nerviosos del volante, de los caga prisas, como si tuvieran ellos el interruptor de encendido y que a su voluntad pudieran disparar la salida solamente para poder tocar la bocina o el claxon o el pito, lo que tenga cada uno. Pero ahora estás en pijama, porque tú eres más de pijama, porque te sientes más abrigada. Toca disfrutar de tu momento de silencio en casa. Te gusta abrir las cortinas de la ventana de la cocina y ver el resto del amanecer. Ahí tu estado de ánimo tendrá algo que ver con el día que haga. No te gustan los días demasiado lluviosos aunque tampoco tan claros que no se pueda abrir ni los ojos. Pero sin duda prefieres el buen tiempo. Da mejor rollo además es que es un desahogo bajar con la chavalería al parque y que quieras que no pues se pasan dos horitas en tertulia con las amigas hablando de cualquier cosa que se les venga a la cabeza. Porque con ellas de todo o casi de todo se puede hablar y cada una habla de cómo le gustan las cosas, en cuanto a la ropa de andar por casa unas se ponen más cómodas que otras, pero para dormir prefieren en su mayoría el pijama como yo, aunque siempre hay alguien que por llevar la contraria o para establecer la polémica dice que no, que prefiere el camisón porque facilita mucho más las relaciones con los maridos. Ella no está muy de acuerdo porque una cosa no quita para la otra y que de vez en cuando un fuerte tirón en el pantalón y si suena a desgarro es como el premio, porque estaba para tirarlo y no sabía en qué momento hacerlo pues mira mejor. Además aunque solo sea para variar un poco que eso pone mucho. Y en ese momento se mete en la conversación Erminda, que además parece dominar el tema. Es una negraza grande, cubana, simpática que cuida de la madre de la vecina del segundo y que coincide con nosotras a la misma hora cuando sacamos a los niños a que se desfoguen un poco más en el parque que hay al lado de casa. Dice que la abuela se entretiene viendo jugar a los niños. Según ella tiene mucho que ver el calor, que con el calor las ropas que una se pone son más ligeritas o no es verdad. Porque se supone que cuanto más calor menos ropa o no es verdad y cuanto menos ropa los hombres se ponen mucho más dispuestos, te miran más o no es verdad, pregunta sin querer recibir respuesta alguna y continua hablando de su tierra y del sexo de su tierra, y lo cuenta con tanta gracia y su voz suena a son cubano que casi deja de ser importante lo que dice para valorar más el cómo lo dice. No se explica la carga tan pesada que soportamos con respecto a ese tema cuando otros, muchos más importantes, por lo menos para ella, no parece importarnos nada. Solo pegas y más pegas, trabas y más trabas. Un buen leñador me echaría yo sobre estas carnes tan negras y tan calientes y soltaba una risotada que les hacía reír a todas. Demasiada carga moral para su entendimiento. Demasiada religión interponiéndose en la felicidad de las personas. Para ella un acto de generosidad y de necesidad orgánica que te ofrece la vida. Pero vamos poco más que decir al respecto. Dadle importancia al momento y dejaros de boberías terminaba su discurso con la frase lapidaria, con la cara arrugada como enfadada y mirando al suelo durante un buen rato...Ella supone, después de la polémica surgida entre todas, que es importante en cuanto se trata de la educación que ha recibido y que ello sin valorar si es bueno o malo es lo que hay. Tal vez le de miedo alcanzar ese grado tan elevado de felicidad que casi no pueda controlar como dice Erminda. Se quema los labios con la taza. Y le devuelve a la realidad. Ha puesto la leche demasiado caliente. Abre la página de internet que tiene como favorita y empieza a leer…Son las seis y media de la mañana y te acabas de levantar. Buenos días…

SOBRE LA MARCHA: Y yo qué sé de astros y horóscopos

Yo te digo que no es una Leo pura. No lo es. Y además me juego lo que quieras. Es más diría yo que tiene ciertos rasgos de Cáncer, unos ascendentes muy claros y muy poco, por no decir nada, de Virgo. Eso te lo digo ya desde que la he visto. Y se quedaba tan ancha. Todo lo resolvía de la misma manera y así no había forma de discutirle nada. La razón cuando alguien cree que está de su parte es difícil hacerle razonar lo contrario. No había duda y no cabía la disputa. Debía estar muy claro que no era una Leo pura y que los astros, las estrellas, el cosmos o lo que sea que fuera aquello, y en lo que los eruditos se fijaban le podían haber jugado una mala pasada. Pero de ahí a pensar que los astros se habían confabulado contra una persona tan indefensa como ella para que nada más nacer, no fuera pura sino una especie de ser señalado, sucio para siempre jamás, era un poco duro de aceptar, por mucho que Sara se empeñara en aclarar lo contrario y además tratar de convencer de que ella no había tenido nada que ver y que tan solo se limitaba a leer lo que ella con su clarividencia veía. Cuando no era el pecado original de los curas era la impureza de los astros haciendo de las suyas. Allí tumbada tan pequeña podía ser cualquier cosa sin especificar, pero seguro que nada malo. Todo vale menos pensar que una persona recién venida al mundo pueda estar contaminada por los astros. Tiene delito pensar de una manera tan zafia. Un auténtico delirio, una divagación de la, digamos, profesional del tema. Y terminaba con un movimiento de cabeza apenada y con un gran suspiro a la vez que entre dientes pero clarito decía: la pobre, una mala Leo. Y pensaba que cuánto debía de querer yo a mi suegra para respetar a una persona como aquella que solo daban ganas de echarla a la calle. Con mala leche, con el carácter asociado a los leones: felinos pacíficos y tranquilos pero demoledores cuando te los encuentras con ganas de hacer daño y de un zarpazo se pone fin a la discusión. Ya lo verás Sofía como te acordarás de mí dentro de unos años. Y duele pensar que esa cosa tan pequeña que ahora duerme tranquilamente en la cuna pueda llegar a ser todo eso. Bueno yo entiendo que como padre se me podrá advertir de todos los peligros pero que la amiga de mi suegra que está tan pendiente de esas cosas y que tanto sabe, le ha puesto a la madre de mi hija con el pelo tieso de todo lo que ha largado la buena mujer y que por supuesto mi suegra a la menor insinuación de vaya una amiga que tienes cómo ha puesto a tu nieta en un momento, la protege diciendo eso de pobre mujer si ella no lo dice por hacer daño es que ya sabéis lo sola que está desde que perdió a su Faustino al que tanto regañaba y que la final, lo que son las cosas, ahora protege como si fuera su tesoro. Pero yo bien se, que mi pequeña, esa mala Leo, será algún día una muy buena mujer…

lunes, 6 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: Selección natural

Y la tierra volvió a temblar llevándose todo lo que a su antojo sobraba de ella. Y el mar embravecido y hambriento tragó gente y para saciarse devoró más vidas que nunca. Las crónicas decían, comentaban, hacían el relato de los hechos acaecidos en un día aciago. Alimentaban su sed de noticia contando los miles, las decenas de miles incluso, los más sensacionalistas hablaban de centenares de miles, como si todos hubiesen hecho el recuento, uno por uno, una y mil veces. Como si nadie se quisiera poner de acuerdo en el número de muertos y heridos. Siempre salía un número diferente. Ellos nunca se han querido poner de acuerdo, demasiado riesgo. Siempre han querido sacar ventaja sin temor a la mentira vulgar y zafia. Sin ruborizarse cuando son pillados como si fueran ladronzuelos de poca monta. La tierra, voraz, engulló todo lo que quiso. La tierra, cobarde, no se comió a cualquiera: seleccionó. Mató gente humilde como si fuera la consecuencia natural en su condición. Aldeas arrasadas. Pueblos casi inexistentes y ciudades solo desaparecidas en sus partes más deprimidas: donde menos duele. Ahora las grandes fortunas o las grandes empresas auspiciadas por papá estado se dedicarán en un arranque de generosidad a arrimar el hombro sacando pecho diciendo donar la más mínima parte de ellos para la reconstrucción. Y emplearán mano de obra barata y se harán fotos con sus nuevos edificios cuyo lema será “casi imposibles de derribar”, se venderán a bombo y platillo, aunque caerán por su pésima calidad con cualquier empujoncito y se volverán a llenar los bolsillos con el mal ajeno, como la torpe letanía en los labios desdentados de los ancianos, una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Y todo suena a que la naturaleza, generosa, se pone de acuerdo con la opulencia. Todo dispuesto, todo acordado por las partes y ejecutado en breve plazo. Y su titular “De las ruinas de la ciudad se levantarán edificios para todos los necesitados” y su posterior comentario autocomplaciente y generoso siempre con la mirada pendiente en lo próximo, para seguir jugando al yo no he sido el que hace el desastre y sí ayudo a su reconstrucción: y una mierda. Mentiras ensayadas una y mil veces. Ahí quedó Lorca y Japón y Nueva Orleans y el volcán Nevado del Ruiz y unos cuantos más. Y los que vengan. Pero esto se olvidará y se seguirá edificando sin control, en lugares imposibles con casas ruinosas al poco tiempo de ser construidas. Es la historia de contra nosotros no puede nadie. Y cuando se cabrea la naturaleza siempre gana ella y siempre pierden los mismos. Una pena...

domingo, 5 de junio de 2011

SOBRE LA MARCHA: Buena hora para morir

Me ha vuelto a aparecer. Vuelve a aparecer todos los días desde hace dos semanas. Y siempre es igual. Me despierto angustiada. Son las cuatro de la madrugada y a esas horas no queda nadie en la calle. Los trasnochadores ya se han ido a dormir y a los madrugadores todavía les quedan un par de horitas. Y yo por supuesto en medio de la calle, de mi calle, de mi barrio, del de siempre, sin saber muy bien que hago allí, medio vestida, descalza y como buscando algo que desde que me dan estos episodios extremos, nunca he sabido muy bien lo que es. Yo a esas horas en la calle y de esa guisa. Son síntomas claros de que algo no anda demasiado bien en mi cabeza y aunque el médico de familia le ha quitado importancia, siempre lo hace, a mí me preocupa. Pienso, como hago habitualmente con todo, por el futuro, por lo que pueda pasar, por mis hijos…Mi chico es mucho más racional que yo, mucho más tranquilo, no le quiero despertar aunque sé que a pesar de que tenga que levantarse tres cuartos de hora después de mi llamémosle crisis, no le importa. Pero yo no quiero molestarle. Es el caso raro, no es trasnochador porque no puede serlo y tampoco le considero madrugador porque me parece insultante que otra persona, que sí cree que lo es, se levante dos horas después. Cuando sale por la puerta de casa, sobre todo al principio, cuando empezamos a vivir juntos, sentía algo de miedo por todo, por quedarme sola, por si le pasaba algo a él, para siempre. A veces la angustia me llegaba de tal manera que necesitaba dormir esas horas en casa de mis padres que viven dos pisos más arriba. Buscando la protección ante la catástrofe. Tal vez por esa razón nunca he querido salir de mi mundo en el que he pasado toda mi vida, tal vez por eso me dé algo de vértigo todo lo que esté más allá de mi control. Aquí lo tengo todo…No entiendo muy bien a qué se debe la respiración jadeante, el pulso acelerado, la sudoración fría, y mis ojos excesivamente abiertos, cuando me incorporo de la cama. Cualquiera puede pensar que he sufrido una pesadilla, de las de libro o de las de película americana, pero yo no recuerdo nada, solo esas imágenes de mi calle que de tan tenue y repetida, ya me pertenecen. Y me he ido acostumbrando tanto a ellas, que cuando me faltan la echo de menos. Ya no la considero ni pesadilla. Tal vez lo único que me inquieta es que siempre sucede a la misma hora. Si no me engañan los ojos cuando miro el despertador, marca las cuatro. Ni minuto más ni minuto menos y ahí mi cabeza se pierde en un mar de fantasías y dudas porque me desazona pensar que algo me avisa de que esa hora puede que sea la mía, bueno ahí estaremos todos a una hora o a otra. Pero mis dudas y mis fantasías se desbocan y mi desasosiego tenga algo que ver no tanto conmigo sino con alguno de los míos y eso me enloquece. Será que todavía tengo demasiado fresco, aunque han pasado algunos años, la muerte de mi padre. De vez en cuando brota mi preocupación ante la pérdida de alguno de los míos. Pero vamos las cuatro de la mañana o de la madrugada es una hora como cualquiera para morir tal vez la diferencia esté en que te atrape con el sueño, en silencio, sin molestar ni llamar demasiado la atención. Tal vez un buen premio para una vida…

miércoles, 1 de junio de 2011

DEL CUADERNO DE NOTAS: 9 de noviembre de 1989

Hoy tengo más tiempo por ser un hermoso día de fiesta. Son días que debo de considerar importantes para desarrollar mi, tara, o tarea, con la mayor dedicación pues tengo la tranquilidad que te da el disponer de tu tiempo. Dudo a veces, que tener mucho tiempo por delante sea lo más estimulante, aunque lo parezca. Y es que tal vez tener poco tiempo es más productivo debido a los estímulos exteriores y se aprovecha mucho más, que teniendo el día para ti solo. Que además lo debes de emplear forzosamente en escribir si no quieres volver a perder el tren y que vuelva a tardar en volver. Y los lagos se conviertan en mares. Es el tiempo en el que no se da un solo respiro, que parece que te está escrutando, que te persigue y que te hiere en cuanto puede. ¿Cuántos folios hubiera podido escribir si desde los doce años, fecha como ya he dicho en alguna ocasión decidí dar mis primeros pasos con unos poemas seguido durante algún tiempo de algunos otros, no demasiados porque nada he hecho en demasía, desde ahí hasta ahora mismo podrían haber sido miles de folios que se han convertido en unos cuantos cientos y si es que llegan. Es una tarea penosa y menos mal que nunca me ha perseguido la angustia de verme triunfante, solo el simple hecho de escribir por hacerme un bien, por alimentar mi propio ego, por aprender a saber quién eres y qué quieres, sería más que suficiente. Pero hay que echarle carácter o alguien que te empuje y eso sin pretender ir a ningún sitio fijo.
A fuerza de escribir se te van abriendo las ganas y no dejas de hacerlo ningún día o casi ninguno, excepto cuando lo del lago anterior. La verdad es que así debería de ser. Desde luego es el acto más libre y más solitario y eso que parece tirando a fácil, que todo se reduce a ponerte el tiempo necesario hasta que salga algo que te satisfaga. Aunque no sea siempre lo más redondo que tú hubieras querido. Ya vendrá la segunda parte, más tediosa como es la hora de pulirlo todo. De revisar una y otra vez hasta que te quedas con una que no necesariamente tiene que ser la mejor. De añadir o quedarte con lo que más te gusta, las menos veces, y eliminar lo que no te gusta, folios y folios enteros a la papelera. Cuando tenga la sabiduría suficiente para hacer entender a las personas que generosamente emplean su propio tiempo en mí, qué es exactamente eso de un hombre pegado a una pluma delante de una hoja de papel en blanco. Donde los cinco sentidos están al servicio de la imaginación...Es una maravilla poder escribir, por el gusto de exponer ideas, sentimientos, de lo que podría ser el día de mañana una novela o nada en absoluto: pero desarrollarte. Y qué decir de los vicios que dicen que todos los escritores tienen o se cogen: encender velas, escribir en folios verdes, o blancos con tinta verde, o ver a pie de página el número de folios escritos para ver si cunde, como estímulantes para no cejar en el empeño y un largo etcétera. Escritores consagrados o gente que se quiere dedicar a esto y que se te mete en las venas como una droga que causa dependencia y que cuanto más se tiene más se quiere. Pero es duro y toda la culpa es para el tiempo, nunca jamás se puede recuperar el tiempo perdido y el pasado solo es un recuerdo recuperable en el papel. Nos queda el presente y el futuro inmediato. Y como una secuencia repetida y cadenciosa el futuro se va haciendo presente y el presente se va haciendo pasado y solo nos queda esto, mucho pasado acumulado y pocos futuros por vivir. Y cuando se llega a la edad en que hay más pasado que futuro, uno debe irse lentamente con los suyos, sin ninguna tristeza, pues al final de los tiempos de cada uno, se han vivido también unos pocos de los demás y esa suma es en definitiva la grandeza y la riqueza de esta vida y además siempre se deja algo en alguien, alguna huella singular que te caracteriza sobre todas las demás personas. Y esa persona te recordará siempre. Y eso está pero que muy bien. Espero que seas tú la persona que me recuerde...

SOBRE LA MARCHA: El azul ciego

Tenía fijación por ese personaje que parecía haber sido expulsado de un cuento fantástico. Un personaje sucio, feo, maloliente, desdentado, descuidado y con una mancha blanquecina sobre sus hombros. La chaqueta que llevaba muy bien pudiera hacer varios años que no se la quitaba. Arrastraba los pies como si le hubieran castigado a llevarse todo lo que hubiera a su paso. Se le quedaban pegados todos los trozos de papel, desde el minúsculo al más grande y cualquiera de los líquidos que llegara a pisar empapaban esos papeles haciéndose una argamasa dura… y chicles, todos. Chicles que a veces mejoraban las punteras de los zapatos porque los pegaba, por llamar zapato a la cosa que llevaba para no ir descalzo. Nadie podía imaginar cómo podía tener los calcetines, seguro que corrompidos con agujeros, eso como poco, pero surgía la duda de si los llevaba y cuando se descuidaba que era siempre se le veían desnudos los tobillos aunque tímidamente asomaban trozos de calcetín como si los zapatos tuvieran más hambre que su dueño y los hubiera engullido. Eran de un color indefinido. Todo parecía en él un personaje desplazado y sin posibilidad de reinserción. Mi fijación por aquél personaje no era consciente lo sé. Se había quedado pegado a mi cabeza como los chicles a sus zapatos. Me pasa de una manera habitual con cualquier persona por la que me sienta atraído que me seduzca por un gesto, una postura o sin motivo aparente, o con todos ellos, pero siempre como por embrujo. En aquella ocasión pasó al bajarme del convoy del metro y cruzarme con él. Miré al suelo que era allí donde estaba recostado en la pared. Me llamó poderosamente su atención que se me quedara mirando casi con la misma curiosidad que yo le estaba brindando. Fueron sus ojos de un azul tan intenso que casi parecía ciego. Había todo un mundo fascinante apresado en ellos. Como con ganas de salir de sus cuencas y mirarlo todo pero con la carencia de las palabras. En alguna ocasión me acerqué a él y le hice algún comentario pero nunca me volvió a mirar. Era como si yo hubiera desaparecido en el mismo momento que él cruzó su mirada con la mía. Nunca más conseguí que me hiciera el menor caso. Tal vez yo era para él uno de tantos muertos con los que se le cruzaban a diario por ese pasillo. Alguna vez le vi andar con todos los restos del suelo pegado a sus zapatos y la historia lleva directamente al principio. El siempre se había considerado un hombre más corriente que vulgar. Aunque la gente pudiera pensar lo contrario...