lunes, 13 de julio de 2015

SOBRE LA MARCHA: El regalo (II)

Volvió a la habitación y apareció con esos papeles en la mano y conforme avanzaba por el pasillo iba mirándolos y la cara en segundos se le iba transformando en, no entiendo qué es esto, esto era lo que quería que viera, rareza, sorpresa y por fin alegría. Una leve sonrisa primero y una amplia sonrisa se le fue agrandando en su cara. Pero Ramón si son unos billetes de tren. Estás completamente loco cariño y además en coche cama, la ilusión de mi vida. Ramón te has pasado mucho. Ahora entiendo el picardías que me has comprado es para que me lo ponga en el tren no. Pero cuándo nos vamos y adónde. Eran tantas las preguntas que se agolpaban en su garganta, que no podían esperar respuesta, a si que Ramón tuvo que pararla con un beso. Cuando la notó más relajada le dijo anda ve a prepararlo todo que salimos esta noche. Qué salimos esta noche, la noche de hoy pero te has vuelto rematadamente loco y cómo no me lo has dicho si no he preparado nada claro que como iba a preparar algo si no sabía nada y tú también tendrás que preparar tu ropa. Mira me acabas de atacar, ya no sé ni lo que hago, ni lo que digo. A Ramón le hacía mucha gracia ver a Natalia tan descontrolada con lo que era de ordenada para sus cosas y para las de Ramón. En sus actos y en su cabeza era todo orden decía que lo necesitaba para vivir que sin el orden ella se sentía muy perdida. Avanzó con ella agarrada por el pasillo hasta llegar a la habitación y la empujó suavemente a la cama con algo de resistencia. Ramón por favor no seas tonto que ni son horas, ni es el momento. Pero que no son horas para qué exactamente. Pues para esto no te hagas el tonto que sabes lo que digo porque sabes lo que estás haciendo. Ya trataba de zafarse de sus brazos sin demasiado éxito. Ramón insistía pero mujer ahora déjame que termine de hacerte el tercer regalo es que eran tres y no dos. Anda Ramón haz el favor que ya te he dicho que no son horas. Esta noche en el tren, que si no pierdes fuelle. Esas palabras aflojaron los brazos de Ramón que se vio vencido por la negativa de Natalia y ella al notarse más suelta consiguió zafarse de él. Hacía días que andaban un poco de morros y ahora tal vez por tanta sorpresa junta, tanta excitación de todo tipo, no era capaz de concentrarse en la suerte del amor. Además puede llamar a la puerta cualquiera y no es plan yo no estoy tranquila y sabes que para estas cosas necesito esa tranquilidad. Mira lo hablamos esta noche que ahora tengo muchas cosas que preparar. Y se levanta y se sale a quitarse el camisón negro de raso tan brillante y que le hace muy gracioso a su cuerpo de ya no tan joven. Ramón desconcertado y con algo de calentura se enfada y dice en un tono de voz lo suficientemente alto para que Natalia le oiga. Y de qué quieres que hablemos esta noche si puede saberse. Se levanta de muy mala gana de la cama y busca y rebusca en los bolsillos de su chaqueta el paquete de tabaco y se lleva a la comisura de sus labios un cigarrillo y vuelve a hacer la misma operación pero esta vez buscando el encendedor. Y lo encuentra en el bolsillo contrario al del paquete de tabaco y enciende el cigarrillo y exhala un humo que parece no acabar nunca y otra calada larga y otra aún más fuerte y otra fuerte vaharada de humo denso, que parece que le envuelve en una nebulosa y le permite tranquilizarse por momentos...

domingo, 5 de julio de 2015

SOBRE LA MARCHA: El regalo (I)

Apoyó en el borde de la mesa del salón, no con demasiado cuidado, lo poco que le quedaba al cigarrillo para consumirse. No le importaba que la mesa de madera natural tuviese unos cuantos manchones negros de otros tantos cigarrillos apoyados de la misma manera y olvidados hasta consumirse. La madera que soportaba todos esos castigos era muy gruesa y de un color que nueva, era como amielada y que en el transcurso del tiempo y de las abrasaduras de cigarrillos le habían hecho ennegrecerse. Había adquirido el aspecto de mueble quemado y solo quedaba el vestigio de aquel color original, en las patas que soportaban la pesada carga del tablero. Se podía contar por decenas las picaduras abrasivas que tenía no quedando ningún hueco limpio de quemazón. Natalia se llevaba las manos a la cabeza y no podía comprender cuál era el motivo por el que Ramón utilizaba el canto de la mesa como cenicero de urgencia si la casa estaba plagada de ellos. Cuál era la razón o el porqué lo hacía sistemáticamente, sabiendo que a ella le ponía de los nervios, y a pesar de tanto tiempo juntos, lo seguía haciendo. Ramón entró en la casa con algo más en la mano que con su sempiterno cigarrillo. Era un regalo para ella. No se había olvidado de su cumpleaños. A pesar de sus manías recurrentes y malditas decía ella, le quería. Le debía de querer demasiado porque a veces la superaban. No lo llevaba del todo bien, aunque trataba de aparentar lo contrario. Haz el favor de dejar el cigarrillo en un cenicero antes de darme el beso por favor que un día vamos a salir ardiendo. Ardiendo me tienes a mí le decía Ramón cogiéndola de la cintura y atrayéndola hacía sí para inmediatamente darla un beso en los labios. Ella sin querer hacer ningún daño siempre ponía cara de no querer. Hacía algún tiempo que los besos de Ramón solo le olían todos a tabaco, a ceniza, a cenicero y era una acto reflejo de rechazo lo que hacía sin querer. A veces Ramón no le daba importancia e incluso eso le incitaba más a tontearla, a bajar su mano al culo y apretarla un poco más con la consiguiente queja de Natalia. Anda haz el favor de apagar ese cigarrillo de una vez Ramón a veces pienso que no tienes conciencia. Bueno respondía Ramón quieres que lo apague antes de darte mi regalo o después. Tú eliges pero sabes la memoria que tengo y como vaya a apagar el cigarrillo antes lo mismo se me olvida dártelo. Anda pesado dámelo a ver que se te ha ocurrido que te temo más que a un nublado. Y entonces Ramón con el permiso de Natalia se entregaba en cuerpo y alma al regalo olvidándose de dicho cigarrillo que se consumía en la mesa como tantos otros. Llegó a decir a manera de guasa, por si le hacía gracia a Natalia, que la mesa se había hecho adicta y que necesitaba echarse unas caladas de la toba que le dejaba para que lo aprovechara. No había manera con él pensó Natalia, pero hoy y ahora no es plan de enfadarse por la misma cosa de todos los días y además después del detalle del regalo iba a quedar como muy poco valorado. Le pidió que se lo pusiera y ella entró en la habitación no tanto por la vergüenza de quedar desnuda frente a su hombre, sino más bien por pura coquetería. Prefería vérselo puesto antes de enseñárselo a Ramón. Ella era así. Tenía no obstante mucho, casi demasiado sentido de la vergüenza y eso era un defecto que siempre la había limitado para muchas cosas en su vida y la provocaba no sentirse nunca realmente relajada. Salió con el picardías negro transparente y aunque procuraba no estar demasiado provocadora, y no hacer demasiadas posturitas y caminar por el pasillo sin contoneos, el picardías y ella misma eran un todo que a ramón le provocaban una excitación incontrolada, Aunque ya había entrado en una edad preocupante según ella misma decía, era una mujer guapa que siempre se había conservado bien pero sin que hubiera hecho ella nada por estarlo sencillamente le venía de familia. Ningún mérito se atribuía a ese respecto. Salió de la habitación una vez que se vio ella agradablemente, incluso sorprendentemente bien. Cruzó el pasillo rápidamente como para ser vista lo menos posible y se abalanzó a los brazos de Ramón que trataba en vano de quitar la nueva mancha negra de la mesa. Joder niña que guapa estás no y que bien te sienta y que sexy a la vez que la alcanzaba  o trincaba como él decía, con la mano la cintura y la apretaba contra él y buscando su boca para besarla. Pero déjame que te vea un poco más que apenas ha sido como un visto y no visto. y ella, sí, ahora me miras lo que quieras pero déjame que te de las gracias. Me gusta mucho pero tal vez un poco atrevido, insinuó coqueteando. Pero vamos a ver Natalia si esto te lo voy a ver yo solo. No lo va a ver nadie más porque entre otras cosas le arrancaría los ojos. No había nada más en la bolsa o no te ha dado por mirar a ver si estaba el precio, lo digo porque había otra cosita que completaba el regalo. Pues no me he dado cuenta he notado papeles sueltos pero me han parecido propaganda…