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SOBRE LA MARCHA: Broncabroncanes

Broncabroncabroncabroncabroncabronca/nes ahí están los disputados senadores peleándose como muchachotes en el cole. Aporreando las mesas, pataleando como niños enrabietados. Les dejaba un ratito con el hermano Rafael o en su defecto con el hermano Eduardo preceptos de disciplina. Iban a saber lo que es un castigo por mal educados y por su mal comportamiento. Ellos, mis hermanos, así se les llamaba, tan disciplinados con esas cabezas tan bien puestas en el único pensamiento posible por aquella época: El Señor que todo lo ve y la virgen María madre de todos. Con sus buenas costumbres, las buenas formas, la limpieza, no chillar, no hablar más de lo que sabes y te corresponde...Todo echado a perder. De nada les ha valido la educación que muchos de ellos han tenido. ¿Y ellas? Pues lo mismo: En buenos colegios de monjas, educándose de la misma manera y ¿para qué?. Hermanados todos, asistiendo a misa de doce los domingos y confesando y comulgando y ahí están ellas luchando por sus machotes y...

SOBRE LA MARCHA: Acción - Reacción

Al final y después de tantas y tantas quejas por mi parte, han conseguido lo que querían: Hacerme chaleco cuando yo iba para jersey. Sí como lo oyen, no se rían ni pongan cara extraña. Además sé quien ha sido la causante de mi desdicha: Una camisa. La frívola y asquerosa camisa de un color rosa brillante que seguramente iba destinada a cubrir el torso de un marqués o de un conde o algo así porque si no, no me explico el alto grado de protección que tenía. Era su jactancia, su pavoneo su desmedida hacia los demás. Estoy convencido que ha sido ella la que me ha hundido en la miseria. Impertinente, soberbia y además chivata…Os cuento…La idea era que yo iba a ser un bonito jersey de algodón, me estaban confeccionando unas manos suaves y delicadas, pero cuando apareció la odiosa camisa, flamante ella, con su cuello bien pequeño y dos ojales diminutos para que cupieran en sus diminutos botones de terciopelo rosa un poco más oscuros. No, no tengo nada contra ese color pero al ponerla al lado...

SOBRE LA MARCHA: Debería de estar prohibido y más…

Debería de estar prohibida la desidia por el tiempo que te quita de vida. Las series americanas con las risas enlatadas, porque sencillamente son ajenas a toda lógica: Una risa dirigida es lo más absurdo de este mundo mi risa es lo más libre que tengo y es lo que más me libera y me distingue del semejante. La risa nos une pero no nos apelmaza, nos hace cómplices pero cada uno a su manera. La risa identifica a las personas en mi mundo, las huellas dactilares a la policía. Una sonrisa ilumina el rostro. Una risa libera el cuerpo oprimido y castigado y te aleja de lo cotidiano, te hace más humano. Los tintes de pelo por lo mal que queda cuando va creciendo. Las lentillas de colores porque dejas de ser la persona con tus propios ojos para convertirte en alguien que no eres y además porque no se debe engañar a nadie de esa manera. Los coches tan caros y los que pueden correr a tope, porque llenas de envidia a los demás, solo valen para correr en circuitos cerrados y no vale...

SOBRE LA MARCHA: Por hablar cuando no se debe a quién no se debe

Correspondió a su intensa mirada con una gran sonrisa. Era la primera vez que una mujer le obsequiaba con una enorme gracia llena de pulidos dientes blancos y grandes. Nunca había sido fácil para él el sexo femenino y ahora a punto de cumplir los cuarenta y demasiados, como decía a todo aquél que le preguntaba su edad, sentía dentro de sí como que algo se estaba acabando y su preocupación era, que lo hacía a pasos agigantados. Era el momento de hacer el último esfuerzo para conseguir conquistar a una mujer, para que lo que le quedara de vida la pudiera compartir con alguien, y no como hasta ahora. Durante unos cuantos meses se dedicó a recopilar información, a leer libros de autoayuda y lo que él llamaba libros de experiencias ajenas: tardó en confesarlo y cuando se decidió, lo hizo a quien no debía. Lo de experiencias ajenas no era más que un eufemismo: libros de amor, novelas de amor, cantidad de acepciones para decir lo mismo, eso sí siempre o en su mayoría de grandes autoras. Siem...

SOBRE LA MARCHA: Desistiré

Desistiré de aparentar lo que no soy y lo que a la postre nunca he sido, por mucho que me haya esforzado en lo contrario. Desistiré de querer alcanzar lo imposible, de ponerme cotas demasiado altas para no frustrarme permanentemente. Procuraré relajarme y trataré de hacerme la vida más cómoda. Quise tocar lo difícil sin darme cuenta que lo fácil estaba más a mi alcance y que lo disfrutaría más y mejor. O por lo menos más veces. Aunque dicen que conseguir o tan solo tocar lo difícil, es más sublime. Atrapado por la gente de mi alrededor, alentado a veces, denostado otras, me enajené y me dejé seducir por el oropel del éxito posible: ahora sé la imposibilidad del caso. Como también sé muchas más cosas que cuando la sangre fluía de manera alocada por todos lo tubitos venosos del cuerpo y escupía al corazón pelotazos de rica sangre juvenil con mucha adrenalina montada. Ahora sé más…sé más de las personas que solo jalean a los demás para que sean los que den la cara por ellos: La cobardía...

SOBRE LA MARCHA: Haz de tu vida un tiempo perdido

Tienes el sillón tronchado del tiempo que pasas en él. Horas y horas sin hacer nada de provecho, solo descansando, y me pregunto de qué estarás cansado. Y como si ya no te quedara nada por hacer, como si ya lo hubieras hecho todo, como si ya hubiera acabado tu vida y estuvieras esperando la muerte, me miras con aire de incomprensión: todo lo que te digo te parece de marciano. Y me tengo que ir ante tu pasividad. No lo entiendes pero me descompongo cuando te veo tirado, con las piernas bien abiertas y el dedo en la nariz o directamente en los mismísimos, sobándotelos bien, entonces me dan ganas de darte un buen ostión pero solamente te hago el comentario jocoso “se te van a quedar como pasas” Claro de la misma manera que me dices cuando te regaño eso de “mira paso de todo lo que me digas” y entonces protesto airada, “que pasas, pero de que puedes pasar tú, de qué puedes pasar”. Y te lo sigo diciendo y te lo repetiré una y mil veces como si fuera un rezo repetitivo, una letanía, aunque ...

SOBRE LA MARCHA: Un día cualquiera

Onésimo salió de su casa aparentemente tranquilo. Parecía un día cualquiera de oficina, café con los compañeros, unas cuantas risas, otras cuantas riñas, alguna insolencia de algún recién ascendido y, cómo no, alguna humillación incongruente del jefe. En tantos años de mismo trabajo, en tantos años de sentarse en la misma silla y utilizando los mismos o al menos parecidos artículos de oficina nunca había sentido la amargura de la pérdida de tiempo. Cuántos años era los que tenía, cuántos eran los que le quedaban por delante y cuántos para el dorado jubileo. Cuántos de ellos los había perdido abandonado a la desidia….cuando salió de casa parecía un día normal pero algo dentro de sí había cambiado. No iba a permitir más el insulto, la humillación, los malos humores y los malos tratos del jefe. Que no hubiera culminado con su mujer, las noches que a las mañanas siguientes venía con ganas de organizar algún tinglado con cualquiera que se le pusiera por delante sin motivos aparentes o busc...

SOBRE LA MARCHA: Oremus

Ceniza a la ceniza, polvo al polvo. Las cenizas al cenicero y los polvos a la polvera. Curas que decís estas cosas. Curas que encendéis los polvos. Que confundís unos polvos con otros. Que mezcláis, que picáis, que saboreáis, que lo usáis como hombres de carne y hueso que sois. Hombres que decís no ser. Hombres que decís lo que no se debe hacer y hacéis lo que no se puede decir. Que vuestra santa voluntad es santa porque sois curas, así lo bendecís. Curas que hacéis lo que os la gana. Que guardáis para vosotros las cosas ricas de la vida porque por la lógica que estudiáis bien sabéis que aquí se acaba todo. Que la vida eterna no existe. Que la vida es tan efímera que os da miedo perderla como a cada quisqui, y que por esta razón y no por ninguna otra se debe de vivir a tope o por lo menos lo máximo que se pueda y se sepa. Que es demasiado vulgar hacer lo que hace el vulgo, que es más fácil decir todo lo que hay y no hay que hacer, pero a los demás. Que lo vuestro sí que es una profesi...

SOBRE LA MARCHA: Casi el sueño eterno

Mantengo en todo el cuerpo el olor a fritanga de ese condenado bareto en el que, nada más entrar, me ha tirado un poco para atrás su denso olor. Pero por consejo de un compañero de trabajo que me lo recomendó vehementemente como uno de los mejores garitos para picotear y teniendo en cuenta que este personaje se jacta hasta la saciedad de conocerse casi todo el espectro hostelero de Madrid ciudad y alrededores: he ido. Fuimos. Al entrar no me me di la vuelta, ganando la calle para poder respirar a algo más que a humo de tabaco y a frituras varias, de milagro. Aguanté el tirón del deseo y el del brazo de Sandra que con su fina pituitaria le dio una sonora arcada, mal llamado en nuestro argot oficinero, arcahón. Su entrecejo arrugado pegando las dos espesas cejas, que es uno de mis fetiches, una a la otra y esa mirada inquisitorial, no dejó lugar a dudas de que esa podía haber sido una noche de velas y polvos y que con toda seguridad se iba a convertir en un combate de grasa y anti grasa...

SOBRE LA MARCHA: Dejé de querer

Durante toda mi vida había escuchado a mis mayores decir que llegando a una cierta edad era raro encontrarse bien más de dos días seguidos. Que el tiempo además de agotarse para cada uno, agotaba por su cadencia cansina y machacona. Y que había que cuidar y darse cuenta de cada segundo que pasaba. Cada día es único como también son únicos las cosas que te pasan, lo bueno y lo malo, lo agradable y lo desagradable. Todo se agota, nada es eterno, por eso ni lo bueno puede ser tan bueno, ni lo malo tan malo. Diciéndome estas cosas, en la cama del hospital tratando de que no enloqueciera por lo que ella sabía y yo trataba de no enterarme para protegerme de lo inevitable: ella tan entera y yo tan vulnerable. Y entonces tu mano cogía la mía como queriendo, a través de la piel insuflarme razón, tranquilidad y algo más de la vida que se te iba escapando del cuerpo: desvanecido el aliento, secos lo labios y en los ojos las últimas lágrimas. Yo te hubiera dado gustoso la mitad de la vida que a m...