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SOBRE LA MARCHA: Cualquiera que sea

Posiblemente pueda parecer, entrando en mi cuarto donde me pongo a trabajar, que he conseguido acumular todos los aperos de labranza al uso, para poder escribir sin hacer la más leve protesta ante la falta de algo más que de las ganas de hacerlo: papel, pluma, flexo al lado izquierdo de la mesa de madera. Diccionario abierto descuidadamente por alguna página como si hiciera poco que se acabara de consultar. Libros, recortes de periódico por doquier subrayados a discreción. Papelera llena de deshechos de papeles. Arrugadas pelotas de papel tiradas en el suelo tratando de encestar en la papelera, pero con poco éxito. Papeles, papeles y más papeles todo para poder tener esa sensación de trabajo tan importante para el escritor como para su escritura. Sensaciones de antaño con el humo espeso de un cigarrillo mal apagado en el cenicero matando el resto de olores. O aquel que, por el descuido de unas excitantes frases hechas sin esfuerzo aparente, se va consumiendo solo y ese tabaco envuelt...

SOBRE LA MARCHA: Azul Ciego (Serie Metro)

Tenía fijación por ese personaje que parecía haber sido expulsado de un cuento fantástico. Un personaje sucio, feo, maloliente, desdentado, descuidado y con una mancha blanquecina sobre sus hombros. Su chaqueta muy bien pudiera hacer varios años que no se la quitaba. Arrastraba los pies como si le hubieran castigado a llevarse todo lo que hubiera a su paso. Se le quedaban pegados todos los trozos de papel, desde el minúsculo al más grande y cualquiera de los líquidos que llegara a pisar empapaban esos papeles haciéndose una argamasa dura… y los chicles, todos. Chicles que a veces mejoraban las punteras de los zapatos irremediablemente abiertos al exterior. Esa era la cosa que llevaba tapando los pies para no ir descalzo. No podía imaginar cómo podía tener los calcetines, seguro que, corrompidos del sudor, con agujeros, eso como poco, pero surgía la duda de si los llevaba, pero cuando se descuidaba se le veían desnudos los tobillos, aunque tímidamente asomaban trozos de calcetín como s...

SOBRE LA MARCHA: La terraza

Llevo viendo unos días la persiana de la terraza de la vivienda del quinto del edificio de enfrente, a medio bajar o a medio subir según se mire. Y francamente no me da buena espina. Y no es que conozca de nada a la anciana que vive allí, tan solo con el buen tiempo sale a dar una vuelta por la terraza de dos por tres, pero cada año de los que llevo, ha hecho la misma operación. A golpe de vista está tan vacía de plantas y flores como la mía: Imagino que pensará como yo: menos que cuidar y menos de qué ocuparse. Me lo recriminan por la sensación de aridez, de abandono que parece que da su falta y no lo discuto, pero sé que no me voy a ocupar de su cuidado y desafortunadamente no me ha dado por hablar con ellas, que siempre sería un consuelo, tanto como los que hablan con sus mascotas y dicen que parece que les entienden y que no les sorprendería si se echaran a hablar, cosa que podrían hacer en cualquier momento… Con el buen tiempo, veía salir a la anciana. Abría la puerta de ...

SOBRE LA MARCHA: Cabrón

No sé qué me pasa, pero no me encuentro nada bien. Llevo unos días que no levanto cabeza y las ojeras están empezando a aparecer y se me marcan demasiado en la cara y se me oscurece el rostro de tal manera que cualquier persona me lo nota y mucho más los allegados. Claro síntoma de que algo no funciona bien dentro de mí. Me asusta porque son los mismos síntomas que cuando estaba en el momento más álgido del sufrimiento y tenía en contra a mi gente. Trataba desesperadamente de convencerlos de que la persona que había elegido para mí no era tan mala, que yo le ponía en un estado casi desesperado sacando lo peor que él tenía escondido y le hacía perder el control de tal manera que ya no era muy dueño de sus reacciones. Yo, sin embargo, no tengo nada escondido, porque todo lo saco a la luz. Creo que no podría vivir ni un segundo con tanta mierda dentro de mí, aunque esa mierda se la diera a los demás: como dice un amigo: La mierda no se la niego a nadie. Pero ahora me doy cuenta de que sí...

SOBRE LA MARCHA: AGUS

Empezaba a oscurecer. Había estado esperando este momento con absoluta inquietud desde que el pasado mes alguien indeterminado, me abordara a voz en grito y con un dedo acusador me amenazara o me advirtiera, que en un mes contando desde ese mismo instante, mi vida iba a dar un giro completo y que hasta que llegara iba a pasar momentos muy amargos. Era un día en que a pesar de ser invierno hacía sol y calentaba lo suficiente como para que el paseo fuera uno de los momentos gratificantes. Iba agarrado de la mano de Miriam, mi mujer y por el otro extremo de mi hijo Carlos el mayor de los tres que teníamos. Se puso de frente, me miró con los ojos muy abiertos. Traté de escaparme de ellos porque hacían daño. Tenía una mirada como de espanto, como si realmente me hubiese visto en ellos algo más que un iris de color negro y una pupila mucho más negra todavía. Es decir pura y llanamente mis ojos. Conseguí zafarme de él sin darle más importancia, a la vista de mi hijo: una ligera alusión a la...

SOBRE LA MARCHA: Me desorienté

  Se pone a ver la televisión nada más levantarse de la cama y una vez ingerido ávidamente el desayuno. Con gran precisión después de muchos ensayos diarios, deja su cuerpo caer en el sillón, estira las piernas y ahí se queda inmóvil, como aletargado, como tratando de hacer de esa pequeña estancia, de ese pequeño habitáculo, un lugar permanente, casi eterno. No le quedan fuerzas a pesar de haberse levantado descansado. No tiene ni ganas de alargar el brazo para coger el mando a distancia de la televisión. La noche la recuerda mal. Pesadilla tras pesadilla, sin tregua, sin descanso, como si todas las pesadillas del mundo durmiente se hubieran dedicado a aplastar su cerebro descolocando su cuerpo, descoyuntando todas sus ideas. A pesar de todo, se ha levantado descansado. Como si se hubieran puesto de acuerdo todas las pesadillas de todos los seres humanos que aquella misma noche y en ese mismo momento, dormían como él y le hubieran aplastado como si de una apisonadora se tratase. Y...

SOBRE LA MARCHA: María

Estoy en su pequeño apartamento. Dice un amigo común que lo comparte con una italiana que ha venido, como ella, a ganarse la vida a Londres y a aprender el idioma oficial de este mundo. Pero yo creo que el apartamento no da para dos personas. Haciendo hueco donde no lo hay, o pasando estrecheces, a lo mejor. Nunca se ha visto a la italiana y es sospechoso, porque ni tan siquiera tiene nombre, o por lo menos nunca lo ha querido decir. Además, evita descaradamente hablar de ella, parece que tuvieran un pacto tácito entre María y mi amigo para ocultarla, porque nunca le ha preguntado el nombre ni, que recuerde, tampoco le había sugerido nunca que le hablara de ella. María es ante todo imaginativa y juguetona. Yo la definiría como alocada e infantil, llena de trampas mentirosas que le gusta creerse. Jugar con las mentiras que inventa, así como hacer partícipe a la gente que le rodea, es su diversión.   Es toda una profesional del engaño verbal. En definitiva, no supe si era verdad eso...

SOBRE LA MARCHA: Otra música (Serie metro)

I Entró en el vagón como una exhalación con las puertas entrecerrándose. Era una joven latina en pantalón azul vaquero corto, muy corto, escueto, bien ceñido, casi piel pintada de azul oscuro y una blusa blanca anudada más arriba del ombligo dejando asomar un brillante piercing redondo, grande, de un color dorado, que se lo tabapa casi en su totalidad. Él, latino también, pero del foro, moreno, barbado, de pelo oscuro, estaba ahí sentado como escurrido en el asiento y con cara de cansado. Con traje negro camisa blanca y corbata medio desanudada, por la hora no podía salir más que de su trabajo. Con la cartera del portátil en el suelo agarrando la correa con una mano y encima de ella el móvil y unos cascos grises colgando en sus orejas, como queriendo escuchar pero no escuchando o como no queriendo escuchar pero escuchando. Cascos como pendientes. Sus ojos se quedaron pegados en el cuerpo menudo de la latina, nada más entrar. Otros viajeros miraron la irrupción de la chica y a...

SOBRE LA MARCHA: Tulipan

¡Si es que eres un auténtico tulipán!...y me volví. Sí, lo siento, pero me volví. Hice el mayor de los giros posibles con el cuidado cuando se va andando para no caerte. Con el tacón izquierdo, la almohadilla de los dedillos del derecho y giraaaaaado. Como recreándome en ese placer de saber que vas a encontrar lo deseado. Cada vez que lo pienso creo que me salió a cámara lenta. Me giré todo yo. Me lo hice con la cara y el cuerpo y sonriendo…Me di cuenta tarde de que no era a mí. Y sonreí. Supongo que fue una sonrisa que se fue helando conforme las décimas de segundo transcurrían y yo empezaba a ser consciente de la tremenda metedura de pata a la que me iba a someter yo solito. Una sonrisa llena de matices en tan solo unos pocos segundos, lo que va de la gloria al más absoluto de los fracasos: desbordada y luminosa, helada llegando a gélida y avergonzada y humillante. Y pensé a posteriori, aunque hubiera sido para mí, cómo tengo los egos de girarme ante un piropo. Coño con lo crítico q...

SOBRE LA MARCHA: El regalo

I Apoyó en el borde de la mesa del salón, no con demasiado cuidado, lo poco que le quedaba al cigarrillo para consumirse. No le importaba que la mesa de madera natural tuviese unos cuantos manchones negros de otros tantos cigarrillos apoyados de la misma manera y olvidados hasta consumirse. La madera que soportaba todos esos castigos era muy gruesa y de un color que nueva, era como amielada y que en el transcurso del tiempo y de las abrasaduras de cigarrillos le habían hecho ennegrecerse. Había adquirido el aspecto de mueble quemado y solo quedaba el vestigio de aquel color original, en las patas que soportaban la pesada carga del tablero. Se podía contar por decenas las picaduras abrasivas que tenía no quedando ningún hueco limpio de quemazón. Natalia se llevaba las manos a la cabeza y no podía comprender cuál era el motivo por el que Ramón utilizaba el canto de la mesa como cenicero de urgencia si la casa estaba plagada de ellos. Cuál era la razón o el porqué lo hacía sistemát...