viernes, 15 de enero de 2010

Del cuaderno de notas

5 de Noviembre del 89
En esta vida siempre se necesita buscar sustitutos para no sentirse desamparado. Pero la vida en sí misma no tiene sustituto. Se vale ella sola para hacer la gran puñeta o arreglarte todos los problemas que puedas tener. No sabes nunca por donde te va a venir el mal o el bien. Puedes intentar obligar un poco tentando a la suerte, luego la espera... Una espera larga y cuidada con meticulosidad como quien está cuidando el sueño de un niño. Quién puede esperar algo de la vida sin darle nada a cambio. Sin darle un poco, solo un poco de sufrimiento. Lo mismo a veces con ese poco se conforma la vida y echa una mano. Otras veces, las más, no hace ni caso, como si todo lo que dijeras o hicieras se fuera por el sumidero del lavabo: esfuerzo baldío. Y se te ocurre engañar haciendo cosas que nunca hiciste y que nunca harías en condiciones digamos normales, como si fuera fácil ocultarle algo a la vida y te engañas a ti mismo y haces como si hubieras conseguido no compartirlo con nadie: dueño absoluto de tu secreto…Llega un momento en que te cansas de esperar. Es demasiado larga la espera para el que desea hacer muchas cosas y no consigue centrarse en nada. Acaso sea demasiado osado pensar que se te debe algo por todo el sufrimiento que tú le has dado. Pero en realidad cuesta tanto, o tal vez, somos tantos a repartir que a algunos no nos toca nunca. Demasiada demanda para tan poca oferta...