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SOBRE LA MARCHA: Por hablar cuando no se debe a quién no se debe

Correspondió a su intensa mirada con una gran sonrisa. Era la primera vez que una mujer le obsequiaba con una enorme gracia llena de pulidos dientes blancos y grandes. Nunca había sido fácil para él el sexo femenino y ahora a punto de cumplir los cuarenta y demasiados, como decía a todo aquél que le preguntaba su edad, sentía dentro de sí como que algo se estaba acabando y su preocupación era, que lo hacía a pasos agigantados. Era el momento de hacer el último esfuerzo para conseguir conquistar a una mujer, para que lo que le quedara de vida la pudiera compartir con alguien, y no como hasta ahora. Durante unos cuantos meses se dedicó a recopilar información, a leer libros de autoayuda y lo que él llamaba libros de experiencias ajenas: tardó en confesarlo y cuando se decidió, lo hizo a quien no debía. Lo de experiencias ajenas no era más que un eufemismo: libros de amor, novelas de amor, cantidad de acepciones para decir lo mismo, eso sí siempre o en su mayoría de grandes autoras. Siem...

SOBRE LA MARCHA: Desistiré

Desistiré de aparentar lo que no soy y lo que a la postre nunca he sido, por mucho que me haya esforzado en lo contrario. Desistiré de querer alcanzar lo imposible, de ponerme cotas demasiado altas para no frustrarme permanentemente. Procuraré relajarme y trataré de hacerme la vida más cómoda. Quise tocar lo difícil sin darme cuenta que lo fácil estaba más a mi alcance y que lo disfrutaría más y mejor. O por lo menos más veces. Aunque dicen que conseguir o tan solo tocar lo difícil, es más sublime. Atrapado por la gente de mi alrededor, alentado a veces, denostado otras, me enajené y me dejé seducir por el oropel del éxito posible: ahora sé la imposibilidad del caso. Como también sé muchas más cosas que cuando la sangre fluía de manera alocada por todos lo tubitos venosos del cuerpo y escupía al corazón pelotazos de rica sangre juvenil con mucha adrenalina montada. Ahora sé más…sé más de las personas que solo jalean a los demás para que sean los que den la cara por ellos: La cobardía...

SOBRE LA MARCHA: Haz de tu vida un tiempo perdido

Tienes el sillón tronchado del tiempo que pasas en él. Horas y horas sin hacer nada de provecho, solo descansando, y me pregunto de qué estarás cansado. Y como si ya no te quedara nada por hacer, como si ya lo hubieras hecho todo, como si ya hubiera acabado tu vida y estuvieras esperando la muerte, me miras con aire de incomprensión: todo lo que te digo te parece de marciano. Y me tengo que ir ante tu pasividad. No lo entiendes pero me descompongo cuando te veo tirado, con las piernas bien abiertas y el dedo en la nariz o directamente en los mismísimos, sobándotelos bien, entonces me dan ganas de darte un buen ostión pero solamente te hago el comentario jocoso “se te van a quedar como pasas” Claro de la misma manera que me dices cuando te regaño eso de “mira paso de todo lo que me digas” y entonces protesto airada, “que pasas, pero de que puedes pasar tú, de qué puedes pasar”. Y te lo sigo diciendo y te lo repetiré una y mil veces como si fuera un rezo repetitivo, una letanía, aunque ...

SOBRE LA MARCHA: Un día cualquiera

Onésimo salió de su casa aparentemente tranquilo. Parecía un día cualquiera de oficina, café con los compañeros, unas cuantas risas, otras cuantas riñas, alguna insolencia de algún recién ascendido y, cómo no, alguna humillación incongruente del jefe. En tantos años de mismo trabajo, en tantos años de sentarse en la misma silla y utilizando los mismos o al menos parecidos artículos de oficina nunca había sentido la amargura de la pérdida de tiempo. Cuántos años era los que tenía, cuántos eran los que le quedaban por delante y cuántos para el dorado jubileo. Cuántos de ellos los había perdido abandonado a la desidia….cuando salió de casa parecía un día normal pero algo dentro de sí había cambiado. No iba a permitir más el insulto, la humillación, los malos humores y los malos tratos del jefe. Que no hubiera culminado con su mujer, las noches que a las mañanas siguientes venía con ganas de organizar algún tinglado con cualquiera que se le pusiera por delante sin motivos aparentes o busc...

SOBRE LA MARCHA: Oremus

Ceniza a la ceniza, polvo al polvo. Las cenizas al cenicero y los polvos a la polvera. Curas que decís estas cosas. Curas que encendéis los polvos. Que confundís unos polvos con otros. Que mezcláis, que picáis, que saboreáis, que lo usáis como hombres de carne y hueso que sois. Hombres que decís no ser. Hombres que decís lo que no se debe hacer y hacéis lo que no se puede decir. Que vuestra santa voluntad es santa porque sois curas, así lo bendecís. Curas que hacéis lo que os la gana. Que guardáis para vosotros las cosas ricas de la vida porque por la lógica que estudiáis bien sabéis que aquí se acaba todo. Que la vida eterna no existe. Que la vida es tan efímera que os da miedo perderla como a cada quisqui, y que por esta razón y no por ninguna otra se debe de vivir a tope o por lo menos lo máximo que se pueda y se sepa. Que es demasiado vulgar hacer lo que hace el vulgo, que es más fácil decir todo lo que hay y no hay que hacer, pero a los demás. Que lo vuestro sí que es una profesi...

SOBRE LA MARCHA: Casi el sueño eterno

Mantengo en todo el cuerpo el olor a fritanga de ese condenado bareto en el que, nada más entrar, me ha tirado un poco para atrás su denso olor. Pero por consejo de un compañero de trabajo que me lo recomendó vehementemente como uno de los mejores garitos para picotear y teniendo en cuenta que este personaje se jacta hasta la saciedad de conocerse casi todo el espectro hostelero de Madrid ciudad y alrededores: he ido. Fuimos. Al entrar no me me di la vuelta, ganando la calle para poder respirar a algo más que a humo de tabaco y a frituras varias, de milagro. Aguanté el tirón del deseo y el del brazo de Sandra que con su fina pituitaria le dio una sonora arcada, mal llamado en nuestro argot oficinero, arcahón. Su entrecejo arrugado pegando las dos espesas cejas, que es uno de mis fetiches, una a la otra y esa mirada inquisitorial, no dejó lugar a dudas de que esa podía haber sido una noche de velas y polvos y que con toda seguridad se iba a convertir en un combate de grasa y anti grasa...

SOBRE LA MARCHA: Dejé de querer

Durante toda mi vida había escuchado a mis mayores decir que llegando a una cierta edad era raro encontrarse bien más de dos días seguidos. Que el tiempo además de agotarse para cada uno, agotaba por su cadencia cansina y machacona. Y que había que cuidar y darse cuenta de cada segundo que pasaba. Cada día es único como también son únicos las cosas que te pasan, lo bueno y lo malo, lo agradable y lo desagradable. Todo se agota, nada es eterno, por eso ni lo bueno puede ser tan bueno, ni lo malo tan malo. Diciéndome estas cosas, en la cama del hospital tratando de que no enloqueciera por lo que ella sabía y yo trataba de no enterarme para protegerme de lo inevitable: ella tan entera y yo tan vulnerable. Y entonces tu mano cogía la mía como queriendo, a través de la piel insuflarme razón, tranquilidad y algo más de la vida que se te iba escapando del cuerpo: desvanecido el aliento, secos lo labios y en los ojos las últimas lágrimas. Yo te hubiera dado gustoso la mitad de la vida que a m...

SOBRE LA MARCHA: Delibes

Murió dejándose por el camino muchos años vividos y una obra extensa. Murió viejo y enfermo como debe de morir uno. Murió lleno de palabras, lleno de frases, plena su cabeza de imágenes, de historias castellanas. Hojas de un libro no escrito, páginas pasadas llenas y páginas futuras no escritas por los siglos de los siglos. Trazando el camino a los futuros para que sean ellos los que sigan tintando hojas. Se cansó de escribir y decidió partir para descansar como tantos otros. Se cansó de ser y de estar. Y provocó que se lo llevara cualquier cosa, una enfermedad, el olvido de respirar, el cansancio propio y ajeno. Se lo llevó una palabra entrecortada, un artículo mal articulado, un adverbio equívoco, un sustantivo esquivo, un adjetivo contradictorio, una exclamación o tal vez un gerundio con poca enjundia. O se dejó llevar o acompañar por los ladridos de los perros a la caza de una pieza, persiguiendo señoritos hasta colgarlos de un árbol, engatusando a politicastros para que engatusen...

SOBRE LA MARCHA: El frenazo

Cada frenazo del metro los pocos viajeros que hay en cada vagón son desplazados violentamente. Las miradas se cruzan interrogantes pero nadie dice nada. Solo se espera. Otro acelerón seguido de otro frenazo. Parece como si los mandos los hubiera cogido el hijo del conductor con su pequeño culo medio apoyado en los muslos de su padre agarrado como un poseso a los mandos del tren: criaturita vibrante, excitada, exultante de alegría: Padre orgulloso profiriendo carcajadas por las monerías del niño. ¡Y es que Carlitos tiene unas cosas que para qué! Y el tal Carlitos tronchándose igualmente de risa y encantado con el trabajo de papá que más que un trabajo siente que su padre está jugando entre raíles, vagones, luces de colores, largos túneles y viajeros de verdad, con trenes que se cruzan unos con otros, en un parque de atracciones de mayores. Se respiran momentos de pánico que salen en forma de alaridos de las bocas de las personas más sensibles otros igual de asustados tratan de guardar ...

DEL CUADERNO DE NOTAS

3 de Noviembre del 89 De momento y sin que a lo mejor sirva de precedente le estoy echando fuerza de voluntad al asunto y aquí estoy todos los días luchando, gozando, trabajando en el solitario oficio de escribir. Quiero escribir. No quiero dejar de hacerlo. Solo quiero trabajar en lo que yo considero como el trabajo más importante...Algo parecido debí pensar cuando contaba con quince años de edad y escribí un relato que me supuso la pérdida automática del curso y la expulsión voluntaria del colegio y de los estudios y me dedicaron al trabajo como la única alternativa a los estudios y como lo que era, como un castigo. Un castigo que recibí, gustoso, porque el colegio y su trajín de estudios y de salir tarde por las tardes y vuelta a casa a preparar las lecciones del día siguiente no me iba nada bien. No me dejaba margen para dedicarme a lo que para mí, en esos momentos de enfermo adolescente, donde te juegas el futuro sin saberlo, lo más importante que podía hacer era escribir. En f...